7 nov 2014

Muertos de tren


Por Nacho Fittipaldi

La radio anuncia un accidente en City Bell, aparentemente un motociclista cruzó mal el paso a nivel y lo arrolló un tren. Hay que cruzar mal un paso a nivel eh. Para mi vida, vidita pequeña de  jueves a las 9.15 hs, con 23°, sol templado y una brisa fresca que indica el error de haber dejado el sweater en el respaldo de la silla, tiene dos implicancias concretas: a) voy a llegar tarde al trabajo, b) voy a tomarme el tren de siempre. Hoy no hay tren vip. El Roca, el legendario Gral. Roca, el metálico, anacrónico, grafiteado desmedidamente, incomodo, sucio, popular, injusto, ajeno, nuestro. El tren llega a la hora que puede, no llega ni a horario ni tarde, llega cuando viene y viene como puede. Al verlo llegar de lejos, la sensación que uno tiene es que no entra en el andén, pese a que hace 90 años que este tren circula da la sensación de que el tren no cabe en el andén, como si los hierros y la chapa se hubieran hinchado. Subo en el ante último vagón, hay poca gente, la gente que usa el rápido ha desistido del viaje y se han ido al camino Centenario a esperar el colectivo.
Cuando el tren comienza a moverse recuerdo lo que había olvidado, este tren es lentísimo, su movimiento es impropio de un vehículo de transporte, es como si no transportara, uno mira por la ventana y la velocidad permite ver una casa, la pared, la ventana, a través de ella ve la tele encendida, se alcanza a ver un canal de cable, un comentario desatinado de Viviana Canosa o el retorcido lenguaje, zonzo, de Mario  Mactas, de qué vivirá. Lejos quedó esa sensación de foto movida que da la velocidad del rápido. Este tren no se traslada, se fatiga. Si hay un tren bala, hay también un tren tatú carreta. Es este. Lo segundo que me impacta, y había logrado olvidar, es el ruido que hace al trasladarse, o fatigarse, tra-tra-tra, tra-tra-tra, se mueve lateralmente, es esto lo que se observa al verlo ingresar al andén, el tren se mueve lateralmente y parece que va a salirse de la vía, como si fuera a descarrilar o esguinzarse, 15 días de reposo y nada de actividad física.

En Berazategui el cansancio es total, van treinta minutos y la espalda me dice <<por qué no te tomaste un colectivo>>, hay bicicletas por todos lados, acá no están prohibidas; los vendedores ambulantes venden desde destornilladores hasta el ultimo Dvd con todos los videos mas hot posibles de Jennifer López, los vendedores ambulantes, aquí no están prohibidos. Sube una señora, <<yo puedo, yo puedo>> dice un anciano con una bicicleta que debe valer una jubilación mínima. La señora lo va empujando desde abajo, <<hay que apurarse -dice- apúrese, vamos, dele señor>> es un poco agresiva, la oigo pero no la veo, es una voz áspera de señora que ha gritado mucho a lo largo de su vida, medio ronca, pasa a mi lado, yo leo un libro cuyo subtitulo es, sociología del temor al delito. Aún no tengo miedo. Los únicos que leen aquí son los pocos pasajeros del rápido que han subido al tren de siempre. Varios celulares emiten sus músicas en un volumen desagradable, no solo por lo elevado, más bien por la distorsión que ello provoca.  Los pasajeros imponen con tiranía sus gustos musicales con el resto de los pasajeros. Gracias. En el furgón los muchachos fuman porro a lo loco, no molesta. Molesta lo que tosen. Parecen que van a escupir un pulmón. Pienso en el efecto de aspirar purpurina, pobre chico. La señora insiste en que hubo un accidente –sería el segundo del día para mí- en Don Bosco. <<Dijo Don Bosco el guarda, no dijo Bosques. Ahora lo vamos a ver, yo lo quiero ver al muerto. Debe haber cruzado como la mierda>> La señora no está en sus cabales. Por alguna razón desestima la hipótesis del suicidio del accidentado. Habla con cualquiera, cambia de asiento cada cuatro minutos, a todo el que la mire le dice lo mismo, <<ahora vamos a ver el cadáver, yo te aviso>> Mide 1,52 de altura, debe pesar 83 Kg, lleva remera y calza roja, el pelo en rodete, un quilombo importante el pelo, zapatillas chatas multicolor, prevalece el verde, anteojos y vista nublada, edad indescifrable, 55 tal vez, o 46 mal llevados. El tren baja de velocidad, poco a poco, <<fue mano a La Plata por eso no pasa el tren a La Plata, ahora vamos a ver al muerto, yo les aviso>> Yo no quiero saber nada de otro accidente, pienso que la señora está loca de remate y que vamos camino a Plaza Constitución, sin inconvenientes. En la estación Quilmes, el tren frena, sube gente, baja gente, el olor es intenso, la gente come panchos a cualquier hora, son las 10.05 Hs, mis riñones dialogan con mis pulmones y dicen que soy un pelotudo. Una voz en el altoparlante anuncia un accidente en Don Bosco. El tren arranca, lento, onda tatú carreta con EPOC, como si estuviera subiendo la Cuesta del Lipán, de golpe frena del todo y la señora de rojo grita, dice que lo ve, llama a la gente para que desde su ventana vean los restos de la persona debajo del tren que iba rumbo a La Plata. Son trozos de carne desarticulados, imaginar un cuerpo humano es solo un esfuerzo inútil del intelecto, <<a ese se le terminó el mundo>> sentencia la señora. Esto es un infierno. Infierno diario para tantos, demasiados. Viajo en el tren común. ¿No hay sicarios de trenes Línea Gral. Roca? Un sicariato de trenes pretéritos. Lejísimos de las comodidades del tren vip ya conocido. Viajar en este tren, es como conversar con Marcelo Bonelli después de haber comido un asado con Eugenio Zaffaroni.

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