5 sept 2011

La felicidad es una esquina en Purmamarca

Por Nacho Fittipaldi
La felicidad es un estado breve que va y viene y que puede irse sin volver. Nosotros nos fuimos a Purmamarca para recrear aquello que ya habíamos experimentado en 2009 y 2010. Es que hay lugares donde uno es más uno que antes y La Quebrada de Humahuaca para nosotros tiene un ritmo, un color, una dinámica del tiempo en la que tan a gusto nos sentimos. Será que el tiempo efectivamente trascurre allí de otro modo porque al bajar del micro ya se veía esa plaza con los puestos de venta de artesanías y eso esta así desde que fui por primera vez con Nenino y Cristina en 1995. Claro, aún no había sido declarada Patrimonio de la Humanidad. Ahí estalló el negocio del turismo. Ello dio paso a una actividad económica que permite el gran negocio de las familias pudientes de Salta y Jujuy que invierten en hosterías majestuosas; pero también el movimiento chiquito, y no tanto, de todos estos puestos que, perimetreando la Plaza Iglesia, sostienen a varias familias con la venta de algo que ya no responde al rango de  ´artesanía´. Consecuencia de todo esto ha llegado hasta Purmamarca un sujeto de curiosísimo aspecto, es un muchacho de unos 30 años de edad, 1, 75 de altura, dientes blancos como talco, musculosa negra Adidas, jeans azul y zapatillas deportivas; sonriente todo el tiempo, su contorno de ojos es rojizo como si hubiera nadado sin antiparras en una pileta con exceso de Lavandina, habla un castellano que nada tiene que envidiarle al que hablan los Coyas. Este pibe es la atracción y la rareza más extraña de la Purmamarca actual. Es que Said es tan negro que su negrura es casi noche, y aun de día, cuando se mueve en las sombras de las casas es difícil identificarlo con nitidez. Aunque parezca exagerado es tal cual lo cuento, Said se mueve en el día como un lobo en la noche pese a ser hijo de ella.
-      Pase, pase sin compromiso amigo –dice Said. Luego de un rato de mirar artesanías en el negocio que es de su novia jujeña, le preguntamos lo obvio. O sea, yo no soy del Equipo Argentino de Antropología Forense pero estaba seguro que este tipo no había nacido en La Quiaca. Nos rendimos ante la evidencia antropológica de no pertenecer a la fisonomía media Coya y le preguntamos de dónde era. Inmediatamente pensé en la cantidad de veces que le deben haber hecho esa pregunta.
-      Yo soy de Tanzania, en el centro de África, ¿conoce Kenia?, bueno al lado.
-      Ah, y por qué te viniste para la Argentina.
-      Bueno allá hay leones, muchos leones y poco trabajo. 
Said en las sombras
     Said habla como si los leones le sacaran el trabajo a la gente, él señala esas dos cuestiones del por qué de su venida a la Argentina y nosotros nos quedamos con eso. Luego nos cuenta que es “Musulmano”, que no bebe alcohol, que tiene la espalda rota de haber trabajado en la albañilería de su país. En Purmamarca Said pareciera haber encontrado dos cosas que en su país escasean: trabajo relajado y nada de leones.
Por la noche salimos a comer algo, cruzamos la plaza en diagonal mientras los cerros dejaban ver sus contornos con la sola luz de la Luna y el resplandor de las lejanas luces del pueblo. Es miércoles 31 de agosto y el frio no es todo lo cruel que imaginamos, los perros andan aburridos, cruzando de costado las angostas callejuelas, mientras los cartelitos de empanadas anuncian cual es la comida más buscada. Entramos a un restaurante, también hay comedores y lugares donde uno puede pedir empanadas y llevárselas a la plaza, pero eso es mas para el medio día. De noche mejor es sentarse a comer algo calentito que abrigue y oír, si se puede, algo de música linda. No se pudo. Los tipos que cantaban eran dos, muy poco afinados, más bien eran persistentes en lo suyo. Al entrar percibimos un humo blanco que olía a algo que a mí me era conocido. Y si yo de pequeño (9 años de edad) había sido monaguillo, entonces aquello era incienso. Acá se cruza la religión católica con las creencias mas paganas existentes y lo más ancestral de la tierra, que ya es mucho decir. Festejaban algo que no comprendimos, lo cierto, lo real tangible era que al rato estábamos llorando de lo lacrimógeno que aquello se había tornado, encima el chango este se empeñaba en decir que “la sal es muy pesada y que las mulas se cansaban rápido” haciendo referencia a la letra de la Zamba del Minero. Yo que para las matemáticas no soy muy ducho y que la destacada labor mediática de Adrian Paenza poco ha podido hacer al respecto, calculé que 100 kilos de sal pesarían lo mismo que 100 de batatas, entonces cuando el llanto y el canto fueron insoportables nos fuimos al carajo. Antes de eso Pao se había puesto detrás de una puerta que conducía al baño de mujeres y al salón comedor, todo el público la veía. Eso, lejos de ser un impedimento o un llamado a la compostura social, pareciera ser que la convoca al ridículo. Tras el vidrio que la mostraba desde su cintura hasta su cabeza Pao parecía bailarme a mí, cosa que me causó gracia porque era obvio que no lo hacía seriamente, hasta que descubrí para mi asombro que todo el mundo la veía en aquel acto que no fue el primero ni será el último, ahora que Tocho, según parece, también la acompaña en esas lides. Irse fue lo mejor.
Al día siguiente la ventana de la hostería mostraba brillante el filo escarpado de la montaña, desde la cama esa imagen quedará, por su repetición diaria de cada amanecer, guardada por mucho tiempo, como si ese registro diario fuera un bálsamo ante cada embotellamiento urbano, suficiente razón para llegarse hasta allí. Y siento que esos lugares son sitios para compartir, creo que los que no han ido deben ir, y deben hacerlo porque todo está al alcance de la mano y en una instancia de lo espiritual que el paisaje predispone. Entonces la calle ahora esta empolvada, la iglesia y el algarrobo están ahí formando esa esquina embrujada donde cada mañana tendremos la mejor luz para ver el cerro de los Siete Colores en primera fila; y desde donde cada tarde veremos el sol ponerse a las 18.40 Hs, luego el amarillo del sol retirándose se posará sobre la rojiza formación rocosa que pareciera ser el sitio de donde se ha sacado todo el adobe con el que se ha construido esta ciudad y las vasijas del mundo. Las cholas conversan sus cosas, nosotros miramos en paz el cielo perplejos, vemos niños hermosos que hablan tan graciosamente, recordamos momentos que ya hemos vivido ahí mismo años atrás, imaginamos en qué contexto tan distinto se crían estos pibes, vemos pasar tanta gente que es difícil no encontrar algo de qué reír, los extranjeros compran compulsivamente y los jubilados en tour son arreados como cabras por sus pastores, quizá con algo menos de cariño. En esa esquina la huida del sol marcara el exacto instante en el que ponerse un sweter es lo mejor.
En la segunda noche fuimos a una peña, habíamos estado antes allí y recuerdo que también Pao había hecho algo que me había avergonzado años atrás, nada grave, algo como lo de la noche anterior. En algunas cosas ella me avergüenza y como se da cuenta, mas las hace. Estos músicos eran buenos, comimos bien, cantamos, bailamos unas chacareras luego de hacer un taller improvisado de danzas entre las 15 personas que éramos. Pude comprobar malamente la diferencia entre bailar una chacarera en la planicie santiagueña y lo ingrato de hacerlo en los 2.206 metros de la altura purmamarqueña. La sensación es que el corazón te va a salir por el pie en el próximo reboleo del zapateo y que el corazón jamás retornará al tamaño ni al ritmo normal de un tipo que paga sus impuestos y que tiene sus cuentas al día. Y si uno cree que tomar cerveza mejora las cosas, eso sólo trabaja a favor de incrementar el ahogo. Pero nada dura demasiado así que al poco tiempo todo vuelve a la normalidad y después de todo bailamos unas chacareras más.
Al día siguiente, luego de una siesta reparadora, bajamos a la plaza durante una tarde más calurosa que lo acostumbrado para esta época del año. Más bien se parecía mucho al calor que sufrimos en los peores días de Enero. Tal vez sólo para comprobar que el tiempo dura más en Purmamarca, llegaban hasta ella un puñado de muchachos con trajes negros, no ese tono del negro de Said, si no en ese negro artificial de la tela sintética; chicas con vestidos de falda corta, señoras con ropas que no usaban hace años a juzgar por cómo les sujetaban los elásticos las carnes endebles, muchachas que no llegaron a comprender nunca lo poco articulable que son la idea de taco aguja y Purmamarca. Esos tobillos que van como torcidos en la lateralidad de la pierna, apoyándose no sin peligro de esguinzarlos hacia afuera. De ahí a la amputación del miembro hay sólo un paso. Dudábamos de si sería un casamiento, un bautismo o una confirmación masiva. A las 17.30 Hs se inició la ceremonia a la que asistimos sin estar inscriptos, pero ocurre que el cura había instalado unos parlantes como para un recital de Hermética y así la ceremonia se oía desde cualquier punto del pueblo. La celebración tenía un coro que desentonaba como Lito Nebia, una catequista que trataba a los muchachos como conscriptos indisciplinados y el curita del pueblo que cebado como una fiera se tomó dos horas y media para el desarrollo de todo este compendio de sin sentidos. Será que el chango se dijo así mismo “ya que lo arrancamos con este caloraso, sea que lo terminemos en noche fresca” y así fue. Entre tanto corrió un termo de mate en esa esquina ya descripta, ahora ventosa como nunca, hicimos varias fotos robadas a Said para dar cuenta de la Globalización y hasta una cerveza con papitas al borde de la plaza que por un rato largo se convirtió en la Piazza San Pietro para asistir a la confirmación más larga de la historia de los Pueblos Originarios, mientras los pueblerinos iban entornando las ventas y las puertas para dar paso al sosiego nocturno.
Pero por si quedara margen para destronar a la música de Purmamarca, en la ultima noche fuimos a otra peña sin saber que habíamos estado en la cresta de la ola sin percibirlo. Entramos a una peña de la mas típica del lugar. El publico era escaso para un sábado por la noche y tan frio como desconocedor del ambiente folclórico, ese tipo de público que aplaude ante cualquier tipo de silencio, como si en la música no pudiera haber otra cosa que cantos y sonidos, que no ríe cuando debe ni cuando no debe. La cantante era una especie de Moby Dick quebradeña, conjuro extraño o mítica figura, la gorda borracha tenía el cuerpo de  Mario Ledesma, pilar de Los Pumas. La voz era semejante a la del Coco Basile pero su caudal era el de Pepito Cibrián (o Juan Carlos Mareco) después de leer “Marica”, y tenía la presencia escénica de Claudio Morgado. De toda esa mezcla es curiosísimo que no salieran aplausos, un garzo, un botellazo, insultos o todo eso junto; algo que diera la mínima señal de que las 20 personas que estábamos allí dentro estábamos con vida. Pienso que el público no fue silencioso por respeto, y juicio musical, más bien creo que era absoluta sorpresa por el Anfibio Coya.
De todos modos uno fue allá para vivir todo esto y para todo lo que el lenguaje no puede transitar o retratar en palabras articuladas. Fuimos para querernos y mimarnos, para sentarnos y trascurrir todos los segundos demas que le caben a un minuto en Purmamarca. Nos fuimos para reafirmar amores, ese mismo que cada día se entreteje en La Plata de una manera tan sofisticada y que en algunos lugares asume la singularidad de la sencillez; fuimos a corroborar que todo es lo que soñamos en tanto y en cuanto dependa de nosotros y nuestra disposición para que ciertas cosas sucedan. Fuimos a constatar que la belleza de la felicidad es una esquina con un cerro al fondo y un viento que pasa no tan manso mientras el Dios Coquena, en medio de los cerros, le susurra a los rebaños de Vicuñas que son las seis de la tarde y que la noche se está viniendo, que ya es hora de regresar y mejor es ir volviendo.

Se termina la dura semana
y yo sé bien que mañana
no tengo que trabajar
pero al despertar
le pediré al Dios puneño
que la luna alumbre siempre siempre más...
Coquena, Coquena
sos el dueño de toda la puna y del amor
de la luna que nació para alumbrar.

17 ago 2011

Tela para cortar; sobre el por qué de la apoyatura masiva


Por Nacho Fittipaldi
La imagen más fuerte que tengo guardada de Cristina es cuando en medio del funeral de Néstor se bajó del auto y le ordeno a la custodia policial que no le pegaran a las personas que se tiraban encima del coche fúnebre: http://www.youtube.com/watch?v=PnDvojYsu18
Hace un mes y medio atrás me permití afirmar que el cierre de listas Kirchneristas no era ni tan anti-PJ como los neoperonistas intentaban mostrar (Morales Solá, Ruiz Guiñazu, Castro y Leuco) y que finalmente un estratega debe saber con cuales soldados piensa afrontar una disputa. De ello depende mucho su éxito, su gloria, e incluso la singularidad de una posible derrota.

El 50% de votos que Cristina ha cosechado en esta primera vuelta es su piso electoral, no su techo. Ese piso es la resultante de un proceso iniciado en 2003, incluye las conquistas primeras y heroicas de Néstor, más tarde las conquistas propias y también los errores ajenos. En las conquistas propias hay que incluir aspectos que hablan de gestas y de heroísmos. De Evita a Cristina, los argentinos no estamos acostumbrados a admirar a las mujeres-políticas-argentinas. De ahí su denominación de puta o yegua. Las mujeres ocupan otro lugar y a los hombres las mujeres se nos vuelven madre, y ese es su lugar, nuestra representación de mujer. En cambio Cristina es heroica. Y lo es porque ha podido sobreponerse al pulso político de su marido una vez que él murió, una inercia nada menor y nada despreciable. Quiero decir, da la impresión que la Cristina de hoy es más autentica que la de 2009. Esto no le quita meritos, ni intenta obviar (como sí hacen muchos defensores acérrimos del gobierno que constantemente evocan al Flaco, como si él gobernara desde el cielo) todos los logros que se han conquistado durante el mandato de Cristina. Finalmente esta mujer es la misma que se lucia sola en el Senado de la Nación cuando aquél era sólo un desconocido gobernador, alto, raquítico y con un ojazo chanfleado.
Las gestas y lo afectivo de un pueblo siempre se dan en la calle, ese es el contorno natural del fenomeno; nosotros como pueblo hemos reconquistado la calle. Esto se pudo ver claramente en los festejos del Bicentenario, se ve ahora en Tecnopolis, por donde ya han circulado dos millones de personas. Y también, por qué no, en el velorio lluvioso de Néstor. Jamás olvidaré la manera en la que abrazamos la tristeza con Martín en aquella despedida dolorosísima en la esquina de Alem y Teniente Juan Domingo Perón, frente al Correo Argentino. Desde ahí vimos pasar el cortejo fúnebre mientras Bs.As nos vomitaba toda su humedad y un obrero desde la altura de un andamio en el correo hacía flamear la bandera Argentina ¿Hay algo más potente que esa imagen?
Cristina le habla directamente a ese pueblo, por eso no hay medio de comunicación que pueda mediar entre ella y nosotros, esto no refuta la necesidad de poner en marcha la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, simplemente intenta reflexionar sobre fenómenos recientes y encuadrar las cosas en contextos más o menos objetivos. Entonces articula conquistas políticas de importancia suprema (política sociales y de ingresos, política regional, reconfiguración del Estado Nacional, recuperación del mercado interno) y suma apoyaturas de lo que se desprende como consecuencia de esas políticas sobre la población y suma también lo que la viudez puede generar en cualquier persona sensato. Pero el éxito de Cristina no es meramente un triunfo electoral. Es una victoria que se sostiene desde lo político pero mucho más desde lo afectivo. Ella es la única que puede decidir, darnos (o no) la ilusión de creer que se puede profundizar e institucionalizar este modelo parcialmente desarrollado. ¿Se imaginan si la correlación de fuerzas y las condiciones históricas permiten que Cristina tome la decisión de ponerle un impuesto a la renta extraordinaria, y si modifica la Ley de Entidades Financieras, y si se subsidia a los usuarios de transporte público y si nos concentramos en la consolidación de cuadros políticos y si sale una ley de aborto gratuito, publico y universal, la felicidad que se replicaría sobre el pueblo? Pero además de su impulso político Cristina es la imagen redimida del hombre común, y por eso su sola imagen es esperanza. Porque ha sido capaz de salir de los peores lugares en donde la vida pone a cualquiera de nosotros; hablo de la pobreza y la soledad, hablo de la injusticia y la tristeza humana, de la desilusión y la esperanza de creer, lo mismo que cualquier mujer común y corriente puede generar, se ha recompuesto como cualquier otra mujer lo hubiera hecho. Esa sencillez que ella no tiene sólo complejiza la ecuación pero no la diezma. Cristina es una mujer comúnmente descomunal que hace política y en esa hechura nos ahija a todos, como una fiera salvaje que cuando la hieren responde por sí y por todos los que la bravuconada ha interpelado.
El resultado de la elección hay que leerlo así: 50% a 0,  es su piso.

2 ago 2011

Salon 111 o las viejas de sesenta


Por Nacho Fittipaldi
Por esas cosas de la vida hoy, 2-08-11, volví al Ministerio de Seguridad pero en representación de mi otro trabajo, el de educación. Con motivo de una reunión interministerial, llegué hasta allí con la sensacion de conocer cada recoveco de aquel aciago edificio. ¿Esta demás aclarar que yo iba sólo a escuchar? Por las dudas aclaro, yo iba sólo a escuchar. La reunión estaba pautada para unas impuntuales 14 Hs.
En la sala de reuniones, ese lugar que yo conocía de ver sentados allí a la azulísima cúpula policial, decidiendo en general cuestiones que afectaban a gran cantidad de personas sin que se resolvieran los problemas de nadie, ahora esa misma sala estaba completa de mujeres que en general pisaban mas los cincuenta o sesenta años, que los cuarenta que aun estoy lejos de alcanzar.
Me presenté junto a mi compañero Pablo y tomamos asiento en las mismas sillas que años atrás. Seguíamos esperando que aquel “Salón 111” como se lo llama, se completara con los otros miembros de la comisión que aún se desconocen entre sí. Hola. Hola que tal. Mi nombre es Ignacio. El mío Silvia. Yo me llamo Pablo. El mío Turquesa. Yo soy de Desarrollo Social. Hola. Hola que tal. Por esas cosas de la vida yo quedo de espaldas a la puerta de ingreso, mi compañero algo más cerca, junto a él una muchacha  que quizás se llame Cristal, queda exactamente a un metro de la doble puerta de acceso al Salón 111. Mientras la reunión se iniciaba por un camino de presentaciones formales yo veía por el rabillo de mi ojo, llegar a un hombre con mucha dificultad al caminar. Digamos que parecía más un discapacitado que un hombre con capacidades diferentes. Morocho él, llega acompañado de un muchachin que lo ayuda a abrir la puerta y a dar el primer paso para quedar adentro del Salón 111, veo que lo abandona allí mismo, nada ha sucedido de extraño y Silvia, que dirige la reunión, continua protocolarmente hasta que el morocho se desploma en lo que debería haber sido el segundo paso dentro del salón 111; en un segundo se fue a pique (pique corto por lo demás porque el hombre es bajito) como si el pastel de papas que tal vez ha almorzado se le hubiera transformado en cien kilos de cemento, todos depositados en sus piernas. Se cae redondo al piso y yo no atino a nada como ya es costumbre en mí, ante cualquier emergencia. Mi principio sería: Ante todo, abstenerse. Alguien grita, “No lo toquen, no lo toquen”, como si el pobre hombre fuera epiléptico y no discapacitado motriz. Yo aprovecho un poco la confusión y me alejo del caído  ya que mi compañero, la mujer que estaba junto a él y un gordito pipón que se apeó de la silla, están junto al morochazo, están recogiendo al hombre del suelo que ninguna energía tiene en el tren inferior. El hombre llega a decir, “Qué manera de empezar eh, cómo me presenté, la pucha”. Nadie ríe. Ha sido triste la caída y nos ha puesto a todos al desnudo, yo permanezco de pie como para que quede claro que mi vocación de socorro es  linealmente opuesta a mi desenvolvimiento efectivo como socorrista. Como se puede la reunión se reencauza.
Cinco minutos más tarde, cuando yo ya sé que nada aportaré a esa reunión, llega otra vieja del club de los sesenta, somos cuatro hombres y dieciseis mujeres, saluda en voz alta, supongo que es alguien conocida, escoge una silla al azar y de repente el mismo ruido que cinco minutos antes al entrar (por decirlo de algún modo) el morochazo. Brrrrrruuuuuummmmmm, ¡zambomba!, la gorda esta en el piso. Se ha caído de culo aunque su brazo intenta dejarla colgando de la mesa ridículamente, muy lejos de la elegancia de los escaladores que logran sujetar todo su cuerpo al montón de dedos aferrados como una esperanza sensata, en algún pliego extraño de la piedra en la montaña. Ahora hay algo de risas, alguien dice algún comentario perdido, el absurdo ha ganado la sala y todos nos distendemos un poco. La gorda se ha levantado sola y ello muestra que la discapacidad es un gran afluente de lastima.
Diez minutos más tarde entra otra vieja, quedan pocas sillas, alguien le dice, “Ojo que las sillas están flojas eh”, la señora desoye el consejo con una autosuficiencia envidiable y simula que muy interesada sigue el hilo de lo que Silvia está diciendo. Eso es imposible, esta señora ha llegado media hora más tarde que las 14 Hs iniciales y diez minutos más tarde que quien ha tomado la palabra inicial. La señora es alta y da la impresión de ser fumadora, su color de pelo es algo rojizo y además la vieja da la impresión de ser de esas señoras que usan un fósforo y lo guardan quemado dentro de la cajita y que sacan cera de sus orejas con el dedo para luego olérselos con toda la impunidad del mundo. Escoge una silla al azar, azar pequeño dado que quedan sólo tres sillas, continúa en ese intento de simular que escucha atenta y brrrrrruuuuuummmmmm, ¡zambomba!, la vieja presumida está en el piso, alguien le dice, “Te dije, cuidado con las sillas”. Todos ríen, nadie amaga a ayudarla, está muy lejos de mi posición en la mesa, lo cual tan tranquilo me deja, reímos todos, todos sentados, ella en el piso, intenta ponerse de pie, el discapacitado ríe también y por una vez en la vida el Ministerio de Seguridad es el lugar más igualitario del mundo.

7 jul 2011

Tensar la Cuerda

Por Nacho Fittipaldi
Al cabo del cierre de listas la lista de heridos es larga. Los hay de muerte y otros sólo sangran. El Neoperonismo encabezado curiosamente, no por peronistas sino por periodistas (Eduardo Feinmann, Luisito Majul, Joaquín Morales Solá, Julio Blank, Magda Ruiz Guiñazú y Alfredo Leuco, sólo por nombrar algunos) dice que el destrato y el mal pago a ciertos dirigentes del PJ “tradicional” es inaceptable y no tiene parangón. Es curioso que ellos estén tan preocupados por las prácticas metodológicas de un partido al que no están afiliados y al que en verdad aborrecen.
De este lado del rio, cabe decir que algunas cuestiones mencionadas por el Neoperonismo generan entusiasmos y algo de preocupación. Empecemos por lo segundo.
Riesgos. Tal cual lo sucedido durante la discusión de la Resolución 125, la manera en que se confeccionaron las listas como el dispositivo por el que los interesados se enteraron que estaban afuera (y afuera es, afuera de todo o en un lugar de la lista poco convincente, según la representación de sí mismo que cada dirigente tenga sobre sí, Julio Piumato por ejemplo no aceptó el lugar que le habían asignado) genera cierto alineamiento hijo de la tirria, entre actores políticos que no necesariamente están alineados y que el cierre de listas podría aglutinar. En 2008 fueron la Sociedad Rural, CRA, Federación Agraria y CONINAGRO conformando la Mesa de Enlace, hoy podrían ser los heridos de la CGT y otros dirigentes “tradicionales” del PJ que pululan amenazantes y refunfuñando como Goc y Mc Goc, aquellos enanos gruñones de Marechal en El Banquete de Severo Arcánjelo, jugando a ver quién llora mas. La coyuntura no es la misma, pero hay una lógica que esta presente ayer y hoy.
De aceptar ese hipotético escenario, o alguno semejante, la pregunta que cabría hacerse es si Cristina y Zannini son lo suficientemente torpes como para dejar tanta gente de garpe y, en tal caso, si era necesaria la confrontación. La respuesta podría ser: depende de lo que se quisiera hacer a partir del 11de diciembre de 2011. Esta respuesta abre la segunda cuestión, la del optimismo.
Me rindo ante el dialogo que extraigo de la novela de Jorge Asís, Los Reventados (1974). Este diálogo ocurre en Ezeiza el día que Perón vuelve a la Argentina:
-          ¿Así que hay tiros por el lado del palco? -preguntó Cristóbal.
-          Dicen que sí -Rocamora.
-          ¿Quiénes son?
-          Entre ellos -Rocamora-, los giles que se pelean por la Patria Peronista o por la Patria Socialista. Una discusión de putas, hay que dejarlos, con el que gane me prendo.
Este diálogo ordena hacia adentro de este gran movimiento que es el peronismo dentro del cual el kirchnerismo es una expresión (inicialmente) coyuntural de alcances insospechados y que justamente por ello, y no pese a ello, toma cautela sobre una regla de oro del peronismo: la dirigencia va con el que más probabilidades tiene de ganar y no necesariamente con el que mejor lo representa ideológicamente. Cristina parece haber confeccionado las listas teniendo en cuenta lo segundo más que lo primero. ¿Quién podría cuestionarla por ello? 
Optimismo. Sí hay razones para ilusionarse ellas provienen de creer que este modelo debe ser profundizado y que con un sentido estratégico estas listas han sido pensadas en tal sentido. Uno supone que ha habido un punteo, nombre por nombre, de qué diputados y senadores entrarían y cuales se están yendo bajo el gran paraguas de una rotunda victoria el 23 de octubre próximo. Una suma y resta de cómo quedaría conformado el Congreso de la Nación y cómo se alcanzaría el número para el quórum propio en ambas cámaras. Si ello es así, no es sólo porque Cristina no quiere repetir episodios como el que protagonizaron Carlos Kunkel y Felipe Solá, y no tanto por el vocabulario soez de Kunkel si no por lo que su insulto venia a desnudar: la traición. Traición y travestismo que al gobierno nacional lo ha castigado particularmente y con la precisión de la alevosía. Tensar la cuerda en este punto implica asumir el costo del paso dado. Tensar la cuerda es ubicar a cada uno en su lugar porque, una cosa son los aliados y otra cosa es la tropa propia. Quizás por eso va Mariotto a la Pcia. de Bs.As., por eso el petiso Ottavis y también Santiago Carreras. Ellos funcionarían como el reaseguro del kirchnerismo puro en el equilibrio inestable de la siempre pendular legislatura bonaerense. Colaboraran en la búsqueda del tan mentado trasvasamiento generacional. Todo esto implica otro gran riesgo en sí mismo. De un lado, la posibilidad de quemar las naves antes de tiempo; del otro, que se obture el proceso de incorporación, conformación y consolidación política de cuadros. Incluyo en el análisis la llegada de La Cámpora al Congreso de la Nación. El desafío es corroborar qué tanto puede articular esa juventud, no tan joven, en relación a la enorme expectativa generada. No obstante lo cual, el optimismo es alto.
Si en algo han sido grandes Néstor y Cristina ha sido en marcar el trazo grueso, esa la línea de costura por donde la política terminó, luego de 2001,  abrevando nuevamente en el pueblo. Si algo debemos asumir es que lo que queda por hacer para profundizar el modelo se va a hacer si, en ese tensar la cuerda, todos los actores políticos de fuste que han acompañado hasta aquí, deciden seguir haciéndolo en el lugar y desde el lugar que Cristina les ha asignado. Dentro o fuera de las listas. Esa disposición de fichas es riesgosa e implica asumir un costo que sólo es compensable si, como hasta ahora, Cristina decide gobernar para el pueblo, comunicándose directamente con él sin intermediarios y dándole vigencia diaria a ese sentimiento que sólo ella genera y que va de la admiración a la devoción, del llanto más sentido al afecto más cotidiano.

17 jun 2011

Planes que se van cayendo (Goya)

Por Nacho Fittipaldi
Fin de semana largo. Todo arrancó con la idea, ya vieja idea, de ir a Goya (Pcia. de Corrientes; lo aclaro Lucre porque no sé si todos saben dónde está tu pueblo) a pasar un fin de semana largo con Bruno y Lucre, en busca de Surubíes desmesurados, Dorados amarillentos y mates junto al río-charlado. Mili Barbieri me tantea para que vayamos con Pao rumbo a Maipú (Pcia. de BsAs; lo aclaro Gerva porque no sé si todos saben dónde está tu pueblo) yo le digo que no porque vamos a Goya. Mi primo Diego se encuentra en calle 6 y 48 con Pao, así yo me entero que él está trabajando en ARBA y Pao que el Lunes al medio día nos juntábamos a comer el cochinillo que yo tengo en el freezer. El Plan-Goya se cae por una muy mala noticia (ojala que todo salga bien Bruno). Pao le dice a Diego que nosotros no podemos porque el sábado a la noche nos vamos a Maipú, aceptamos la Propuesta Barbieri, toca Aristimuño y vamos a eso y a bancar a nuestro amigo que va como candidato a intendente y a su mujer que se caga de angustia en el pago que quizás le toque gobernar a su hombre. ¿Mili sería la Esther Goris de Bozzano? El Domingo nos vamos a Tandil a pasar el día del Padre con el Padre de Pao: Alfonso Cano, radical. Él dice que no va a votar a Ricardito porque se pasó de paja con el arreglo al que llegó con De Narváez, anti-kirchnerista y todo como es, va a votar a Cristina. Yo le digo “votá a Binner, Alfonso” (así dispersan los votos) y él me dice que va a votar a CFK, lo mismo le da y agrega que éste fin de semana, el día del padre, se van de viaje a Merlo y de ahí, en una conexión extrañísima, a Termas de Río Hondo. En el medio Ana Manzo me propone que nos vayamos a Merlo este fin de semana, hay unas cabañas hermosas en un pueblito llamado Carpintería y estaría bueno que vayamos con Pao, yo lo rechazo. Le pregunto a Alfonso si hay rutas para hacer ese recorrido extrañísimo y novedoso, él vuelve con lo de Ricardito (al que podríamos apodar Pucherito Alfonsín, esta siempre llorisqueando y dando lástima, es un león de la política que se alimenta a puchero) está dolido el hombre, y  que no van a estar para el día del padre, yo pienso: “por qué no se van a la puta que los re-parió, radicales de mierda.” Se cayó Goya, se cae Tandil. Entonces el sábado al medio día, después del bautismo de mi sobrina, nos subimos al auto y nos vamos a Maipú, el domingo volvemos a La Plata y el Lunes hacemos el cochinillo en la casa de un amigo que no va a votar a Vicky Donda, pero se le iría al cuello como cancho pa´el maizal. Mi amigo está a favor de la minería a cielo abierto y muy en contra de la explosión a cielo abierto de los volcanes Puyehues. La culpa es de Gioja.  El candidato a intendente de Maipú, me escribe ayer y me pregunta si nosotros iríamos igual aunque Aristimuño no fuera a tocar, tiene anginas. Sé que está probando mi amistad, yo lo consulto con Pao y decido defraudarlo. Mi amistad es endeble. Preferimos que Mili y Gerva tengan un buen fin de semana a solas, excepto que Martín esté con ellos, otra vez, ya sin saber a ciencia cierta si Maipú es La Plata o si Belén es Maipú, todo lo cual es altamente probable en él. Se cayó Maipú. Queda sólo el Plan Cochinillo, el horno de barro, mis primos, sus mujeres y mi hermano sin mujer, Pao y yo, un sinfín de propuestas a concretar en el futuro urgente que me ronda…

8 jun 2011

Labores incordiosas

Por Nacho Fittipaldi
Hay trabajos y trabajos. Para quien lo ejerce, todo trabajo es odioso. Sin embargo, aquel que asume que su trabajo es odioso, podrá ver que hay otros muy peores al propio. Quien trabaja en una panadería protesta porque los feriados caen siempre los días lunes, pero será sensato al evaluar que peor que eso es trabajar en un camión atmosférico o ser controlador aéreo. Los ejemplos abundan: guardia de seguridad privada en Irak, lavador de vajilla de un restaurante de 500 cubiertos (o sea 500 platos, 500 cuchillos, 500 tenedores, 500 cucharas, 500 copas), masturbador de ganado, operador de manejo de desechos médicos, operador de motosierras en el Chaco, buzo de la Policía Federal en la División Bomberos de La Boca, minero en Chile y los ejemplos podrían alargar esta larga lista.
Trabajar en la fotocopiadora de la facultad de humanidades de la UNLP, es uno de los trabajos más rutinarios que pueda haber y un generador de angustias infinitas. Fabio encuentra un descanso en medio de la jornada ajetreada, son las 15.45 Hs de un miércoles cualquiera y sabe que en quince minutos coincidirán todos los cursos en el recreo de las 16 Hs. Es una horda de jóvenes que estudian compulsivamente, salen a encargar los textos que sus profesores les han exigido para la próxima clase, como si de ello dependiera muchísimo, el destino de la patria. En las universidades argentinas las bibliotecas son poco frecuentadas, aquí trabaja con fotocopias. Es un delito, todos lo saben pero no hay tantas bibliotecas como para atender la demanda de tantos lectores, y peor que eso sería poner el precio de los libros al alcance de los estudiantes. En general encargan textos de Güattari, Deleuze y Derrida o cualquier autor europeo que jamás ha sabido qué carajo es la Argentina pero que aun así, los profesores se empecinan en enseñar obstinadamente. Los estudiantes universitarios finalmente, se gradúan expertos en categorías inapropiadas y temas que no pasan ni de cerca por estas latitudes. De un momento a otro Fabio debe fotocopiar doscientos treinta y tres textos de Güattari, lidiar con la carpeta de la materia que tienen textos en francés, la mayoría de los alumnos no lee francés pero los profesores obligan a que fotocopien de igual modo esos textos, aunque jamás los lean. Las fotocopiadoras van levantando temperatura a medida que las hojas se acumulan, como si los aparatos detectaran la maniobra delictiva y la expresaran en ese agregar grados centígrados al pequeño espacio en donde cinco personas atienden las demandas de estos futuros profesionales de la abstracción. En cuestión de minutos la fotocopiadora de humanidades se convierte en un inmejorable sitio para poner a levar una masa para pizza, el calor es agobiante. Alguien le ofrece un mate amargo, él no está familiarizado con ese sabor astringente y con esa costumbre poco higiénica, no ha aprendido a decir que no, Fabio acepta el mate que le ha ofrecido la muchacha de la chalina y el morral, mientras sigue haciendo copias ilegales. Se siente un delincuente pero sigue mecánicamente, una vez que la fotocopiadora se ha puesto en marcha nadie puede detenerla, este país no se compara con nada piensa Fabio, que debe juntar algo de dinero para viajar por las otras provincias que, le han anticipado, son tan maravillosas.  
Fabio trabaja extrañado, piensa que es muy raro que en todas las carreras de la facultad de humanidades no haya textos de Perón, se sorprende. ¿Acaso  no ha sido el personaje que ha transformado la historia de la argentina durante el siglo XX, no ha escrito una veintena de libros sobre filosofía y ciencia política? Fabio es español y en los siete meses de estadía que lleva en este país, ha comprendido ese tipo de cosas. De inmediato se fuga en otro pensamiento, se alivia de saber que este trabajo es sólo pasajero y que su destino es viajar, pero hay algo que lo inquieta, la fotocopiadora dicta el pulso de su reflexión, sigue, una voz desde la  multitud le encarga un texto de Jürgen Habermas, y él piensa en cuántos llamados recibirá por día el presidente de los EE.UU. Hoy ha muerto un operario de ferrocarriles en Seattle y es noticia en todo el mundo.

22 may 2011

La juventud que pisa el parquet


Yo he de volver como el día
para que el amor no muera
con Perón en mi bandera
con el pueblo en mi alegría.
¿Qué pasó en la tierra mía
desgarrada de aflicciones?
¿Por qué están las ilusiones
quebradas de mis hermanos?
Cuando se junten sus manos
volveré y seré millones. (Eva Peron)







Por Nacho Fittipaldi
Desde atrás del escenario las cosas se ven distintas, de entre los paneles que separan el escenario del público y las estructuras metálicas que sostienen casi todo lo colgante, los ojos de los militantes brillan más que cuando se está del otro lado junto a ellos. El micro estadio de Ferro esta atestado de compañeros, este estadio que ha sufrido la debacle del club probablemente no se llene así más que una vez al año. Permanecen inalteradas las impecables instalaciones, el piso de parquet de la cancha de básquet donde se realiza el acto engalana el lanzamiento de la Corriente Nacional Peronista, a la vez que ese estilo de piso remite, por razones obvias, al peronismo del ´40.
Desde aquí las banderas se ven distintas, están de frente, abiertas. Ese flamear compulsivo de trapos tiritantes de la JP Descamisados da ganas de avisarle a quienes las flamean, de decirle, “hermano aflojale un rato a la bandera porque te vas a esguinzar la muñeca”. La potencia de la juventud es misterio pero no trampa, estan criados con la idea de memoria, reconstruida. Así, las juventudes y las murgas vienen poblando los actos, las marchas, los encuentros, con demandas y protestas que también enarbolan los dirigentes que desde el escenario orientan los discursos hacia ellos, esta empatía es novedosa. En Ferro se podían ver las banderas de los compañeros de Jujuy, San Juan o Misiones, un trapo cualquiera dice “Con la Patria al Hombro,” no es diferente a lo que el género murguero (oriundo de Cádiz pero mixturado con música negra) reclama desde sus inicios: libertad. Mientras se proclama (o se festeja) con la patria al hombro, los compañeros que ahora pisan el parquet, parábola que emula y remite a la recuperación de derechos igualitarios, no lo usan para el fuego del asado señora, lo pisan sí, lo ensucian, saltan sobre el pero no lo prenden fuego, como reza la anécdota simia. Los procesos sociales se han complejizado, sabe; son cada vez más densos y consistentes. Mientras el acto avanza se observa que lo que los discursos expresan, está emparentado ideológicamente con las convicciones enunciadas en las banderas que no han cesado de mecerse en toda la tarde, o en la decena de canciones que se entonan sistemáticamente, como si las cuerdas vocales no reconocieran límites aparentes y como si no hubiera margen para el chamuyo entre militancia y dirigencia. Entonces la letra que se entona dice que a pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido. ¿Entienden eso los necios, tomaron nota? Las canciones cargadas de simbologías y de potentes figuras retoricas son utilizadas por compañeros de 16, 24, 45 o 64 años, indistintamente. En los trapos de los pibes, en los cantitos, en ese pisar el parquet esta la política de la unidad popular. En la dirigencia política la vocación de cambiar lo que aun no se ha hecho y reafirmar lo conquistado, en la murga La Gloriosa de Boedo o en los dibujos de Miguel Rep la expresión artística de ello. En la juventud que colmó Ferro el reaseguro de que el kirchnerismo es síntesis, la convicción de que lo que sucedió un 20 de mayo de 2011 es un punto de quiebre histórico, porque en un país en donde Hebe de Bonafini comparte la mesa central de invitados con la Ministra de Seguridad de la Nación, qué puede decirse luego de la potencia de semejante reencuentro simbólico.  Desde hace un tiempo a esta parte que no se ve tal confluencia de espacios, tanta sintonía y coherencia ideológica.
Pibes gritando con la mano en “ve” por la reelección de un proyecto que reasegure la profundización de un modelo que devolvió la vida política a un país que, primero había resuelto el desendeudamiento, al tiempo que juzgaba y encarcelaba a los genocidas dictadores. Luego de ello, esa misma noche, escucharon en voz bien alta la frase más reflexiva de Hebe en los últimos tiempos. Primero no dudo en decir que la política no era más esa concepción que sus hijos desaparecidos habían tenido, ya no las armas, ahora la revolución se hace de la manera en la que Néstor y Cristina nos mostraron en los últimos ocho años, “la revolución es lo que ustedes están viviendo.” Pero como si los aplausos y la efervescencia de los militantes significaran radicalización de declaraciones, Hebe avanza una vez más hacia un camino de grandeza de donde difícilmente regrese, no volverá, y suelta su ancha lengua mientras las arrugas le surcan la vida y le entibian el añejado pañuelo blanco, rostro sufrido de expoliaciones macabras, se sincera al fin y rompe corazones, “Las madres preferimos ver a un pibe feliz, con educación, con salud, con la asignación universal, bien alimentado, que ver a un milico preso”  Entonces el silencio invade sólo nuestras almas mientras que el estadio se cae en aplausos y a un costado una piba  de unos 22 años deja caer esa lagrima que venía conteniendo inútilmente. Es más sensata que este cronista que se contiene vanamente, sin saber qué merito persigue. Metros más allá también se encuentra llorando dese hace cinco minutos una vieja de 70 años; todos los pibes estallan en gritos de aliento, aplauden rabiosos como si pudieran con eso abrazar a las Madres de Plaza de Mayo y devolverle lo que los milicos les han sisado.  
La noche cayó terca sobre Caballito, Ferro ha sido un ejemplo de unidad popular de cara al futuro político. Usar carbón o leña para hacer asado, parece ser todo el aprendizaje histórico que otros nos endilgarán. Esos mismos parecen no comprender de qué va la cosa, nuestra juventud camina el parquet con plena conciencia del proceso sociopolítico del que son protagonistas mientras desde una grada perdida, allá arriba en lo alto cerquita de Néstor, el Rey Momo guiña un ojo y cobija ahora a la murga que se va.