28 oct 2015

La inocencia no mata un pueblo pero tampoco lo salva


Por Nacho Fittipaldi

Hay una pregunta que ronda mi cabeza hace años. Es la misma siempre. Como un sueño recurrente y recurrido vuelve a mí cada vez que sucede algo inesperado. Una pregunta injusta pero urgente. ¿Y si los equivocados somos nosotros?
¿Qué pasa si los que estamos pensando mal la Argentina somos nosotros? ¿Tenemos derecho a imaginar siquiera que es lo mejor para los otros? Esos otros que a menudo denominamos <<pueblo>>, que suponemos en condiciones socioeconómicas complicadas, disminuidas, culturalmente deterioradas y simbólicamente destruidas. Si llevamos esas preguntas, o estas reflexiones al plano de la política veríamos cosas interesantes.
Por ejemplo, por qué y cómo es que una chica como Vidal ganó en la provincia más “peronistas” de todas y a la sazón, el 37% del padrón electoral nacional. Su cara de sorpresa cuando se entera que ganó es sólo comparable con la alegría y perplejidad con la que el personaje de Birgitte Nyborg gana la primera magistratura en la serie danesa Borgen. Cómo es que Macri sacó el 50,55% en la CABA y Scioli el 37,13% en Pcia. de Bs.As.

¿Nos alejamos de la gente (me gusta más la noción de pueblo pero eso implica un destino común), en la gestión y en la calle? ¿Gestionamos mal y la campaña transcurrió en los medios y no en los barrios? Ellos con el discurso del cambio, en verdad, regresaron a lo histórico del peronismo: la militancia barrial. Lavadita por cierto. Pero al menos alguien tuvo la idea de decir, <<¿y si vamos casa por casa?>> Les tocaron timbre o les golpearon las palmas y al salir vieron el rostro de una muchacha con cara de farmacéutica que les prometía todo lo que les faltaba. Y en situación de hastío y desesperanza por qué no creer, por qué no ilusionarse, si además es mujer en un territorio de machos mal educados que además hozaron utilizar la misoginia en algunos de sus comentarios como forma de neutralización política. Digamos, los 320.000 cortes de boleta en la categoría gobernador y los 735.000 votos en blanco en igual categoría, ayudan a explicar por qué perdió Aníbal pero solo eso, y ese <<eso>> no explica el todo. Hace ocho años que somos gobierno. Es el síntoma de algo qué hay que analizar. No podemos ganar el balotaje sino analizamos los resultados de octubre.
Por otro lado me parece que dimos por hecho (lo seguimos haciendo), que todo el mundo sabe y coincide en qué es, cómo se compone, cómo se construye un modelo de desarrollo y qué implica destruirlo. Dimos por sentado que la tracción de CFK llevaría a Scioli a la victoria, suponíamos que Scioli sumaba los votos del FpV (desgarrado y todo) más los votos propios (esos que lo dejaron en el camino a Randazzo) que ya habían sido puestos en duda en las PASO, esa fue la primera señal de alerta, desoída por cierto. En las PASO se esperaba superar el 40% y no se llegó al 39%. En octubre se suponía que llegábamos al 40,1% y llegamos al 36,86%. Evidentemente la lectura política estuvo lejos de la dimensión que una elección presidencial requiere. Todos descansamos en el poder simbólico de CFK, su imagen positiva, su nivel de aprobación en la gestión, Pensamos que la gestión de ella era la gestión de él. Pero tampoco tiene mucho sentido ungir a un candidato para dejarlo luego en soledad.


Sin embargo, lo más complejo es desarticular la operación político-cultural que le permitió a Macri hacerse con el 34% de los votos a nivel nacional. Y esa operación es cultural porque se vale de una instancia mediática, simbólica, de clase. Macri logró sacarse de encima su sayo neoliberal, (¿o tal vez nuestra memoria sólo esté formateada para pensar los ´70?), la parte del electorado que lo votó en gran medida no sabe quién es Macri, qué hizo en la CABA, qué va a hacer si llega a presidente, qué implica ser neoliberal. Macri ha perforado el estrato de los sectores más humildes en la CABA y vuelve a hacerlo en Pcia de manera contrastable, ese dato sirve para comprender por qué le quito votos a la alianza PJ-FpV, y eso se puede lograr sólo si Macri, como candidato, muestra algo que justamente, no es: Un estadista; un político que cree en la intervención medida del Estado; en la acción mixta del Estado (sector privado + sector publico); la mixtura de un empresario exitoso (él es hijo de un empresario exitoso) que abreva en la política, no para enriquecerse sino para ayudar a los desposeídos, <<soy un servidor>>, suele decir. Además luego del ajustadísimo balotaje de la CABA le agregó la peronización de su discurso. Anunció que no re-privatizaría YPF, ni Aerolíneas Argentina, ni los fondos de jubilaciones y pensiones, ni Fútbol para Todos, etc; y concluyó con la inauguración de un monumento a Perón. Un sector muy significativo de la sociedad le creyó. Macri logró sacarse la imagen de antiperonista. Tengo la certeza de que <<Mauricio es Macri>>, como dijo Néstor, pero el punto parece ser que Macri logró dejar de ser un cuco neoliberal/antiperonista para ser alguien más amigable, conciliador, Vidal vehiculiza eso, menos dañino para el peronismo, se dio cuenta (él no, Duran Barba) que al abrigo del Peronismo se obtienen más votos, y eso es lo que está funcionando, sobre ese dispositivo aplicado en los medios que lo preservan de él mismo, esa es la madeja que hay que resolver, no sé si estamos a tiempo porque la sumatoria de errores cometidos es voluminosa, y hay que agregarle los errores que estamos cometiendo. No sirve intentar relacionar a Macri con todo lo de los ´90 porque hay mucho de la estética menemista que encanta al pueblo y que no significa nada para muchos de los pibes que tenían 5, 10, 15 años de edad en esas épocas, ni para los muchos que hoy se enferman por no acceder a la libre compra de dólares. Hay que confrontar a Macri con su propio él, con sus contradicciones resientes, mostrar sus titubeos, sus conflictos ideológicos, las consecuencias prácticas de lo que propuso y se arrepintió. Macri es menos antiperonista que hace cinco años atrás y dio esa voltereta por una sola razón: la sociedad argentina es menos antiperonista que unos años atrás (tal vez sea más antikirchnerista). Macri lucra con su antikirchnerismo, no con su antiperonismo, eso hay que entenderlo porque no es un dato menor. Él viene haciendo campaña en ese sentido. 

No hay comentarios: