Un ave hermosa roza a otra. Rota. Y en ese darse le contagia
su hermosor, al darse cae al piso y germina de allí, allí, una bruma de sílabas.
Forman una palabra, una música inspirada, notas blancas, corcheas, fusas, notas
negras, sufridas, queridas, blancas, difusas, buscadas negadas, notas negras
teñidas, recuperadas al amor. Del amor. Ellos se ven, se caen, se recuperan, se
entremezclan en el dolor, no se salvan, se superponen al dolor aisladamente. Se
aman pero en ese caso, caso omiso, en esa casa en la que se amaban antes de
poder mostrarse enteros al amor, se
recomponen. Pudieron. Lograron ver ese espacio de luz que se filtraba a una
hora del día, o de la tarde, en que todo conduce a una alegría o un estado de
felicidad que se tamiza entre dos cuerpos que han perdido a uno. Siguen. Son
ellos, no son los mismos, algo los ha cambiado para siempre, han transitado caminos
y una huella que queda, doliendo. Duele. Queda atrás. Se remplaza y emplaza en
un lugar, vigoroso, por donde filtra la luz, otra, otra que está viniendo, que
late, patea, se muestra, cómo patea, hijo, pide, reclama, ordena, exige, mírenme,
estoy acá, llegando para rebalsar. Rebalsándolos. Recreándolos al infinito. Para
subvertirlo todo de una buena vez.
30 nov 2012
9 nov 2012
La movilización de los incluidos
Por Nacho Fittipaldi
El 8N pasó, y ahora qué. ¿Para
cuándo la próxima? Quién puede arrogarse la lectura política
de lo de ayer, quién puede decir “ayer estaban mis electores. Yo los represento”.
Intuyo que el desconcierto de la dirigencia política debe ser mayúsculo, pero
sobre todo el de la oposición. Debe serlo por la dimensión de la movilización,
por la heterogeneidad de las protestas, por la cantidad de las demandas (vale
decir que si ayer había 100 mil personas, eso equivale tan solo un punto de
raiting televisivo, digo, como para mensurar las cosas) por lo inabordable del
asunto, como para que sea absorbido por un solo dirigente que pueda enfrentarse
con Cristina. Nosotros lo necesitamos, urgente. Los medios opositores, no
pueden ser la oposición política. No nos favorece.
La de ayer fue una movilización
de incluidos. A diferencia de las movilizaciones y cacerolazos del 2001, o de
los originales piquetes en Cutral Co y Tartagal, la de ayer fue una movilización
de incluidos. No había pobres. No había desclasados. No estaba el tipo de la
esquina de Av. Entre Ríos y Adolfo Alsina con el que me topo cada día, tirado
en el piso, hecho mierda por el alcohol o algo, básicamente y visualmente hecho
mierda, cada vez que emprendo el regreso a La Plata, a las 21 Hs de cada día.
En ese sentido es curioso calificar a lo de ayer como una marcha del norte de
la ciudad.
Enorme oportunidad perdida la de ayer para que alguien dijera en un prolijo cartel, sin escatimar insultos: “Cristina, baja el mínimo no imponible”, “Cristina, transforma en ley la asignación universal por hijo”, “Cristina, crea un impuesto a la renta extraordinaria”, “Cristina, baja el trabajo en negro”. Pero no. En cambio se veían carteles que decían: ¡¡Cristina andate, go!!, Basta de dictadura, Cristina no habla de Once, No a la reforma de la Constitución, Basta de corrupción, No queremos Venezuela, Basta de inseguridad.
Enorme oportunidad perdida la de ayer para que alguien dijera en un prolijo cartel, sin escatimar insultos: “Cristina, baja el mínimo no imponible”, “Cristina, transforma en ley la asignación universal por hijo”, “Cristina, crea un impuesto a la renta extraordinaria”, “Cristina, baja el trabajo en negro”. Pero no. En cambio se veían carteles que decían: ¡¡Cristina andate, go!!, Basta de dictadura, Cristina no habla de Once, No a la reforma de la Constitución, Basta de corrupción, No queremos Venezuela, Basta de inseguridad.
La de ayer fue una manifestación
en la que no apareció ninguna expresión acerca de una problemática que no
existiera ya el 23 de octubre de 2011, día en que CFK fue reelecta con el 54%
de los votos. Excepto, claro está, la cuestión del dólar.
Preguntas básicas:
¿Una dictadura permite la manifestación
de 100 mil personas? ¿Un régimen cómo este que viola
la libertad de expresión y la libertad de prensa sistemáticamente permite que
la cobertura de la marcha sea total? Exceptuando, claro está, los medios
opositores que no se animan a entrevistar a los caceroleros incluidos, porque sus expresiones son irreproducibles. ¿Una manifestación como la de
ayer, capitalina por definición, en cuyo territorio Macri gano con el 62% de
los votos en qué debería interpelarnos? Ellos están ahí y nosotros estamos acá,
en el medio otro montón de personas desmovilizadas. Hay una distancia enorme
entre unos y otros. Hay una distancia de 40 puntos electorales entre CFK y la
segunda fuerza de oposición. ¿Qué debemos atender? ¿Creen que lo de ayer
implica o debería corresponderse con un cambio de rumbo político según las
demandas que enuncian? ¿Es que acaso hoy ya no están cada uno de los de ayer
trabajando en los puestos de trabajo que antes no existían? ¿Macri no sigue ahí,
tan perezoso como siempre?
El 8N pasó, y ahora qué. ¿Para
cuándo la próxima? Quién puede arrogarse la lectura política
de lo de ayer, quién puede decir “ayer estaban mis electores. Yo los represento”.
Intuyo que el desconcierto de la dirigencia política debe ser mayúsculo, pero
sobre todo el de la oposición. Debe serlo por la dimensión de la movilización,
por la heterogeneidad de las protestas, por la cantidad de las demandas (vale
decir que si ayer había 100 mil personas, eso equivale tan solo un punto de
raiting televisivo, digo, como para mensurar las cosas) por lo inabordable del
asunto, como para que sea absorbido por un solo dirigente que pueda enfrentarse
con Cristina. Nosotros lo necesitamos, urgente. Los medios opositores, no
pueden ser la oposición política. No nos favorece.
Por último, me quedo con esa
imagen gloriosa en la que miles de personas se apelotonaron alrededor de un símbolo
fálico como el Obelisco. Qué curioso. Se juntaron alrededor de un símbolo fálico
enorme, aquellos que están tan deseosos de pegarle un boleo en el culo a la
presidente de la nación. Y se me hace imposible no ver en ese abrir y cerrar
los brazos para golpear las cacerolas, en ese abrazo al Obelisco, la figura de
Toti Passman, y pensar que como él, tantos otros la siguen chupando hoy, igual
que ayer.
29 oct 2012
Semblanza de ciudad
Por Nacho Fittipaldi
Sebastián va en su auto
escuchando música a todo lo que da. Mientras atraviesa la ciudad de La Plata
por diagonal 74, desde adentro de su Volkswagen Gol se escucha que la letra de
la canción dice, “Si yo no te vuelvo a veeer-ee-eer, yo me voy a enloquecee-ee-eer,
es para mí la locura, automática”. Seba esta convencido que ese tema será el
mejor tema del verano, su expresión corporal da cuenta de ello. Cuando llega al
semáforo de diagonal 74 y 47, las gentes que están en las mesas de las veredas,
tomando un café en los bares linderos, escuchan obligadamente lo que Seba les
impone escuchar: “Si yo no te vuelvo a veee-eeer, yo me voy a enloquece-e-er,
es para mí la locura, automática”
Cinco minutos antes, Adela
abandona su casa y se dirige a al supermercado a comprar un poco de arroz y
atún para la comida del medio día que en esta época del año, sacude a la ciudad
platense con una humedad formoseña. Adela es una maestra jubilada que dio
clases en el Liceo Víctor Mercante, en aquella época en la que “la Argentina era
ese país hermoso y soñado que nuestros abuelos construyeron y no esta mierda en
la que los políticos la han convertido, especialmente, los Kirchner” Adela dirá
eso cada vez que se siente con sus amigas a tomar un café, no en La París, sino
en esa secuencia de bares espantosos que han invadido recientemente la ciudad
con nombre tales como Frawen´s, Rooney´s y cosas así de un estilo tan
extranjero como neutro, en donde un exprimido de naranja vale $ 43. Pero eso
sucede los jueves y hoy es miércoles. Adela va caminando despacito como si las
veredas estuvieran destrozadas por el paso de los años, como si no hubiera una
sola baldosa entera en toda la ciudad, como si las raíces de los árboles
jugaran a ser badenes naturales. Por ese boulevard que recorre a diario, el
aroma de los tilos tiñe invasivamente todo lo que logran perforar. Adela
respira profundo, siente que los pulmoncitos se hinchan levemente (¿cuánto
pueden hincharse esos pulmones viejos que ahora pugnan por algo más de vida?) y
percibe que su vida se estira en esa mañana calurosa de noviembre, en la que
curiosamente se siente joven.
Seba mete primera y el motor
del Gol ruje furioso. Las gomas se queman en el chillido estrepitoso y deja en
el asfalto una huella indeleble. Seba se da maña con los fierros, ha tocado el motor
del Gol y ha bajado la altura de los amortiguadores, el Gol viaja pegado a la
calle, planchadito, blanco y con lo vidrios polarizados, el Gol de Seba es un
fierrazo que ostenta presumido en cada semáforo de la ciudad. Seba labura en la
Petroquímica General Mosconi de Ensenada, su padre trabajó allí durante treinta
años y luego de su fallecimiento la empresa le otorgó el beneficio de ingresar cubriendo
el cupo que su padre dejaría vacante. Seba es la cabeza de la familia Villanueva.
Seba vive para el auto, para el auto y su vieja, esa mujer valiente que no
conoció el mar más que una sola vez en su vida debido a que Villanueva padre, tenía asma. Por entonces y por indicación
médica, veraneaban en las sierras de Córdoba. Seba conoció así que YPF tenía hoteles
en toda la Argentina. Esos hoteles a los que no irían nunca porque la humedad
era fatal para el viejo. Luego la enfermedad de su padre fue cada vez mas grave
y como si la crisis hubiera acrecentado el malestar de su padre, el país se fue muriendo con él. Mientras
otros argentinos veraneaban en el exterior ellos seguían yendo a Córdoba. Entre
los 9 años y los 22, Seba veraneó allí con ellos. Y su hermana menor. Cuando
cobró los primeros pesos, Seba iba a Córdoba con sus viejos y después se iba a
Villa Gesell con sus amigos. Ahí la joda sí que era joda; chupi, mujeres,
promiscuidad y porro durante quince días seguidos. Seba volvía mas blanco que
cuando había llegado. Estaba en Gesell y era un 19 de enero cuando lo llamó su
mamá para decirle que el padre había muerto. La noticia fue como un estilete
que se clavó en el pecho hasta perforarlo de lado a lado. Alberto Villanueva
murió un 19 de enero en las sierras de Córdoba, en un hotel de YPF, mientras su
hijo Sebastián Villanueva se dirigía a Mar del Plata a ver el superclásico de
verano.
Adela cruza la calle y
mientras esta a mitad de recorrido siente ese ruido de bocina empedernido que
castiga su sordera haciéndole sentir que tan mal no está, o al menos no tanto
como dice su otorrino. Cuando el sonido de la bocina se diluye entre otros
ruidos urbanos, igual de tremendos, escucha una voz aflautada que le grita, “¡¡Boluda!!
Mira bien la próxima vez antes de cruzar, vieja pelotuda.” Adela logra
identificar el auto y solo alcanza a ver una calcomanía de YPF en la luneta
trasera del vehículo blanco. Se ve consternada por la situación, no es la
primera vez que cruza mal, ni que alguien le grita algo así en la vía pública
pero esta vez ha quedado en ridículo delante de todos los hombres y mujeres que
están en las mesas de la vereda de un bar. Pero especialmente ha quedado frente
a los miembros de una mesa más cercana por donde ella circulaba. Los hombres de
la mesa no se ríen, más bien desaprueban entre murmullos el insulto que el
muchacho le ha espetado a la jubilada. Aún así Adela se siente humillada, es
coqueta y pudorosa y se siente totalmente expuesta. Cuando levanta la vista ve
sentados a la mesa a ese estilo de hombres argentinos que aceptan la austeridad
de los gobernantes uruguayos pero que calificarían de crota, esa misma austeridad
para los gobernantes locales. Son de esas personas que se llenan a boca
hablando de Cuba y de sus índices de alfabetismo pero serían incapaces de pagar
más impuestos aquí para lograr tales metas.
En la mesa están el Dr. Juan
Martín Carriquiriborde; reconocido fiscal que lleva adelante causas sobre violación
de los derechos humanos durante la última dictadura militar, miembro de la
familia judicial platense y socio de un importante bufete de abogados en la
Capital Federal. Junto a él, sentado y con sweater Legacy, escote en V color
verde inglés, camisa cuadrille blanca y azul, el pelo engominado, está el Dr.
José María “Tati” Merbilha; neurólogo,
ex jugador de La Plata Rugby Club y padrino de su nieto Tomás. También en la
mesa, pero de frente a la calle por donde Adela ha cruzado arriesgadamente, se
encuentra Eduardo Pérez Aznar, profesor de la UNLP, escritor prolífico de la
ciudad y dirigente del club Estudiantes de La Plata. Por último, el que menor
respeto le merece a Adela es un intrascendente empleado público de la
legislatura provincial que como todo buen empleado legislativo (o judicial) se
las ha arreglado para vivir como un profesional exitosísimo de la ciudad, pero
sin embargo se queja todo el tiempo de sus magros ingresos. Vive en City Bell,
veranea en Pinamar, anda en los últimos modelos de Peugeot y pasa los fines de
semana acodado en la barra del quincho de su casa que tiene vista a un enorme
parque con pileta, interrumpido por una cancha de paddle que construyó en los
´90, y que entre sus amigos progre le ha valido el mote de “gordo menemista”. Este
personaje apodado “Tóto”, además de no tener título, ni trayectoria alguna, es
conocido en la ciudad por haber fraguado un certificado médico en el que se
dejaba constancia de su imposibilidad para continuar trabajando. Ello le
permitió jubilarse antes de tiempo con una jugosa dieta, o lo que se conoce comúnmente
como jubilación de privilegio, además del mote de “El cardíaco”. También era
conocido por su endiablada pasión por
los burros, los chismeríos y por acercar datos sobre las mesas de dinero que funcionan
en La Plata, de las cuales muchos de estos personajes eran asiduos visitantes.
Todos ellos son, o han sido, conocidos
de otros amigos de Adela, o han tenido relación con alguna de sus amigas. Con
todos ha compartido alguna reunión de casamiento, algún cumpleaños de quince, o
algún bautismo, con todos ha tomado una copa y a casi todos les ha rechazado al
menos una invitación para ir a cenar.
Adela sabe que ha cruzado mal
la calle y el insulto la ha desnudado frente a esta mesa de supuestos dandies
que se reconocen en esa actitud y actúan en consecuencia.
-
- Qué barbaridad –dice Carriquiriborde que se ha levantado
de la mesa para socorrer a Adela que ha quedado como un trompo, girando por la
inercia del Gol y su partida- ¿Estás bien, Adela? Estos muchachos de ahora se
creen que son los dueños de la calle. Violan todas las normas de tránsito.
-
- Yo crucé mal Juan Martín, cruce muy mal, venía distraida.
¿Cómo estas Juan Martín?
- - Sí, pero escuchame, cómo te va a insultar así. ¿Vos viste
cómo salió ese auto? ¿Y el volumen en el que estaba la música? Vos sos una
señora, escuchame.
-
- Estoy muy grande Juan Martín,
no escuché la música.
-
- Pero escuchaste la puteada.
-
- La puteada sí, pelotuda me
dijo. La última vez que nos vimos no me trataste como a una señora.
-
- ¿Cuándo fue?
-
- En el Jockey, en la fiesta de
casamiento de la hija de los Campoamor.
-
- ¿Y de eso… hace cuanto?
-
- Un año.
-
- ¡La puta, che! Nunca sé cómo
dejo pasar tanto tiempo sin verte.
-
- Es que yo te dije que no te
quería ver más, Juan Martín.
- - Ah, entonces me debo haber ido
al carajo.
-
- Cómo cada vez que nos vemos.
-
- Por eso dejamos de vernos.
-
- Claro, es por eso.
- - ¿Vos estas bien, Adela?
–Carriquiriborde la sienta en una mesa contigua, algo alejada de la que está
ocupada por sus amigos, y con una mano hace el gesto de dos cortados para esta
nueva mesa que se acaba de constituir.
-
- Sí, un poco turbada por lo de
recién, pero en líneas generales estoy bien. ¿Vos?
-
- Yo te amo, Adela, lo sabes. No
puedo vivir sin vos.
- - No, Juan Martín. Hace años que seguís con lo
mismo. Cada vez que me ves salís con lo mismo y según el alcohol que tengas
encima terminas mejor o peor. Vos no me amas, vos te enamoraste de mí en algún
momento de nuestras vidas y yo de vos. La pasábamos muy bien juntos, pero eran
solo raptos, después de eso tu vida seguía y lo nuestro quedaba recortado en el
plano de lo furtivo. Vivimos una linda etapa
de enamoramiento pero vos decidiste seguir viviendo con tu mujer –Carriquiriborde
la interrumpe golpeando la mesa con la mano.
-
- ¿Y qué querías que hiciera, que
abandonara a mi mujer, a todos mis hijos, qué iban a decir en tribunales?
- - ¡¡Yo no te pedía ni te pido
nada!! No te juzgo, pero siempre te dije que vos confundías enamoramiento con
una historia real de amor. Vos nunca quisiste o no te animaste a comprobar si nuestro enamoramiento podía
ser una historia de amor. Entonces nos convertimos solo en una aventura. Y las
aventuras se interrumpen abruptamente como las vacaciones de verano. Un día
terminan y al día siguiente se debe retomar la rutina aplastante. Vos elegiste
eso.
- - Bueno si vos aceptas, como
acabas de hacerlo, que te enamoraste de mí, entonces tampoco vos hiciste nada
por nosotros.
- - Carriquiriborde, no me chicanees,
yo siempre esperé que las decisiones importantes las tomaras vos. Desde un
llamado telefónico que me alertara sobre un posible encuentro, hasta tu ansiada
separación. Como verás, yo también cometí mis errores, fui muy sumisa y
conservadora. Yo sí me juzgo, pero ya es tarde.
- -
¿Y ahora Adela? Los dos estamos
viudos.
- -
Vos estarás viudo. Yo estoy
viuda, sola, vieja, mañera, resentida y como dijo el muchacho del auto, boluda
y pelotuda. Ya es tarde, tarde para todo, yo no creo que el amor sea intemporal,
no creo que se pueda amar a cualquier edad, bajo cualquier circunstancia. Vos
me propones juntarnos solo porque ya no existen los impedimentos del pasado, porque
la naturaleza ha resuelto lo que ni vos ni yo logramos abordar.
-
- Es una realidad, es algo que
antes era un límite concreto y que hoy ya no existe. Hoy somos libres.
-
- Yo lo que intento decirte es que el amor se
construye a diario, a cada mañana, en cada acto de tolerancia, o en la
intolerancia absorbida, sus consecuencias. En las decisiones que se consensuan,
amar no es de a uno, tu enamoramiento y el mío, no suman una historia de amor.
El resultado de eso es otra cosa. Es el vértigo que nos invadía cuando nos
veíamos, es la intensidad del vínculo que nos unía y la naturaleza del que nos
desunió. Es el hecho concreto de hacer el amor.
-
- Adela, vos me decías que
conmigo sentías cosas únicas.
-
- Sí, pero eso no era
consecuencia del amor, lo que una mujer siente en una cama con un hombre no
tiene que ver necesariamente con lo que ame a ese hombre. Vos me hiciste tuya
por la manera en la que me acariciabas y la forma en la que abordabas mi sexualidad.
Y en eso has sido único. Pero mi marido y yo teníamos una historia de amor.
Para amar hace falta mucho trabajo y energía, trato de decirte que es muy
tarde. Y si estas vieja como yo, o como vos, eso es imposible.
-
- No puedo entender que hayas
perdido las esperanzas, las ilusiones…
- - ¿Juan Martín vos no entendes
nada o me estas tomando el pelo? Sentarte en esas mesitas de café, cada mañana,
con tus amigos de la adolescencia no te hace un pibe joven. Vos tampoco tenes
la templanza necesaria para armar una historia de amor conmigo a esta altura
del partido. Nos podemos ver y las cosas irían muy bien, pero a la larga nos
desgastaríamos. Y vos lo sabes. Asumamos las decisiones del pasado con
hidalguía y sin hacer de esto una tragedia griega. Después de todo, si yo no
hubiera cruzado lo mal que crucé la calle y ese muchacho no me hubiera
insultado, vos ni siquiera hubieras atinado a pararte de la mesa para
interrumpir el café del medio día y tomarte uno conmigo. Y la vida hubiera
seguido, como si tal cosa.
- Chau Juan Martín.
- -
Chau Adela. Estás hermosa.
-
- A tantas les dirás lo mismo.
-
- Sabes que no.
-
- Vos también estas muy churro.
-
- Te quiero
-
- Y yo a vos.
-
- Es muy triste, Adela.
-
- Tu tristeza en relación al pico
de la mía, atrasa treinta años.
8 oct 2012
El motin
Por Nacho Fittipaldi
La situación que tiene a la Gendarmería
Nacional (GN) y a la Prefectura Nacional Argentina (PNA) como protagonistas a raíz
del levantamiento que están llevando a cabo es de suma gravedad. La misma está siendo relativizada, en un acto que
naturaliza el clima desestabilizador que desde lock out patronal de 2008 a la
actualidad, no ha cesado.
El motín es grave porque debe
leerse en un contexto latinoamericano en el que pueden identificarse otros
intentos (y logros) de este tipo: el golpe de estado en Honduras (2009); el
levantamiento policial en Bolivia (2012); el levantamiento policial en Ecuador (2012)
y el reciente golpe institucional en el Paraguay. En todos ellos el rasgo
distintivo es la utilización de las fuerzas de seguridad para modificar el
rumbo político de los gobiernos de esos países que curiosamente están, o estaban, en sintonía
con el de la Argentina. No se puede relativizar el motín de la GN y la PNA
porque su presencia en la calle tiene una potencia simbólica que para la
Argentina es deleznable, ese solo efecto ya es desequilibrante, sea el motivo
que fuere.
Es grave porque el motín, aunque sea
por descuentos salariales, no lo realiza un sindicato portuario o de la industriadel plástico, pese a que este
sea el planteamiento mediático local, intentando esconder lo que la misma
protesta confirma al no reconocer que el problema por el que se amotinaron está
resuelto: los descuentos salariales mal aplicados. Intentar fijarle al
ejecutivo nacional el piso mínimo de salarios, ilustra a las claras la confusión
de estos muchachos o sus múltiples intenciones aglutinadas en este motín. La dimensión
del conflicto obligará a buscar nuevos canales de negociación salarial para las
fuerzas federales de seguridad y tal vez para el ejército. Sin embargo, no debe
ser tomada en cuenta la posibilidad de crear sindicatos para ellas. Las razones
fundamentales son dos: por un lado, está la cuestión relacionada a la inconclusa
(extremadamente inconclusa para mi gusto) depuración natural de esas fuerzas de
seguridad. Es decir, la no aceptación total de que son una estructura vertical
que debe aceptar la totalidad de las condiciones que la democracia les impone,
mediante el voto popular, y a través de sus gobernantes; por otro lado, está la
cuestión generacional asociada a la indisciplina en los rangos más bajos de la estructura piramidal de las fuerzas que desde 2003 se han
venido incorporando masivamente a las agencias de seguridad para dar respuesta a la demanda
de más seguridad y más efectivos en las calles. Recuerdo que este problema, el reconocimiento difuso
de la autoridad interna, fue manifiesto en nuestro estadio en la Policía
Bonaerense durante la gestión de Arslanian. Por lo demás es un problema que
atraviesa no solo a las fuerzas de seguridad, más bien es un fenómeno complejo
que afecta a la sociedad toda. Los docentes de todo el país pueden dar fe de
esa representación distorcionada. Sindicalizar una estructura que debe obedecer sin miramientos al poder
político es, en el esquema actual, un contrasentido, no un derecho. En esta dirección entiendo que las
sanciones deben ser fuertísimas y deben servir como un escarmiento de dimensiones
tales que a ningún miembro de la GN y la PNA le queden dudas de qué sucede
cuando se rompe la cadena de mando, o cuando se obedece a lo que dice la cúpula
(suerte de obediencia debida democrática) y ello va a contrapelo de lo que dice la
dirección política de la fuerza y en contra de lo que fija la constitución.
Es grave porque se inscribe en un
contexto más amplio de operaciones desestabilizadoras: los “espontáneos” cacerolazos,
el curioso secuestro de Severo, y el conflicto en el consejo de la magistratura
en relación al 7D y ahora el pseudo-motín salarial de los gendarmes y prefectos.
Para que el motín haya sucedido hubo que haber tres cosas: por un lado, errores
políticos en el ejecutivo nacional de diversos alcances; además la decisión
política de la cúpula de la GN y la PNA para liquidar los sueldo de manera
antagónica a lo que fijaba el decreto; por
otro, el deseo y la convicción de que esto prendería en las bases y que sumaría a
una estrategia más amplia y de mediano
plazo que es terminar con este gobierno o al menos modificar su rumbo. Esta
articulación que en su articulación no buscaban un efectivo golpe de estado, no
van por eso, lo que buscan es desestabilizar, esmerilar la legitimidad de este
gobierno y como consecuencia de un clima político muy adverso lograr la salida
anticipada de Cristina. Otra vez Paraguay es un ejemplo claro y reciente de
esto, nada más que en Argentina la correlación de fuerzas en el parlamento no
da ni para eso.
La creación de un clima de desestabilización
es hijo de una ausencia de oposición pavorosa y que se da en un terreno yermo. Esto
que viene siendo lo coyuntural desde hace varios años, me parece que empieza a
cambiar de dimensiones e implicancias. El
problema central de Cristina es que no hay oposición. Y eso pasa a ser el
principal problema de gobernabilidad. Abre múltiples ventanas de conflictividad
sin que pueda confrontarse cara a cara con el conflicto, evaluarse y predecirse
hacia dónde y cómo terminan esas problemáticas, esas búsquedas denodadas por
limarla, ya que no siempre la tropa propia está a la altura de las
circunstancias, termina siendo siempre ella el origen y el fin, la imagen de
oficialismo y oposición, el centro, el árbol y el bosque, el todo de la política nacional.
16 sept 2012
Lo coyuntural y lo sistémico
Por Nacho Fittipaldi
La marcha y el cacerolazo de teflón, me preocupa. No por su convocatoria, más bien por lo que la explica. Al margen quedan claro, los que solo tenian para decir: puta, yegua, andate conchuda. ¡Esos se pueden ir a la renegrida concha de su madre!
Entiendo que hay dos planos de análisis, o al menos a mí, las ideas se me ordenan así, no binariamente sino de forma interrelacionada.
Por un lado está lo que podemos denominar una problemática coyuntural, esto es, una contextualización de lo que sucede que encuentra explicaciones diversas a conflictos heterogéneos entre los ciudadanos y el gobierno nacional. Algunos son de larga data porque hay largos años acumulados de odio a Néstor y a Cristina; sobre esa problemática, sentimiento insalvable, poco se puede decir y hacer. Allá ellos. También hay un cansancio más reciente, un agotamiento de la figura de Cristina de la cual en parte ella es responsable en tanto que ha elegido un método de comunicación con el pueblo en donde interpela a todos los que no quieren ser interpelados. La utilización fatigosa de la cadena nacional para comunicar lo que otros medios obturan y tergiversan, forma parte de esa estrategia. También es enteramente responsable del 54% del electorado que la votamos y que el jueves no salió a la calle. Hay también en este plano un conjunto de situaciones que afectan realmente la vida diaria de las personas. Ahí anotaría el aumento de precios de alimentos, bebidas, calzado y ropa, básicamente. Juega también la situación endeble de la seguridad pública y los robos que diariamente castigan al común de la gente sin reconocimiento de clases sociales o poder adquisitivo; y no hablo de asesinatos en ocasión de robo, alcanza con que te roben (o intenten hacerlo) para sentirte frágil y vulnerable. Nadie quiere eso. Debe decirse también que el delito siempre se produce mayoritariamente sobre los sectores medios y bajos, más que sobre los sectores con mayor poder adquisitivo, pese a que esta representación social es la contraria. Sumaría a este grupo de problemáticas coyunturales, la situación calamitosa del transporte público. Tan barato como pésimo es su servicio. Podría seguir enumerando cosas pero no, freno acá. Mucha de la gente que salió a cacerolear, sufre estos y otros problemas. Pero intuyo que es más la gente que sufre esto y que aun así, no salió a ningún lado, y eso no debería ser razón suficiente para creer que alcanza con lo hecho hasta aquí, gloriosas conquistas kirchneristas, o que no debe tomarse debida nota sobre la naturaleza de tales problemáticas.
Por otro lado hay otro campo de desafíos que responden a un orden superior y que implican un desafío de fuste, uno que implica revertir el orden de cosas actúa les para que la coyuntura antes mencionada se modifique positivamente: lo sistémico. Sucede que lo sistémico implica un conjunto de variables que forman parte de lo coyuntural, de manera que uno y otro no son planos excluyentes entre sí, pero implican planos distintos de análisis y un mismo tópico de intervención. El aumento de precios, la seguridad pública, el transporte, la salud pública, el sistema impositivo.
Me temo que nuestro gobierno comenzará a flaquear, no el día que la plaza este llena de caceroleros, flaquearemos en tanto no podamos responder de manera sistémica a las demandas que los ciudadanos identifican como disruptivas en sus experiencias diarias, concretas. Los que transitamos desde hace algunos años la administración pública sabemos que esa dimensión es sistémica, meterse con la raíz de esas problemáticas es revolucionario. Y lo es porque implica doblegar y quebrantar la naturaleza de las alianza inmanentes que articulan los distintos intereses concentrados de la economía nacional y que hacen del capitalismo local, un capitalismo campechano, amigote y socios, múltiples veces, entre sí: Roggio, Noble, Macri, Rocca, Cirigliano, Mitre, La Bonaerense, La Federal, Magneto, el Poder Judicial, mas otros actores trasnacionales como Cargill, Bunge, ADM, y Dreyfus, que actúan fuertísimamente en Argentina. Me temo que con casi todos ellos, aun no nos hemos metido. Quebrantar ese orden implica puja política radicalizada y la confección de un nuevo ordenamiento social, político, económico y sobre todo, cultural. Meterse con todos a la vez es suicida, la correlación de fuerzas no da, pero los negocios que ellos manejan, moldean y derivan en condiciones de vida concretas de la población. Ese es el problema real. Tal su dimensión. Lo del dólar es un disparador, las barreras para comprar y vender se pueden levantar mañana, y todos los demás problemas seguirán existiendo y perjudicando a otros argentinos que nunca compraron ni vieron un puto dólar.
No me preocupa lo del jueves, no me preocupa lo coyuntural en términos de sus consecuencias en la vía pública. Me preocupa lo sistémico como un posible limite, real y concreto, de este proyecto que es pasado inmediato, que es presente y que debe ser futuro, por el bien de todos los que no salieron el jueves, que son la abrumadora mayoría.
Conociendo el paño, es de esperar el contragolpe de Cristina.
20 ago 2012
Una infancia
Por Nacho Fittipaldi
DISRRUPCION
Al fin, el retiro. Después de una primera
mitad de año ardua, nos hemos retirado un poco, a descansar. Claro que cuando
todo este año empezó, éramos dos y ahora somos tres. Cuando nos fuimos a Colombia
éramos dos y hasta hacía poco meses atrás habíamos sido brevemente tres. O esa
ilusión. Nos habíamos ido a Colombia pensando en descansar de la tristeza y la
complejidad que perder dos embarazos en un año, nos había traído. Nos fuimos
para reencontrarnos. Ahora (hoy) que la música suena, que las sierras de Tandil
aparecen sin esfuerzo y las puedo ver desde el sillón desde donde escribo, y
que el fuego de la estufa hogar calienta mis pies enfriados, rompiendo esa
vieja cadena Fittipaldi de tener frio los pies y sentir que hasta la medula
estamos congelados, la sensación es muy otra. Pero los pies están calientes y
Pao lee frente a mí y desde su lado también se ven las sierras. Pero no ve la
oveja que yo veo. No ve cómo Clarita, así se llama la oveja, se come las hojas
del cañaveral. Clarita se ha comido todo el pasto ya, cada tanto te torea y por las dudas, más allá de lo simpática que
es Clarita, nosotros mucho no salimos. Preferimos evitar el topetazo que, en el
caso de Pao podría implicar la pérdida de otro embarazo. Esta vez en manos de
un ovino. Decía que allá por enero, en esos días en los que Cartagena nos
recibió con su humedad y su imponente ciudad amurallada, la cosa venia de
recuperación. Había que recuperarse y sobreponerse a la mala ola que nos había
hecho dudar sobre muchas cosas y
mas
que nada nos había demostrado la fragilidad de la vida o su péndulo. Habíamos
visto muy de cerca cómo se podía estar en el punto más feliz de la vida, o el
más expectante, y luego y de la nada la desazón propia del niño al que le arrebatan
su regalo de navidad.
- UNA INFANCIA
La estufa hogar es bien
profunda, en verdad hay que decir que la casa es enorme y que la estufa está en
relación a eso. Construida toda en una planta baja, usando los desniveles de la
lomada sobre la que se erige y para dar diferentes perspectivas sobre el
paisaje, la casa se transforma en algo formidable. Está compuesta por un living
inmenso, de nueve metros por seis, un comedor y una cocina. Siempre hay, y por
toda la casa, mesas antiguas recicladas, hermosas todas. De sus tres
habitaciones hay que destacar la
nuestra, o mejor dicho lo que hay que nombrar es que el ventanal es lo más
imponente de ella; así da permiso a una vista que por la mañana, y junto al
desayuno que Pao me trae, da la sensación de ser finalmente: mi lugar en el
mundo. El parque es maravilloso y trepa por la sierra, perdiéndose en la
escarpada serranía. Por allí durante la tarde aparecen unas liebres que lejos
de ser curiosas, nos muestran con su presencia que los intrusos somos nosotros.
La arboleda no es muy añosa pero en cambio es muy variada, incluso diría que no
son árboles nativos de aquí; el pasto esta prolijamente cortado y un arroyo que
serpentea por entre las sierras y la casona, son la escenografía en la que nos
movemos desde el martes a la tardecita. De fondo, un telón de agua lo moja todo
desde hace cinco días. El lugar es tan lindo como hostil viene siendo el clima
que alterna llovizna con lluvia, siempre con frio, y diluvios cada vez más
frecuentes.
Ni bien nos levantamos enciendo
la estufa y ya queda con leña hasta la noche. Cocinar ahí tiene su encanto
porque uno usa las brasas que se van formando con horas de anticipación (y es
como si lo tentaran a uno pidiendo tirar un pedazo de carne o arrimar algo para
embuchar, cuando hay brasas siempre aparece el deseo de cocinar) y los
ladrillos del hogar vienen funcionando como un horno porque en la sucesión de
días permanecen calientes sin descanso. Claro que también cocinar así implica
un riesgo, y es el de excederse en el calor con las brasas o con la llama, o
ambas. Pero por ahora no ha sucedido; ya han pasado por ahí un solomillo de
cerdo, pan casero, pizzas, zucchinis, morrones, salchichita parrillera,
chuletas de cerdo. Ahora que en un rato llegan unos amigos y seguro que algo dará
continuidad a este sencillo placer de cocinar.
El sábado preparé ese
postre delicioso que mi viejo solía hacer en nuestra infancia, Far Bretón. Creo
que por aquellas épocas era caro preparar ese postre para nuestra familia y que
debidamente dejamos de comerlo por esa razón. Ahora me parece absurdo y accesible para nuestros bolsillos
pero por entonces había que multiplicar cualquier receta para dar de comer a
ocho bocas y hacer el ejercicio de pensar que el trabajo que uno hace por
placer, no siempre significa lo mismo para otros que tal vez lo hacen por
obligación, aunque un postre nunca es obligado.
Después de todo, y ahora que lo pienso, la costumbre e idea de comer
postre es algo que yo no tengo incorporada. Forma parte de esas cosas que el
rasgo de austeridad que nuestra infancia traía consigo, ha dejado a un costado
de nuestra vida corriente. Por ejemplo, puedo ir a comer afuera y muy ocasionalmente
pido entrada o postre. Nunca ambas cosas. Y eso viene de la niñez y de cómo
vivíamos, de la excepcionalidad de salir a comer afuera. Uno se ha acostumbrado
a que la gaseosa que se pedía debía durar para todo el almuerzo, a no comer
postre, a no comer molleja (el concepto de molleja es un concepto que irrumpe
en mi vida a los veinte años, no antes, con el Menemismo), a no tomar Coca
Cola, a no comer pan lactal, a no salir de vacaciones, a no tomarse taxis, a no
tomar café y tantas cosas ricas y placenteras perimetreadas por un NO que era
hijo de la imposibilidad económica primero y luego una pauta cultural arraigada
en lo primero. Lo del taxi lo he vencido, lo de las mollejas con menos eficiencia
que lo de los taxis. Tomo menos taxis que mollejas. En cambio no he superado lo
del postre. No como postre. No puedo pedir postre en un restaurante. Siempre miro
el precio (aunque ya sé que no lo voy a pedir) y me parece caro, en este caso
es como si buscara el justificativo del excesivo gasto económico para
fundamentar una decisión que viene de otro lado. Comer postre es caro. Comer
postre es raro. Y no es por avaro o solemne, no. Puedo pedir un vino muy caro y
no me jode, pero para mí la cena termina con el último bocado del plato y no
hay instancia siguiente, no se me ocurre que la cena pueda terminar con un
sabor dulce en la boca. Necedad si se quiere, pero una necedad que no logro, ni
me interesa superar y que me viene como herencia del alfonsinismo.
Pero el sábado me
dispuse a hacer un postre, no para después de la cena, de hecho lo prepare
durante la mañana, sino mas bien con la idea de recrear un olor. Algo que me
llevara hasta mi infancia, mis padres y hacia un momento de la vida que ha
quedado atrás pero que me produce placer resignificar e invitar a que reingrese
a mi vida. Ahora que las cosas van tan direccionadas a modificarse
definitivamente. Y ese olor tiene que ver con el alcohol, curiosamente. Ocurre
que una parte de la preparación implica dejar frutas disecadas en remojo
durante la noche previa, en ron u otra bebida, como yo tenía vino tinto las
dejé hidratándose en vino, lo cual es todo una paradoja. De inmediato vino a mi
ese olor tan significativo, y después ese aroma a horno caliente cocinando la
manteca, el azúcar, la leche, las frutas embebidas en alcohol y la imagen de mi
viejo de espaldas al pasillo por donde se accede a la cocina de la casa
familiar, él de frente a la ventana preparando mate u otra cosa, de cara al jardín con esa bata
marrón ladrillo y un cuadrillé inusual para la época, fines de los ochenta.
Recuerdo que cuando lo abrazaba esa bata pinchaba y uno alejaba la cara de la bata pero no los brazos, no imagino dónde la habrá
comprado o quién se la habrá obsequiado. Creo que aún la tiene. Es raro porque
esa bata es una imagen de él que es casi la imagen que yo tengo de él, cuando
nos levantaba para ir a la escuela y él ya llevaba algunas horas despierto,
estudiando o trabajando, y siempre la bata puesta. Sin embargo dudo que cocinara
con esa bata, entonces es raro que me haya venido esta imagen que no es
la de mi viejo cocinando, este mismo postre que yo hice el sábado. No. Esa
imagen es una entre tantas imágenes que tengo guardadas de él y que por alguna
razón hoy vienen a mi,
entre ese aroma que hoy logré recrear, entre este aguacero que tanto me convoca
a la lectura y el descanso, junto a este fuego que entibia mis pies, en esas
charlas con Pao mirándonos a los ojos y la panza, con la ilusión y las
recreaciones cotidianas de cómo será mi relación con mi hijo que está por venir
y a quien espero inculcarle el habito de comer postre a donde sea que vaya,
porque hoy se puede, pero mañana no sé.
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