2 mar 2016

El mar en el que nos miramos


Por Nacho Fittipaldi
Un viaje es una oportunidad. Este viaje, o viajecito, fue una gran oportunidad. Es una búsqueda, es un mirar al cielo y preguntar por qué, es sostener la mirada en ese cielo diáfano y oír el sonido de la rompiente. Entregarse a las preguntas sin respuestas de Piero e irritarse cuando las preguntas ya son doscientas catorce. Es comprobar que las preguntas sin respuestas se harán llanto en la ruta, que nosotros esconderemos el llanto ante nuestros hijos pero que no podemos escondernos entre nosotros. Manejo y al lado mío sé que Pao llora. No necesito preguntarle por qué. Ella solo sabe que estoy ahí. Cuando Piero despierta la risa es lo que suele prevalecer, cuando ve una laguna y dice “Mira papi un mar” o “Papi pone <<susurrar un disco viejo>>” frase de “Clara”, una canción de No te va a gustar que a él le gusta, cuando agrega que “esta canción es la canción triste que le gusta a mamá”, yo caigo en la cuenta de que esa canción es verdaderamente triste, que en otro contexto es una canción mas pero ahora no y que ninguno puede sobrellevar eso sin lagrimear. Mis anteojos de sol me protegen. Pao ni eso.
“Que lindo que era verlos caminando
un alma sola dividida en dos
la orilla de ese mar los encantaba
quedaba todo quieto alrededor
hermosa fue la vida que llevaron
la suerte no les quiso dar un sol
curioso es que su risa iluminaba
hasta el día que ese mal se la llevo”

Piero pide siete veces esa canción hasta que al final afloja y el Cd sigue su rumbo hasta la canción número quince en donde culminará como siempre. Después pedirá “Papi poneme pa-pa-pa para soñar” una canción de Lila Down bastante más alegre que la de NTVG. Sabino duerme y llora. La madre lo calma con galletitas Okebon y el niño amaina, luego la teta a un costado de la ruta en un parador medio derruido pero con sombra. La promesa (falsa) del mar y su cercanía es lo que oportunamente se le dice a Piero para calmarlo. ¡Está excitado y contento!
“(…) se queda con su foto en un rincón
y sueña encontrarla arriba
escucha susurrar un disco viejo
que su Clara una vez le regaló”
Cuando los nenes vuelven a dormirse, en el auto o en la casa, entonces aparecen las preguntas orales, mutuas. Francas, sin rodeos, certeras, dolorosas, inexplicables, sin respuestas. Todo será así. Este viaje estará atravesado por una ausencia y una incertidumbre inobjetable como el mar pero igualmente objetiva y certera como nosotros como familia. Estamos ahí, juntos. Es nuestra primera salida de a cuatro. Intercalamos momentos hermosos, como cuando Sabino bajó a la playa y zafándose de mis brazos gateó hacia el mar con la determinación de un guardavidas, con momentos tristes. Un viaje también es una oportunidad para corroborar como están los suyos y los suyos con uno. Ví que mi hijo mayor está hermoso, celoso, inteligente, lo vi corriendo en la arena conmigo y jugando a mojarnos a orillas del mar, corrimos carreras y lo dejé ganar, a instancias de Pao que dice que yo compito con él, lo vi perderse debajo del agua ante una ola mas alta que la resistencia que su cuerpecito podía ofrecerle. Me vi corriendo desesperado, después de haberme caído torpemente en un pozo, pero con la determinación de un guardavidas, para sujetarlo de un brazo, sacarlo como de adentro de un aljibe y abrazarlo fuerte para calmarlo y decirle que no pasó nada, que ya está, que ya va a pasar. Busqué con la mirada a Pao verificando que todos estén en su lugar, que esa amenaza de desorden se corrigió con mi corrida, torpe y todo; la vi allá, lejos, con la mirada en el celular en esa imposibilidad de salir de esa marea de información, imágenes, preguntas y conjeturas que la muerte ha dejado. Vi jugando a Sabino  en la arena con soltura de adulto. Lo vi comer Okebon con arena. Lo dormí en mis brazos y lo protegí del sol. Eso me hizo feliz. Después lo vi despertarse y su cara de dormido es como la de un jubilado que se levanta de la siesta para tomarse un té y ver Infama. Comprobé que Pierito está demandante y que esa demanda me incluye, eso me hace feliz, que se apene de haberse quedado dormido justo a la hora de prender el fueguito para el asado, “Y si, a veces me pierdo esos momentos” va a decir al día siguiente con lamento pero sin resignación. Con madurez, diría.  Que nunca querrá dejar de correr carreras que terminan dentro del mar.
“(…) se queda con su foto en un rincón
y sueña encontrarla arriba
escucha susurrar un disco viejo
que su clara una vez le regaló
la lleva bien pegada al corazón
se alegra de nunca despedirla
pero no va más por la orilla caminando
porque sabe que era hermoso entre los dos”

Un viaje es un momento y una serie de intentos. Mi momento es esa hora de la tarde en la que aparece el mate, el sol se pone y la brisa invita a ponerse un buzo y contemplar el mar. Con vos amor, hemos visto el mar y el atardecer de Perú, Ecuador y Colombia, hemos leído en silencio durante horas mientras fuimos dos, hemos reído y mirado esos mares besándonos, pensando destinos, recorridos, comidas y un futuro juntos. Un día, en el transcurso de un atardecer me preguntaste si quería tener hijos con vos, fue en Montañita, mi sorpresa amplia. En ese momento te dije que sí sin saber lo que eso implicaría para nuestras vidas. Hoy, mirando tiempo atrás, mirando a cada uno de ustedes a los ojos, hoy que vemos el mar de a cuatro yo te vuelvo a decir que sí, y mi momento es ese frente al mar, es este con ustedes en esa cortina de agua que viene y que va, dejando espuma, que te da y que te quita lo mismo que te obliga a reflexionar que esto es  hermoso y robusto pero que al segundo siguiente puede ya no estar o metamorfosearse. Su naturaleza lo hace intenso, quebradizo y no puede menos que llenarnos de inmensa alegría e igual dosis de temor, incertidumbre y desamapro. Las lágrimas son por eso. El intento, es hacer esos momentos interminables.

12 ene 2016

De la declamación al acto de gobierno


Por Nacho Fittipaldi

Intentaré no pronunciarme sobre la fuga de los presos, el papelón posterior, la famélica actuación de las fuerzas federales de seguridad y la andanada de las provinciales, ni de Heidi, más Heidi que nunca, ni de lo  tempranísimo que se destiñó Patio Bullrich, ni del apriete vergonzoso que se comió en vivo ante un notero promedio de TN. Tampoco de la multiplicidad de medidas tomadas en estos treinta días, ni la pertinencia o inconstitucionalidad de los decretos firmados por el presidente fisurado, ni tampoco escribiré sobre la fastuosa transferencia de ingresos y la nula incorporación de la noción de “pueblo” como universo probable de  políticas públicas; de todo se ha escrito mucho y bien.
Quiero detener el análisis sobre dos cuestiones referidas al gobierno nacional:
1) la lógica con que se ocuparon los cargos de gobierno.
2) la escisión entre el discurso de campaña y el ejercicio de gobierno.
Dentro de las novedades que implica un nuevo gobierno, siempre genera cierta expectativa ver cómo se van completando los cargos públicos de primera, segunda y tercera línea. En ese sentido fue curioso observar cómo esos cargos iban a parar a manos de gerentes generales de empresas multinacionales e incluso, más preocupante aun, vimos asumir a gerentes de empresas que además eran (son) competencia de mercado de empresas nacionales. Por ejemplo, Shell es competencia de YPF y LAN de Aerolíneas Argentinas. El conflicto de intereses allí es notable. Una pregunta con respuesta obvia es, ¿esos gerentes generales trabajarán desde la esfera pública para beneficiar el bien de las empresas nacionales en desmedro de las empresas privadas a las que están vinculados?
Sin embargo lo que quiero señalar es algo que está en el orden de la incomprensión, y esa incomprensión está dada por la dificultad (mía) de comprender la dinámica y la lógica con la que este gobierno viene tomando sus decisiones. En estos treinta días revueltos todos nos hemos preguntado al menos una vez: por qué; para qué; cómo es posible; con qué fin, ante cada medida o decisión desbocada que este gobierno implementa. La historia conocida y más o menos reciente de los partidos políticos muestra que ante una instancia de elección, sea municipal, provincial o nacional, un partido político cualquiera traza una estrategia de campaña para vencer y hacerse del gobierno; ocupar los espacios desde donde se ejercita y legitima el poder. Una vez allí hay tres objetivos muy concretos para alcanzar en el corto y mediano plazo:
a-    ocupar los cargos de gobierno con miembros del partido y/o la alianza de partidos que vehiculizaron el éxito electoral;
b-    llevar adelante las políticas de gobierno que se enunciaron durante la campaña y que generaron la adhesión del electorado hacia el candidato;
c-    lograr exitosamente el punto b y traducir eso en una plataforma electoral seductora de cara a las elecciones legislativas de medio término. En este caso particular las legislativas de 2017.
Pues bien, el primer punto para analizar es que el PRO se ha mostrado desinteresado en cumplir el punto a y ha asumido otra táctica. Más allá de la perfecta imposibilidad para cubrir todos los cargos públicos en provincia de BsAs, CABA, y el nivel nacional, lo que han hecho es pasar por alto una regla de la política convencional, entregaron a manos privadas los lugares que cualquier otro partido hubiera reservado para sus cuadros políticos, dirigentes juveniles, organizaciones sociales y/o agrupaciones políticas de variada índole; si bien Menem hizo algo parecido, debe decirse que lo hizo a escala de jardín de infantes. Ese dato no es algo menor, no lo es por lo antes dicho en relación al conflicto de intereses pero además porque implica el choque entre sistemas organizacionales y culturales. Y ello implica desde la verticalidad con la que se toman las decisiones hasta el objetivo supremo de la eficiencia y rentabilidad que priman en el sector privado y que son cuestiones más discutibles en la esfera estatal. A su vez implica asumir la responsabilidad de nombrar en cargos importantísimos a sujetos que tienen poca o nula experiencia en gestión pública; personas a las cuales ni siquiera conocen en términos personales según ellos mismos han confesado. Lo que se dice una moneda al aire.
Como instrumento de política es entendible si se presume que las privatizaciones al estilo años ´90 ya no son algo fácil de concretar, ni desde lo político, ni desde lo social, y mucho menso desde lo simbólico. Por lo tanto lo más oportuno parece ser gestionar desde el Estado a favor de lo privado antes que privatizar lo publico pagando el costo político de hacerlo evidente. Como estrategia es demasiado arriesgada como para que sea bien vista desde una teoría del Estado, digamos. En ese sentido lo que pulula en el inconsciente colectivo y habilitaría dicha decisión, sin que el PRO lo haya manifestado abiertamente, es que los CEO aportarán criterios de eficiencia, orden y rentabilidad a la gestión pública que, como hemos visto en estos días encuentra en el empleo público el punto de costura por donde el PRO ha comenzado la redada. Es curioso porque lo que está a la vista es un nuevo proceso de desfinanciamiento del Estado y endeudamiento, posibilitado a su vez por las políticas de desendeudamiento que dejó como activo la gestión anterior. Es decir que los paladines de la eficiencia, orden y rentabilidad, deberán administrar un Estado  desfinanciado por mérito propio. Tarde o temprano serán responsables de ello. Tal vez esa sea la jugada…no mancharse las manos.
En relación al segundo punto, “llevar adelante las políticas de gobierno que se enunciaron durante la campaña”, también hay un manto de sospecha. Podríamos decir que están a mitad de camino. Si se tiene en cuenta que gran parte de la campaña se apoyó en la idea de cambiar las “formas”, parece insólito el desacompasado perfil decretista que viene desarrollando el PRO. La virulencia con la que se toman ciertas medidas parecen dejar al desnudo otro novedoso fenómeno: Macri no reconoce vínculo contractual con su electorado. Si bien le ha pagado mucho y bien al sector agroexportador ha recaído en aquello que le endosaba a Cristina, su autoritarismo y exceso de presidencialismo. Macri se deslindó velozmente de sus dichos de campaña, está lejos de reconstruir la supuesta ruina en la que se dejaba la Republica. En cambio parecería ser que Macri usó al electorado para ganar la elección y desbarrancar a CFK sin contraprestación alguna. Al mismo tiempo que su electorado usó a Macri para sacarse de encima a CFK y las “formas” kirchneristas. Macri parece no reconocerse en aquél dirigente de campaña, ni en sus promesas, y el electorado no reconoce a este Macri como aquél de la campaña. El objetivo está cumplido para ambas partes pero implica un riesgo que es, a corto plazo, el descredito y la pérdida de apoyaturas.
Finalmente el tercer punto tiene que ver con la perdurabilidad política de este experimento político que consiste en asumir las consecuencias negativas de sumar el punto a y b. Si bien es prematuro hacer análisis sobre cómo seguirá este ensayo político, es indudable que sus posibilidades de obtener mayoría legislativa en la cámara de diputados de la nación y equiparar su fuerza en el senado nacional está sujeta a qué y cómo haga las cosas el PRO. Las medidas de gobierno conocidas hasta el momento tienen consecuencias negativas. Esas consecuencias aun no mostraron la totalidad de la forma, ni su volumen, ni la expresión social del conflicto. Por ahora hemos visto la represión como moneda de cambio ante la manifestación del conflicto.
Pasadas las vacaciones, terminado el comportamiento inercial del consumo de 2015, llegará la mochila escolar que vendrá con un fuerte incremento de precios, sumado al aumento de las tarifas de servicios públicos que llegaran entre febrero y marzo, el aumento de la educación privada y transporte, las paritarias que recién llegarán en abril o mayo y que el propio Prat-Gay indujo a cerrar por debajo de la pauta inflacionaria acumulada entre noviembre y el mes de paritarias. Miguel Bein pronosticó una inflación anual del 36% y paritarias del 28%, habrá que ver cómo se perfila el accionar político del PRO ante este posible escenario. El conflicto social es, en ese contexto, inevitable. Su dimensión, incierta.
Parece complejo imaginar cual será el dinamismo de una economía con caída de la actividad económica, caída del poder adquisitivo principalmente en sectores medios y bajos, disminución del “gasto publico” y evidentemente aumento del desempleo y por lo tanto de pobreza. Las medidas de gobierno que impulsa el PRO no muestran cual es el objetivo, la razón, lo recomendable de llevarlas adelante, su esquema de alianzas con las corporaciones no garantiza, ni resuelve, su perdurabilidad en el poder aunque sí su impunidad temporal; y por el contrario, hasta aquí su forma de desenvolverse va en sentido contrario a lo enunciado en la campaña, lo cual lo aleja en cierta medida de su propio electorado (no de todo) y de sus alianzas partidarias; las consecuencias de sus medidas económicas van en perjuicio de sectores mayoritarios de la sociedad que en los últimos años asumieron como dado que el acceso a ciertos derechos y a la manera de hacer uso de su salario era algo inmanente a la ideología en la administración del Estado.
En síntesis, el PRO se muestra hasta aquí como un espacio político, laxo, elástico, desfachatado y autosuficiente. En él abrevan una cantidad de actores políticos, económicos e institucionales que son de difícil mixtura. La amalgama necesaria para que esa vinculación entre unos y otros sea sin cruzar el interés de todos ellos es algo que requiere de una pericia política que el desenvolvimiento  político en relación a la búsqueda de los fugados del penal de Gral. Alvear desmiente. Cuando Techint, la Sociedad Rural, CRA, la UIA, la banca privada local y extranjera, las cerealeras, reclamen lo suyo, se verá que la batería de medidas orientadas en sentidos contrapuestos conocidas hasta hoy no equivale a un modelo de desarrollo. Allí se comprobará la dificultad de construir un espacio político sin identidad propia basado en la sumatoria y multiplicidad de apoyaturas. La distancia entre un formato de política especializado en comunicar más que en gestionar. La problemática de comprender que ya no alcanza con la denuncia retroactiva ni la mera experiencia como oposición. El arduo recorrido que va de la declamación a la más mundana relación con los intereses reales y concretos de la economía y sus actores determinantes en conflicto. Hasta ahora el PRO  ha decidido meterse con los más débiles. Llegará la hora en que no. Por el armado político que está a la vista, no se entiende ni por dónde ni cómo harán frente a ese cercano escenario. La pulsión política del PRO es una incógnita, una medusa con cuerpo de mulita y la cara del mago sin dientes. 

21 dic 2015

La legitimación de Macri


Por Nacho Fittipaldi

Hagamos un alto, suspendamos los juicios sobre los nombramientos del gabinete y pensemos sobre la naturaleza estratégica del accionar macrista. Pasemos por alto el fatigoso andar de Macri en estos pocos días y el consejo de que si no le avisan que esto dura cuatro años la va a quedar en la primera de cambios. ¡Presidente Mau, guarda la tosca!
Si miramos la historia reciente, del fin de la dictadura hacia adelante, vamos a ver que los presidentes de la democracia recuperada fueron reiterativos y trazaron una estrategia coincidente en relación al pasado. De Alfonsín a Néstor, todos usaron como pivote de base lo negativo que su antecesor le había dejado. Eso que conocemos como <<la pesada herencia>>.
De manera muy esquemática: Alfonsín construyó su legitimidad alrededor de la lucha contra la violación a los DD.HH, el pésimo ensayo del delirio Malvinas, la libertad reconquistada y la reconstrucción del sistema democrático.
Menem se legitimó como un presidente que puso fin a la hiperinflación, generó un shock de consumo mediante la convertibilidad que también vino a reformar el Estado.
De la Rúa intentó construir sobre la base de la corrupción menemista, su impunidad, el canal de legitimación propia.
Néstor se legitima  a partir de la recomposición del mercado interno, el desendeudamiento externo, la bandera de los DD.HH, la creación de millones de puestos de trabajo, tenía tras de sí los indicadores más elevados de desocupación, desempleo y pobreza de la historia argentina que el Neoliberalismo le había heredado. Un presidente escapado en helicóptero es un punto de temporalidad histórica hacia donde no se debe volver la vista atrás.
A diferencia de todos ellos, Macri construye un discurso electoral primero, de gestión después, en el que el cambio se refiere a las formas y también implica una sugestiva, prometida, continuidad. En el post-kirchnerismo gubernamental no hay catástrofe económica sobre la que erigirse, la idea de la <<dictadura k>> no logró asentarse lo suficiente ni hacerse creíble en la sociedad y cayó finalmente rendida,  ridícula, ante la escasa diferencia de votos por la que ganó el candidato de Cambiemos ante la amenaza de fraude. La argentina quebrada es una figura que la pagina web del Banco Central del día de hoy desmiente al señalar que hay reservas por 24.270 millones de dólares. La corrupción K es un latiguillo que al lado de lo de Brasil parece un corso a contramano, y en todo caso el macrismo no puede desentenderse de lo que comprende tan bien.
En este sentido Macri parece haber elegido un punto desde donde pivotear, a mi juicio incorrecto, en el que las formas parecen más significativas que la política misma que la forma desconoce. A la larga, o la  corta, el cambio que Macri práctica, por un lado pone en duda su propia supervivencia de gobernabilidad; por otro pone en duda su propia imposibilidad de trascender su naturaleza ideológica y darle gobernabilidad a su gestión. No parece más audaz que torpe permitirse cambiar lo que está bien, al tiempo que lo que hay para cambiar no le garantiza larga vida. Por el contrario, está cambiando justamente aquello en lo que su predecesor ha sido exitoso y plantea variaciones de forma en un contexto en el que, algo tangible como los alimentos, duplican el precio en un 2015 en el que la inflación, tantas veces criticada al kirchnerismo, había logrado controlarse y reducirse. Hasta el momento ningún gobierno que carcoma de un día para el otro, el poder adquisitivo de la mayor parte de la sociedad ha recorrido con éxito e hidalguía su gestión de gobierno. Si se tiene en cuenta que esto ha sucedido en solo una semana de gobierno, auguro tiempos violentos. Desde las bases sindicales que asumo como independientes de un posible arreglo con las cúpulas, sumado al alto nivel de movilización social que, por ejemplo, el escenario de balotaje dejó al desnudo, y un conflicto latente con el sector informal de la economía que verá retraer los elevados niveles de actividad económica que el kirchnerismo también vehiculizaba. El fin del gobierno de De la Rúa, los asesinatos, la represión, el helicóptero son un resultado y una experiencia conocida que puede aflorar en cualquier momento.
Macri inicia su ciclo político derribando lo que su antecesor había logrado, en Macri no hay reconstrucción. Hay transferencia de ingresos del sector público al privado. Ese pasaje de altísimo consumo interno a la pérdida del poder adquisitivo, y de ahí a la recesión, no puede ser menos que el sendero que le marque el límite, el encorsetamiento, el camino de salida de su regreso a la ortodoxia. El cómo y el cuándo es algo que está por verificarse.

Macri podrá legitimarse ante las corporaciones, el sector financiero y el complejo agroexportador, pero no puede legitimarse frente al pueblo porque eligió darle la espalda, gobernar para las minorías, y de ahí a la catástrofe hay solo pasos históricos de diferencia que la represión suele justificar a punta de pistolas y carabinas, no de diálogo, ni consensos ni alegría, esa alegría esfímera y pálida que sus rostros tan bien transmiten.  

24 nov 2015

¿Qué pasó?



Por Nacho Fittipaldi 

Pasó que creamos una ley denominada PASO y nos la pasamos por el orto.
Pasó que se eligió un candidato al cual nos habíamos cansado de mancillar  y luego nos cansamos de acicatearlo y proclamarlo como la garantía de la continuidad.
Pasó que desintegramos la unidad que alguna vez expresamos, y solo fuimos capaces de mostrar unidad cuando ya no había conductores a la vista.
Pasó que lo hecho en términos de gestión de gobierno, sobrepasó la capacidad de comunicar.
Pasó que falseamos las instituciones y después perdimos crédito para mostrar verosimilitud en lo que decíamos y hacíamos.
Pasó que muchos, muchísimos, se cansaron de oír los derechos a los que accedían, y la forma en la que se lo decían..
Pasó que los que accedieron a derechos y mejoraron su bienestar se encabronaron porque desde un determinado día tuvieron que declarar la totalidad de sus ingresos para comprar una cantidad limitada de dólares.
Pasó que los que viajaban a Europa y al Caribe, una, dos, veces al año se enojaron porque no llegaban a las tres veces anuales.
Pasó que el 35% de trabajadores en negro nunca pudieron registrarse formalmente.
Pasó que los trabajadores que pagan ganancias se enfadaron por tener que pagar ganancias al tener salarios predominantemente superior al común de los trabajadores.
Pasó que recién el ultimo año pudimos hacer bajar la inflación.
Pasó que el arco opositor mediático nunca registró esa baja en sus líneas editoriales.
Pasó que los que nos votaron en el balotaje no nos votaron en primera vuelta.
Pasó que una mala gestión de gobierno en la Pcia de BsAs nunca es algo que sirva para mostrar como logro en la campaña.
Pasó que la campaña fue una desafinación constante de aciertos.
Pasó que como no hubo PASO todas las discusiones se dieron después de la primera vuelta, en público y por televisión.
Pasó que hay una generación entera que no sabe lo que es el Liberalismo y el Neoliberalismo.
Pasó lo que dijo Aristóteles: <<Nada dura menos que el recuerdo del beneficio>>
Pasó que en la Grecia Antigua también había clases medias.
Pasó que <<El kirchnerismo te lleva al Paraíso, pero te lleva a patadas en el orto>>
Pasó que todos queremos llegar al Paraíso pero no todos aceptan las patadas.
Pasó que en los últimos años hubo más patadas que Paraíso
Pasó que nos olvidamos de la gente, gobernar para la gente cerca de la gente.
Pasó que el 54% era de Cristina y no de Scioli.
Pasó que pasaron cuatro años de ese 54%.
Pasó que el mundo se cae a pedazos y nosotros ni enterados (casi)
Pasó que el Peronismo dejó de ser una categoría para convertirse en un tumulto de cosos y un territorio en el cual vale todo.
Pasó que, por casualidad o mala intención, Scioli se convirtió en el candidato luego del 25 de octubre.
Pasó que algunos jugaron a perdedor.
Paso que algunos creen en la linealidad de la historia.
Pasó un silencio crudo y cruel del sindicalismo.
Pasó que fraccionamos el sindicalismo.
Pasó que no hicimos nada con las policías y hoy son tan bravas como siempre, y tan dispuestas a reprimir al pueblo después de la devaluación.
Pasó que quedamos a mitad de camino en la historia. No hicimos la revolución y no nos animamos a morir con las botas puestas.
Pasó que las botas son prestadas.
Pasó que perdimos el 25 de octubre.
Pasó que nos enfrentamos a una extraordinaria campaña pensada para enfrentar a lo que el kirchnerismo representa.
Pasó una extraordinaria movilización de las bases pese a la operación de prensa que marcaba a Macri ganando por once puntos.
Pasó que a pesar de todo eso sacamos el 48, 60%.
Pasó que como nunca se re dimensiona la muerte de Néstor.
Pasó que somos contemporáneos de la figura política mas potente después de Juan Perón
Pasó que con lo bien y lo mal hecho, estos doce años dejan un piso altísimo de derechos (incluso para los que votaron a Macri) y un nivel elevado de conciencia y de movilización social.
Pasó que todo eso no alcanzó esta vez.
Pasó que esa generación que no sabe lo que es el Neoliberalismo, hizo caso a lo que la misma CFK había dicho: <<No sientan que le deben nada a nadie>> y nos votaron en contra…


28 oct 2015

La inocencia no mata un pueblo pero tampoco lo salva


Por Nacho Fittipaldi

Hay una pregunta que ronda mi cabeza hace años. Es la misma siempre. Como un sueño recurrente y recurrido vuelve a mí cada vez que sucede algo inesperado. Una pregunta injusta pero urgente. ¿Y si los equivocados somos nosotros?
¿Qué pasa si los que estamos pensando mal la Argentina somos nosotros? ¿Tenemos derecho a imaginar siquiera que es lo mejor para los otros? Esos otros que a menudo denominamos <<pueblo>>, que suponemos en condiciones socioeconómicas complicadas, disminuidas, culturalmente deterioradas y simbólicamente destruidas. Si llevamos esas preguntas, o estas reflexiones al plano de la política veríamos cosas interesantes.
Por ejemplo, por qué y cómo es que una chica como Vidal ganó en la provincia más “peronistas” de todas y a la sazón, el 37% del padrón electoral nacional. Su cara de sorpresa cuando se entera que ganó es sólo comparable con la alegría y perplejidad con la que el personaje de Birgitte Nyborg gana la primera magistratura en la serie danesa Borgen. Cómo es que Macri sacó el 50,55% en la CABA y Scioli el 37,13% en Pcia. de Bs.As.

¿Nos alejamos de la gente (me gusta más la noción de pueblo pero eso implica un destino común), en la gestión y en la calle? ¿Gestionamos mal y la campaña transcurrió en los medios y no en los barrios? Ellos con el discurso del cambio, en verdad, regresaron a lo histórico del peronismo: la militancia barrial. Lavadita por cierto. Pero al menos alguien tuvo la idea de decir, <<¿y si vamos casa por casa?>> Les tocaron timbre o les golpearon las palmas y al salir vieron el rostro de una muchacha con cara de farmacéutica que les prometía todo lo que les faltaba. Y en situación de hastío y desesperanza por qué no creer, por qué no ilusionarse, si además es mujer en un territorio de machos mal educados que además hozaron utilizar la misoginia en algunos de sus comentarios como forma de neutralización política. Digamos, los 320.000 cortes de boleta en la categoría gobernador y los 735.000 votos en blanco en igual categoría, ayudan a explicar por qué perdió Aníbal pero solo eso, y ese <<eso>> no explica el todo. Hace ocho años que somos gobierno. Es el síntoma de algo qué hay que analizar. No podemos ganar el balotaje sino analizamos los resultados de octubre.
Por otro lado me parece que dimos por hecho (lo seguimos haciendo), que todo el mundo sabe y coincide en qué es, cómo se compone, cómo se construye un modelo de desarrollo y qué implica destruirlo. Dimos por sentado que la tracción de CFK llevaría a Scioli a la victoria, suponíamos que Scioli sumaba los votos del FpV (desgarrado y todo) más los votos propios (esos que lo dejaron en el camino a Randazzo) que ya habían sido puestos en duda en las PASO, esa fue la primera señal de alerta, desoída por cierto. En las PASO se esperaba superar el 40% y no se llegó al 39%. En octubre se suponía que llegábamos al 40,1% y llegamos al 36,86%. Evidentemente la lectura política estuvo lejos de la dimensión que una elección presidencial requiere. Todos descansamos en el poder simbólico de CFK, su imagen positiva, su nivel de aprobación en la gestión, Pensamos que la gestión de ella era la gestión de él. Pero tampoco tiene mucho sentido ungir a un candidato para dejarlo luego en soledad.


Sin embargo, lo más complejo es desarticular la operación político-cultural que le permitió a Macri hacerse con el 34% de los votos a nivel nacional. Y esa operación es cultural porque se vale de una instancia mediática, simbólica, de clase. Macri logró sacarse de encima su sayo neoliberal, (¿o tal vez nuestra memoria sólo esté formateada para pensar los ´70?), la parte del electorado que lo votó en gran medida no sabe quién es Macri, qué hizo en la CABA, qué va a hacer si llega a presidente, qué implica ser neoliberal. Macri ha perforado el estrato de los sectores más humildes en la CABA y vuelve a hacerlo en Pcia de manera contrastable, ese dato sirve para comprender por qué le quito votos a la alianza PJ-FpV, y eso se puede lograr sólo si Macri, como candidato, muestra algo que justamente, no es: Un estadista; un político que cree en la intervención medida del Estado; en la acción mixta del Estado (sector privado + sector publico); la mixtura de un empresario exitoso (él es hijo de un empresario exitoso) que abreva en la política, no para enriquecerse sino para ayudar a los desposeídos, <<soy un servidor>>, suele decir. Además luego del ajustadísimo balotaje de la CABA le agregó la peronización de su discurso. Anunció que no re-privatizaría YPF, ni Aerolíneas Argentina, ni los fondos de jubilaciones y pensiones, ni Fútbol para Todos, etc; y concluyó con la inauguración de un monumento a Perón. Un sector muy significativo de la sociedad le creyó. Macri logró sacarse la imagen de antiperonista. Tengo la certeza de que <<Mauricio es Macri>>, como dijo Néstor, pero el punto parece ser que Macri logró dejar de ser un cuco neoliberal/antiperonista para ser alguien más amigable, conciliador, Vidal vehiculiza eso, menos dañino para el peronismo, se dio cuenta (él no, Duran Barba) que al abrigo del Peronismo se obtienen más votos, y eso es lo que está funcionando, sobre ese dispositivo aplicado en los medios que lo preservan de él mismo, esa es la madeja que hay que resolver, no sé si estamos a tiempo porque la sumatoria de errores cometidos es voluminosa, y hay que agregarle los errores que estamos cometiendo. No sirve intentar relacionar a Macri con todo lo de los ´90 porque hay mucho de la estética menemista que encanta al pueblo y que no significa nada para muchos de los pibes que tenían 5, 10, 15 años de edad en esas épocas, ni para los muchos que hoy se enferman por no acceder a la libre compra de dólares. Hay que confrontar a Macri con su propio él, con sus contradicciones resientes, mostrar sus titubeos, sus conflictos ideológicos, las consecuencias prácticas de lo que propuso y se arrepintió. Macri es menos antiperonista que hace cinco años atrás y dio esa voltereta por una sola razón: la sociedad argentina es menos antiperonista que unos años atrás (tal vez sea más antikirchnerista). Macri lucra con su antikirchnerismo, no con su antiperonismo, eso hay que entenderlo porque no es un dato menor. Él viene haciendo campaña en ese sentido. 

21 oct 2015

Choreo de identidad peronista



Por Nacho Fittipaldi

Recientemente apareció en Revista Anfibia un test que mide el nivel de peronismo en sangre. Convencido de mi fe, me sumergí en ese juego y alta fue mi sorpresa cuando el resultado me dio un escaso 69% de peronismo en sangre. Me quedé con la sensación de que algo andaba mal, no por mi baja performance, mas bien por lo que había sentido al hacerlo. Tuve esa incomodidad de cuando te cobran por demás, de cuando el del kiosko no tiene cambio y te dice <<¿te jode si te quedo debiendo cincuenta centavos?>>, de cuando te roban el celular en el micro y vos no te das cuenta en el momento pero presentís que alguien te afanó. Yo me sentía afanado en mi pertenencia. Volví al test y lo re-hice, no marqué las opciones de vuelta sino que mentalmente repasaba mis respuestas y me daba cuenta que mis elecciones no eran negociables. Entonces comencé a analizar las opciones y ahí encontré al ladrón. El ladrón es el que diseñó las consignas y sus opciones posibles.
La cosa es así. Si yo le pregunto a una persona cualquiera dónde desea veranear, esa persona dirá un lugar posible, a su libre elección y deseo: Carlos Paz, París, Mar del Plata, Iguazú, Santa Teresita, Salta, Quito, Rio de Janeiro, Las Toninas, Cariló, etc. Ahora, si yo pregunto: “Como peronista que sos, dónde veranearías” eso condiciona la respuesta a sabiendas de que el sustrato anti-peronista ve con malos ojos que el peronismo veranee en París, o en Cariló, por dar solo dos ejemplos antiperonistas. Además, el peronismo no puede veranear en Paris, ni material, ni simbólicamente. El test parte de consignas que no son estrictamente políticas, sino mas bien sociales, culturales y simbólicas. Por lo tanto todo el tiempo uno se bandea entre lo que desearía, lo que efectivamente hace, y lo que lo salva de la espada anti-peronista. Cuando Perón mudó a Mar del Plata y Chapadmalal el turismo de los trabajadores, el odio de la clase alta se esparció como un gas pimienta. Cuando Hugo Moyano manifestó su interés de hacer un hotel en Punta del Este para camioneros, supongo que los precios de las propiedades “en el Este” cayeron en picada. Fue una amenaza, muchachos. Este test provoca una sangría en la tensión existente entre peronismo y kirchnerismo. De tal forma que ante la opción <<¿Qué pones en la parrilla cuando haces un asado?>> uno tiene que elegir entre:
1 - Mollejas, entraña y vacio
2 - Chorizo y asado de tira
3 - Mix de verduras y pollo sin piel
Es evidente que quien elija la opción tres no es peronista, un peronista no puede comer pollo sin piel ni mix de verduras, excepto que esté constipado; ningún argentino puede comer pollo sin piel a la parrilla, es como comer sándwich de arena. La opción dos es infrecuente, falta algo, algo mas para acompañar el asado, otro corte, sabido es que la tira de asado trae poca carne y mucho hueso. No rinde. Queda la opción uno que es la menos peronista porque es abundante y cara. Las mollejas valen más que el dólar blue, la entraña es un corte que está de moda, se puso de moda durante la década ganada, y también cuesta bastante dinero. Se sirve como plato gourmet en Palermo y Las Cañitas. Quien elija la opción tres estará sujeto a ser señalado como kirchnerista pero no como peronista. El test no arroja resultados sobre kirchnerismo pero es lo que esconde.
Otra consigna es <<¿Dónde te sentís más cómodo haciendo compras?>> Las opciones son:
1-      Un shopping
2-      Una feria americana
3-      Un outlet
Otra vez las opciones son capciosas, solapadas. ¿Quién puede sentirse cómo comprando en una americana o un outlet? Se va ahí por necesidad o estrategia pero no por comodidad o deseo. Uno quiere comprar en un lugar lindo, con opciones, con variedad de precios y calidades, uno no elige comprar ropa usada o de segunda. Entonces la opción del shopping es la más sensata pero la menos peronistas. Estos hijos de puta nos volvieron a cagar. ¿Se dan cuenta de la trampa? Para ser peronista hay que elegir lo feo, lo barato, lo incómodo, lo cursi, lo grasa.

El test todo el tiempo da estas falsas opciones que hacen que uno se vaya por el lado de la angustia. ¿Qué soy? ¿Qué creerán que soy? ¿Qué dirán que soy estos hijos de un malón de putas? El test está hecho para que nadie saque el 100% de peronismo en sangre, para que nadie se sienta cómodo en su sitial, para que nadie se sienta peronista luego de hacer el test, y siempre quede la sensación de que nunca alcanza. De que no alcanza con parecerlo, hay que serlo. Y serlo es el peor lugar.  

Acá el test http://www.revistaanfibia.com/test-peronista/

3 sept 2015

El pasado en los ojos

Por Nacho Fittipaldi

Días pasados estaba en Arana y Belgrano haciendo compras y de repente apareció en mi campo visual una persona que me hizo dudar de todo. Estaba acompañado de otras dos personas que lo ladeaban, me sentí en otra época. Viajé a mi infancia y recordé el mal que había hecho. Sin culpa en el presente afiné la vista, la difusa luz me obligó a reconsiderar la situación, era nochecita y desde dentro del auto mi campo visual se hacia angosto y profundo, dudé. <<No puede ser –pensé- tiene que estar muerto>> Era una de esas personas que formaron parte de ese círculo lejano pero cotidiano, ese contorno de sujetos y lugares que son la niñez y adolescencia. Caminaba con dificultad y vi que a su lado su mujer (que también debería estar muerta) y su hijo lo ayudaban a desplazarse; a falta de un lazarillo buenos son los hijos. Era El cieguito, ¿lo recuerdan? El cieguito era un tipo que no veía, o veía poco y nada. Tenía un kiosco al lado de la Esso que está en Arana y Belgrano, hacia el lado de La Plata, sobre el camino Belgrano. Era un negocio raro, sin mucha mercadería, con un olor a encierro característico, tanto más pequeño y menos exitoso que el kiosco de Pertuso que aún persiste pero cuyo inicial dueño, el viejo Pertuso, todos hacemos fenecido. El kiosco del cieguito tenía una singularidad…era atendido por él. Ciego y todo se sentaba en una silla al final de un pasillo y esperaba el sonido del timbre que lo alertaba sobre la presencia de un cliente. El cieguito atendía por una pequeña ventana cuadrada de unos 50x50 que permanecía cerrada por dentro hasta que él la abría. Luego se le solicitaba lo que uno necesitaba y él iba a buscarlo. Detalle: dejaba la ventana abierta. Cada tanto a mi me alzaba un amigo, le decíamos que queríamos algo que estaba muy lejos de la ventana, y cuando estaba bien lejos yo metía la mano por la ventana y robaba alguna golosina. Al oír el  ruido El cieguito volvía rápido hacia nosotros con un grito corto y seco,  <<Salga de ahí!!>>. No nos insultaba. A veces lo ayudaba su mujer, y cuando ella estaba había que abortar la operación hurto. Tomaban té y mate y comían galletitas. Me pregunto cómo hacía él para distinguir todos los pocos productos que había en el kiosco. Con el dinero es mas fácil porque vienen con un sistema que les permite a los cieguitos saber qué billete tienen entre manos, pero la mercadería no. ¿Distinguiría plástico por plástico, sonido por sonido, tamaño por tamaño cada producto? Incluso ordenando sistemáticamente la mercadería en un mismo lugar, tiene que haber sido una proeza distinguir todo aquello. Por algo se re-nombró como personas con capacidades diferentes a lo que antes se llamaba discapacitados. Y como dijo Piero el otro día <<Mamá, te imaginas si vos no estas, papá y yo no encontramos nada?”

El cieguito, su mujer y su hijo, tenían una peculiaridad: Parecían de otra época. De otro siglo. Usaban ropa tejida por la señora que, si no recuerdo mal era portuguesa, a medida que escribo la memoria va aflorando como el  barro después de la inundación. Además usaban ropa muy abrigada independientemente del calor que hiciera, eran blancos, blanquísimos como si el sol los dañara. De golpe avanzan y pasan por un lugar con mas luz y entonces corroboro que son ellos, El cieguito, su mujer y su singular hijo. Porque, El cieguito y su mujer son personas hoy viejísimas, pero 25 años atrás también eran grandes para mí, o sea que era normal que yo las viera como <<antiguas>>. ¿Pero el hijo? El hijo, no. El hijo parecía contemporáneo a ellos y eso no podía ser, tiene mi edad, si era el hijo ellos deberían llevarle 18 o 20 años. El hijo atrasaba el calendario al estar con ellos, usaba su misma ropa, comía la misma comida, dialogaban de las mismas cosas de adultos, movía su intestino igual que sus padres y era ensombrecido por aquella cosa gris que la ceguera propaga. Hoy el cieguito tiene algunas canas más que las que tengo yo, que son muchísimas más que las que él tenía a mi edad, su hijo sigue igual de antiguo pero sin canas, debe tener mi edad, visten igual que siempre y viven sin sol, andan muy campantes desafiando la atención de los vecinos que no dan cuenta de lo que sus ojos ven.