4 may 2012

Yo estuve ahí

 Por Nacho Fittipaldi

¿La novedad es la felicidad? Ayer fue un día de enorme felicidad. Enorme. Gracias a los círculos de la historia, no quiero dejarle solo a Dios esa responsabilidad, cada uno de los que lee este relato, esta puesta en común de sentimientos, esa manera visceral de colectivizar mis expresiones más sentidas en el vizcacheral, todos nosotros somos testigos de un momento de la historia que a nuestros hijos, o nietos, deberemos relatarles, así como mi tío Víctor me contaba hace un mes atrás, acerca de lo que se decía de Perón y de Evita en sus días de gloria y odio.
Con la recuperación de YPF ayer se abría un día largo. Salí para BsAs tipo 9 AM, bien perfumado, bien vestido como si la celebración fuera un bautismo, escuchando por radio, el anuncio de lo que me iba a tocar vivir en carne propia. Cargue Nafta Súper en la estación de servicio de 60 y 122 y corroboré que desde hace unos días, hay Nafta Súper disponible. Pero mi felicidad es más extendida, me viene de poder estar en ciertos lugares con ciertas personas, con compañeros y amigos, trabajando duro pero sin perder la alegría, esa risotada cómplice que entre desconocidos pasa por altanería o crudeza pura. Viene de reencontrarme con entrañables compañeros y la inusual casualidad, sí es que lo es, de reencontrarnos ahora. Pienso en Martin, pienso en Javi y Silvi, en Oporto y sus "secuaces". Pienso en Mili y su capacidad de trabajo, ahora desdoblada en mamá que amamanta mientras conduce (o quiebra) una reunión, y a la vez escribe en una computadora y habla por teléfono y Simón se caga, o duerme como un angelito, ambas cosas las hace como un angelito, y hay que cambiarlo y Simón va a parar a distintas superficies planas de la oficina de Gerva, hay que cambiarlo ya, y hay resoluciones firmadas, hay comida, hay uvas, hay mate, hay diarios por todas partes y C5N está todo el día ahí, en la televisión encendida y creo que ellos nos miran a nosotros y todo lo nuestro es más interesante. Esa dimensión en la que un lugar tan ajeno como el congreso de la nación te pertenece un poco cuando al girar en un pasillo teencontras con alguno de ellos y entonces sentís que el mundo es un poquito más tuyo, o al menos ese pasillo. O esa otra invariable instancia de mi vida en la que siempre hay cien momentos o situaciones en las que poder llorar de risa porque para reírse siempre hay, como el otro día que un director de cine me vino a ver y dijo con toda seriedad, <<Lo que pasa Ignacio es que tenes que tener en cuenta que el bombero es muy de ocupar lugar>> en relación a que convenía poner menos sillas que personas en una sala de cine, solo porque eran bomberos; o ayer que se me acerco una mujer de unos 30 años preguntándome si yo era el encargado de cultura de la cámara para tratar de acordar una reunión y hacer un curso sobre “El arte del buen vivir y técnicas de respiración”, que ya lo había dictado en la CGT y que había sido un éxito. Descuento que luego de ello el índice de natalidad aumento un 74% en la República Argentina. 
La felicidad también es grande porque en poco tiempo han aparecido nuevos compañeros que ya son de fierro, Martin Carnaghi esta ahí, claro. Y sus Carnaghi´s boy. Julieta, logico, que tanto me ayuda y los chicos que se han sumado recientemente.
La felicidad me viene de un recinto colmado de compañeros, es hija de la posibilidad también de acercarme al recinto cuando los debates son menos concurridos e importantes, es una felicidad que aglutina coincidencias y convicciones, es una felicidad emocionada que me pone a brillar los ojos cuando el discurso de Rossi va por todo lo alto que puede volar, "(...) y fuimos a las elecciones de 2009, pero no nos fue como esperábamos. Ahí se encontraban los de siempre, los que creían que estábamos terminados, aquellos que pensaban que nuevamente el poder corporativo tenía que hacerse cargo del gobierno. Y la presidenta respondió con la ley de medios, que el Congreso debatió y sancionó. Entonces, señor presidente, en cada una de las situaciones y circunstancias sabemos que tenemos que ir hacia adelante. No somos como agua de estanque; no nos quedamos quietos, no queremos pudrirnos. Nos subleva un pobre, un necesitado, un desocupado, pues están en cada una de las decisiones que tomamos. Estamos convencidos de que la Argentina tiene un futuro próspero que engloba a todos. Los partidos políticos opositores no son nuestros enemigos. En el año 2009 dije acá, en este recinto, que la contradicción de la política argentina era “política versus corporaciones” y no “oficialismo versus oposición”; que teníamos que construir una política capaz de disciplinar al poder corporativo; que la política, desde cualquier lugar, piensa por el interés general; que las corporaciones piensan en su propio interés; que para nosotros, la Argentina es la patria y no una factoría.". Felicidad de ver a algunos compañeros en las bandejas cantando, aplaudiendo y mirándonos a los ojos y sin hablar nos decimos “¿Te das cuenta lo que estamos viviendo?” Afuera, en la plaza de los dos congresos hay 10 mil personas que querrían estar acá, hay millones de personas que siguen el debate por TV y nosotros tenemos esta inmensa posibilidad de mirar la historia sin lupa, con ojo propio. Quién me saca a mí, a Gerva, a Emi, a Juan, Marina, o a cualquiera de los compañeros que tanto trabajan para que esas rutinarias sesiones salgan adelante, la alegría y el secreto de haber visto la expresión de Alfonsín, de Gil Lavedra, y de todos aquellos que siendo opositores y con mucha menos trayectoria, han sido menos sensatos que estos dos. Quién la intima convicción de haber visto en la expresión de Carrió los rastros de la locura que se le conoce, pero hablo de una locura que cuando pasa, en verdad no se ha ido y deja secuelas en la mirada, en la risa y en el rostro. Quién puede negarme la posibilidad de pensar en mi abuelo 50 años atrás peleando por la causa YPF, quién la emoción de mi vieja al saber todo esto, quién tiene pensado arrebatarme el recuerdo enorme de ver a José Pablo Feinmann acompañando con las palmas la marcha peronista que se entona rabiosa o no se entona, ahí, en la primer bandeja, quién la convicción de que desarropado y todo, Daniel Santoro que está justo al lado de Feinmann (y sí canta la marcha) es tanto más significativo y representativo e importante para la historia del peronismo, que Feinmann con todos sus libros. Quién sabe del placer de la cerveza y la pizza compartida con amigos en la pizzería del congreso que, asumo, será nuestra en poco tiempo más. Cómo hago para explicar que la pizzería se torna unidad básica y los cantos aparecen a borbotones y los pibes y nosotros nos hacemos dueños de ese espacio público y comemos pizza y tomamos cervezas, y hay gente que se levanta y se va y dicen <<Así no se puede comer>> dando cuerpo real a los motivos que Santoro pinta. En verdad son solo tres personas. Y la tienen recontra adentro y no pueden estar sentados del asco que tienen, les damos asco, y ojo que somos todos chicos bien. Y es de noche, tarde, y han sido varias cervezas, en una ciudad que ya no me es tan ajena, afuera la ciudad esta semivacía, los papelitos que arrojó la movilización vuelan acéfalos por la avenida Entre Ríos, llegan a Corrientes para morir no sé dónde. Y así van las cosas y cuento y enumero y pongo puntitos finales a las cosas que venimos haciendo, vienen siendo muchas, y serán otras tantas, porque como la cosa no para, hay que saber decir: guau/qué bárbaro/ gracias/yo estuve ahí/hasta luego.
Y si cuando llego a casa a la una de la madrugada me tiro arriba de Pao, la despierto y medio pasado de vueltas le cuento cosas que son para el mate de la mañana siguiente y le muerdo las piernas y no se enoja, qué más puedo pedir.







12 abr 2012

Situaciones de un vestuario II



Por Nacho Fittipaldi
Luego de cinco semanas de no poder entrenar debido a la fractura del dedo chiquito de mi pie, consecuencia de un pisotón en mi pie descalzo futbolero, hoy volví a nadar. Sirvió para comprobar lo mucho que cuesta estar muy entrenado y lo poco que hace falta para perder ese mismo estado físico. Ese resto de oxigeno que permite mas brazadas, mas patadas ejecutadas con fina sincronía y el uso racionalizado de la potencia muscular. También  me sirvió para comprobar que nadar es, desde hace años y, hoy por hoy, el deporte que mejor me descansa la cabeza en esos momentos en el que el limite ha sido cruzado. Entonces el medio acuático se convierte en un medio que me recibe como una abuela a un nieto durante la hora de la merienda. Mi cuerpo se acomoda con facilidad y la sensación de placer aparece de inmediato. La respiración se agita pero eso no es escollo para, también, acostumbrarme a controlar todos los movimientos que mis brazos y mis piernas, mi cuello, mis manos y tobillos deben realizar para que el cuerpo se deslice sobre el agua y esa sensación de deslizarse en el agua no tiene comparación alguna. Soy feliz haciendo eso. Soy muy feliz al saber que este es el deporte que me ha permitido poner al futbol en un lugar de absoluta secundariedad, u abandono definitivo. Me encanta saber que ya no podre abandonar la natación, tenga la edad que tenga. Entonces, después de nadar los 2500 metros de casi siempre, estoy cansado y siento los tríceps tirantes y doloridos, los pectorales están inflados y los bíceps lucen redondos y alargados. La ducha es lo que sigue, una banana, una manzana antes de que se cumplan los treinta minutos posteriores a realizado el entrenamiento y mucha agua fresca, son la base de una rápida recomposición de energías.

La temperatura del agua de la ducha no es lo templada que a uno le gustaría pero digamos que eso se complementa con la potencia del agua de la flor. Una y otra cosa, es muy frecuente en este club. Mientras estoy terminando de elongar los cuádriceps y los tríceps, desde la ducha escucho la voz de un hombre que ingresa al vestuario, no da la impresión de que este con otro hombre y menos aun de que este hablando por teléfono, es como si conversara con alguien pero no llego a escuchar la otra voz. Desde donde yo estoy no puedo verlo y él tampoco a mí. Yo estoy total mente desnudo; eso es costumbre en cualquier vestuario de hombres. A diferencia de los vestuarios de mujeres, en los nuestros todos solemos estar en pelotas, como en exposición, como en un frigorífico cuelgan las reses. Pero estoy solo. Debajo de la ducha puedo estar media hora y sentir que el agua golpetea sobre mi espalda, ese es un placer del que no me privo, cada vez. Es curioso pero en general soy siempre el último que se va de la ducha, independientemente del orden en que haya ingresado. Hoy no, hoy tengo que salir para Bs.As., entonces me apuro, alguito, nada más.

Cuando termino de ducharme comienzo a recorrer el breve pasillo que me pondrá del otro lado de la pared, podré ver quién es el que habla de esa manera tan extraña. Sé que no es un compañero porque reconocería la voz de los chicos que yo vi nadando cuando terminé mi rutina. Ellos recién han comenzado el entrenamiento y como mínimo tienen para 1.45 Hs de rutina. No sé quién habla del otro lado, estoy solo y en pelotas en un vestuario de hombres donde no todos los hombres son tan hombres. Por alguna razón, estoy inquieto. Doy los primero pasos y luego de unos metros comienzo a oír la voz del hombre y un susurro que dialoga con él, me acerco totalmente desguarnecido, en pelotas y lleno de dudas. Cuando estoy por dar ese giro de 45 ° que me pondrá de frente a la situación que no logro desmadejar, escucho:

-       Me pica la conchita. –dice una voz susurrante-

Yo me quedo helado pero ya es tarde para dar un paso atrás y protegerme de los desprotegidos protagonistas. Estoy en pelotas en el medio del vestuario y una nena de cuatro años me mira sorprendida, como si el Sapo Pepe hubiera entrado en escena. Yo le pido perdón al padre con cara de, <<vos sos de los que ponen TN para ver la temperatura del día que amanece>>:

-       Disculpame, no sabía que estabas con la nena –digo sin saber la reacción de él, suponiendo que la situación es desagradable e incómoda para él y la nenita que vuelve a repetir la frase que refiere a la picazón.

-       Quedate tranquilo -dice él- no me molesta para nada. Yo quedo perplejo por la respuesta y atino a taparme la poronga con el frasco del shampoo, me doy cuenta que si yo no protejo a la nena de su padre, y de mi miembro, nadie lo hará. La nena ahora pide caramelos palito de la selva, mientras el padre le pone las calzas.

Luego se van y yo me quedo pensando en si yo estaba en el vestuario equivocado. A qué se debía la cara de la pobre nena, era que entendía lo que el padre acababa de decir, la pequeña habrá pensado, “a mí sí, me molesta que mi papá me meta en un vestuario que podría haber sido un mar de bolas”. O si el padre de la nena es la bestia pop de la que hablaba el Indio Solari. Yo tengo una certeza: estuve a la baja altura de las circunstancias.   

9 feb 2012

Crónica desde Tayrona y Minca


Por Nacho Fittipaldi

Tayrona es un Parque Nacional de 19 mil hectareas, 4 mil son marinas. El parque esta ubicado a una hora y media de Taganga y está en medio de la selva, el mar caribe baña sus costas salvajes. Para llegar hasta el parque tomamos una buceta que es conducida por José. José maneja como el orto y cuenta que en Santa Marta (Taganga y Tayrona estan en esa provincia) ha muerto Simon Bolivar. Yo pienso que si él no coordina mejor la maniobra de sobrepasar un camion y acelerar al mismo tiempo, las 19 personas que vamos en la buceta correremos la misma suerte que Bolivar. Para llegar hasta el campamento hay una caminata de dos horas, su dificultad es media, la complejidad viene de la humedad y del calor y no tanto de las subidas o bajadas que el camino tiene. El camino es un camino hecho por mulas que son las que acarrean los insumos necesarios para abastecer a las gentes que alli acampan. El paisaje es imponente, los árboles son de una enormidad implacable, las lianas se cruzan de un árbol a otro y las hormigotas cruzan horizontalmente el sendero por el que trafican hojas. A la derecha del camino siempre esta el mar, mas violento en algunas playas, hay una en la que el cartel de precaucion anuncia que 200 personas han muerto alli, mas tranquilo en otras. El punto mas turistico es el Cabo San Juan. Alli parece que alguien ha hecho una obra bien compleja de la naturaleza. Las palmeras son incontables, cada palmera pueda cobijar 60 cocos segun he llegado a contar, los cocos caen al suelo y las gentes los comen o se empecinan en hacer caer los cocos a la arena, tarea muchisimo mas compleja de lo previsible y poco en relacion a la dificultad de abrir un coco si uno no lleva un machete consigo. Entonces es comun ir por la playa y ver que la gente mira hacia arriba del cocotero, y no es que hayan visto un mono, estan tratando de entrarle al asunto. Tayrona tiene playas muy salvajes, los cocos que no se comen se echan a perder y las hojas de las palmeras que caen lo mismo quedan alli durante la consecucion de tiempo, segundo a segundo, durante años las cosas van quedando indefinidamene alli y la impresion es de una mugre natural que no estorba. Una playa que semeja la  de Lost.

Las bahias también son incontables y de diversos tamaños, varian así los colores del mar segun la cantidad de piedra que haya bajo el agua, la profundidad y la vegetacion de sus alrededores. Aqui las bahias se forman por enormes piedras redondeadas y no por una formacion montañosa como en Taganga. A 300 metros de la costa hay una escollera natural, una barrera de piedra donde se cortan las olas que se venian formando, esa escollera se ve desde la costa y luego de ella el agua llega calma a la playa. Si el mar bajara, uno podria caminar kilometros sobre ella. Jamas imagine que eso podia existir, la espuma persiste alli, con la insistencia de lo necio. Las piedras asumen un tamaño colosal y es su color lo que tambien remite a otras formas lunares que yo habia identificado en los corales submarinos. De noche la luna ilumina todo el campamento, aqui el sol tambien se pone a las 18 Hs pero de noche la luz de la luna es suficiente para caminar por la playa sin necesidad de linterna, el viento del mar mece las hojas de las palmeras, estamos a unos 40 metros de mar y la humedad se siente en nuestras ropas, estamos de manga corta y en la carpa solo nos tapamos con un pareo y una toalla. Al sacar la cabeza por la puerta de la carpa quedamos boca arriba mirando el cielo espejado en mar, la brisa continua meneandolo todo, por entre las hojas de las palmeras la luna cuela su luz blanquecina, son miles de palmeras que ahora ven modificadas su fisonomia por el viento y porque la luz de la luna las ha teñido de un plateado de fiesta nocturna. Nosotros miramos al cielo que es donde uno mira para agradecer o cuando busca explicaciones de algo que no llega a comprender.

MINCA

Beto parece ser el tipo que menos sabe de si mismo o el tipo que menos relacion guarda con el lugar en donde vive. Beto tiene 18 años, usa gorra con viscera, el pelo le cubre la frente y él se lo lleva de izquierda a derecha haciendolo bajar por entre su ojo y sus patillas, Beto va de jeans elastizados y hojotas. Beto es flogger. En un pueblo que ostenta el rotulo de sitio organico de la humanidad, productor de cafe, tierra de agricultores que trabajan la tierra, tierra de humedad y de mosquitas hijas de puta que pican como la reputa madre, Beto esta en problemas.
Minca esta a unas dos horas de Taganaga, no hacia el Mar Caribe, si no hacia la zona de la Sierra Nevada. Es el cordon montañoso mas alto del mundo (5235 Mts) en relacion a su cercania al mar. Minca es un pueblo que no tiene ni plaza ni iglesia a simple vista, no tiene nada y tan hermosa es; pero tiene una particularidad, aqui hay un rio de agua transparente, no potable, que se origina en un liquido que despide un arbol que solo crece aqui. Beto no tiene mucha idea de esto y no puede decir nada acerca de otras tantas cosas. Las hojotas de Beto se contraponen a lo que nos han recomendado. A las dos pibas que van con nosotros y a nosotros nos han recomendado llevar calzado para una caminata que sera de siete horas, muy dura, (nosotros no lo sabiamos) y que serpenteara a la vera de un rio y que implica tambien meterse con el agua a la cintura para poder sobrepasar algunos escollos del camino. Aqui tambien los arboles son altisimos, el sol se ve poco y el ruido del rio en las pequeñas caidas que va teniendo, se transforma en una compania que da la sensacion de que una batalla se esta librando precipicio abajo. Luego se incorporan con nosotros a la caminata dos finlandeses; su piel es blanca, sus ojos celestes, su edad es medio indescifrable y su silencio tan complice, no dicen nada, él habla un ingles tan cortado que yo puedo entenderlo, ella no habla ingles o muy póco, supongo que sabe ingles pero no habla nada, tampo habla finlandes, su marido y ella almorzaran sin dirigirse la palabra, si entre ellos no hay comunicacion imaginen la relacion entre ellos y Beto. Beto se jacta, en una rafaga de oralidad, de estar dedicado a turistas extranjeros, Beto no habla ingles ni colombiano al parecer. Beto es flogger. Los alemanes hablan de Hitler todo el tiempo, los ingleses hablan de Maradona, los italianos hablan de pastas, de Ferrari, del Papa y del aceite de oliva. Los francese hablan de la Revolucion Francesa y los españoles de Nadal. ¿Y los finlandeses? No hablan de nada porque no tienen nada de qué hablar. Lo unico que tienen es ese director de cine, Aki Kaurismaki, que solo en Argentina tiene exito y de los 30 grados bajo cero que estan haciendo ahora en Finlandia segun ha dicho este tipo que camina, camina y camina, como un burrito cuyano del pais con mayor calidad de vida del mundo. El calor es sofocante. La finlandesa viste pantalon largo, zapatillas de futting Nike y campera de lluvia color verde agua (como la de mi papá pero mucho mas cara), y sombrero. Él viste bermudas, remera de manga corta, y zandalias Merrell. Cuando llegamos a la olla natural de agua para darnos un baño bien frio y reparador, él se saca el pantalon, se pone en pelotas adelante nuestro y de una familia chilena para Pao (colombiana para mi) con tres nenes y se tapa con una toallita de mano que no llega a tapar mucho. Todos nos miramos sorprendidos pero sabemos que Beto no esta en condicones de dirigir un grupo humano.

Minca es hemosa y enorme en sus montañas, aqui hay cañaberales de caña de Bambú, y si bien no hay osos panda, esas cañas asumen una hermosura compleja de cifrar. Minca sube y baja todo el tiempo entre montañas que rondan los 3 mil metros de altura, el sol pica y un jugo de mora en medio de la nada tiene su luagr en mi corazon, tambien unas ardillas coloradas de lo mas escurridizas, o un tucan que se dejo ver a lo lejos y que ya se fue.

IRSE DE TAGANGA
Al irnos de Taganga decido cruzar la bahia nadando, despues de estar un rato al sol, de tomar mate en la playa con esa agua estanca, me meto en este mar que esta mas caliente que la semana que se fue. A 200 metros de la costa la profundidad es la suficiente para que el fondo sea solo una oscuriad verdosa. El sol entra de costado y yo veo mis manos bajo el agua, la luz genera un efecto raro en la profundidad cabernosa. Por momentos me asusta la idea de chocar contra las piedras que no son mas que ese efecto luminico, entre el sol penetrando de costado y el agua que se dirige a la costa. Luego un jugo de piña y lulo en la playa, luego un beso y un abrazo prometiendonos amor y muchos mas viajes. La idea de volver, no necesariamente aqui, sí a esta instancia de viajar.
CARTAGENA
Hemos retornado a esta ciudad para volver a Arg. Ahora la ciudad nos resulta tan amable y querible. Sus calles, los puestos de fruta en cada esquina, los gritos de los colombianos, tan amables, tan adorables. En esta zona por la que hemos viajado hay algunas curiosidades. Por ejemplo, no hay agua caliente; en carpa, en hotel, en hostel aqui te bañas con agua fria, quieras o no. O los calls center. En Cartagena y en su calles hay algo de una originalidad tremenda, existen unos calls center a cielo abierto, esto consiste en unas cientos de señoras que sobre una mesa en la calle pone algunos celulares, los atan con  una piola a la mesa y cada quien va y paga para realizar su llamada. Entonces puede verse a tres personas hablando cada una por un celular atado a la mesa, ellos, uno al lado del otro, en una esquina de un quilombo infernal hablando por telefono todos a la vez. ¿No es genial?. Otra cosa curiosa son los portones de la zona de Getsemaní y Caramarí (recuerden que son los dos barrios que quedan dentro de la ciudad amuralla). Estos portones construidos durante el mil seicientos, como toda la ciudad, son de un porte enorme que puede alcanzar los tres metros de altura por dos de ancho, en ellos se pueden ver unos aldabones que son, ni mas ni menos, como llamadores, es decir una estructura de hierro que se golpeaba contra los portones para que, quien golpea sea atendido. Lo curioso es que aqui esos aldabones tienen un tamaño bastante grande, por ejemplo una iguana en tamaño real desde la que cuelga, pendiendo de su boca, una bola de hierro que es lo que pegara contra la madera colonial.

Tambien se pueden ver cabezas de leones o leopardos, o delfines u otras figuras; ademas de esto los portones tienen otra simbologia, en ellos se puede ver unos estoperoles, o sea, unas estructuras cilindricas amurados a la maderta y que originalmente fueron de bronce o de oro y que ahora son de madera. Los estoperoles parecen pequeños timbres, o tetas, que significaban la jerarquia de la familia en la sociedad de entonces y la cantidad de oro que esa familia tenia. En un porton se pueden ver 32 estoperoles, 58 en otro pero en general esa cantidad por porton. Hay un porton en donde se cuentan 180 estoperoles, es el porton de la catedral, ello quiere decir que en el 1600, la familia que mas oro y jerarquia tenia era la iglesia. Cartagena es de lo mas bello que se pueda ver, no alcanzan los pies para caminarla y la noche se ha ido sin que nosotros querramos ir. La brisa del mar corretea y se pierde por los callejones, otra vez los carruajes como mateos porteños, recorren la ciudad que poco a poco se va a descanzar, yo creo que este viaje ha sido muy hemoso, creo que es hora de decir gracias.
Gracias Pao por organizar todo a la perfeccion, gracias por ser mi compañera perfecta, gracias por los silencios medidos, por las risas  y por el amor y el humor, por burlarte de mi con tanta piedad, gracias por estar, gracias por resistirme, gracias por compartir cada rato a las tardes robadas y las bocanadas de amor por venir. Y  no te olvides, “Mañana en la batalla, piensa en mi”

6 feb 2012

Crónica desde Taganga

Por Nacho Fittipaldi
Taganga es un pueblito que esta ubicado a 300 Km de Cartagena. Pese a que viven aqui 6 mil personas, Taganga asume la fisonomia de un pueblo de 100. Es una bahia profunda, al pie de una montaña. Imagino dos colaboradores fundamentales para construirla. Han llamado a un griego y le han dicho "Debes construir algo parecido a Grecia" Entonces el hombre fue y clavo dos montañas laterales e hizo que el Mar Caribe ingrese a esa region formando una bahia. Taganga esta empotrada al mundo. Ademas echó un baldazo de agua y tinta azul, echo lavandina y ademas de todo convocaron a un japones y le dijeron. "Oye tu, deja ya de comer anguila y aletas de tiburon y plancha este mar como si fuera una prenda de vestir" Imagino que el ponja busco una de esas enormes planchas de tintoreria, esas que hay en cualquier tintoreria de una familia que se llame Nakandakare, y planchó este mar. El mar de Taganga no tiene olas y apenas una espuma breve se muestra a los turistas para ir a morir un metro y medio mas alla, donde la arena finalmente lo recibira para hacerlo morir ante todo el publico presente. En Taganga el viento viene de la montaña hacia la playa y de ahi al mar y no a la inversa como nosotros estamos acostumbrados. Durante estos dias el viento es muy fuerte. Aqui la poblacion negra ha desaparecido, solo hay mulatos o morenos pero negros ya no se ven y ello se nota tanto en el trato con las gentes, los negros son amabilisimo y conversadores, las gentes de aqui, en cambio, son mas cortos sin por ello perder cordialidad en el trato, como en el andar diario de la ciudad. Nuestro hospedaje esta ubicado sobre la ladera de una de las montañas y desde aquí arriba apreciamos la bahia que esta vestida de una treintena de barcazas amarradas al fondo del mar. Cada mañana salien a la busqueda del sustento principal de este pueblo. Taganga significa <<tierra de serpientes>> pero hoy por hoy viven de la pesca. Si algun desatento cree que el caribe es uniforme en sus playas, en su mar y en la temperatura del agua, se equivoca de medio a medio. Hemos pasado de ese mar soñado de Baru, de esos 35 grados del agua  a una temperatura que ronda los 20 grados en supeficie, aqui. El agua es helada, el agua es un remanso transparente y evoca mas a un lago patagonico que a el mar que todos creemos Caribe. Sin embargo el sol tampoco es tan fuerte y entonces para convencerse de que uno esta en el caribe colombiano debe mirar los nombres de los paradores playeros para salir del embrujo. "Puta, caray, bufa la diablura" Entonces tambien verá que los paradores son llamados "Estaderos", que las señoras gordotas pasan por la playa bien "bacana" o "chevere" vendiendo cocadas, alegrias, dulces de tamarindo, y licuados de maracuyá. Dificil es escapar al vendedeor de masajes, es un tipo que anda de manga larga diciendo que sus masajes, ademas de relajantes son bronceantes pero para que ello suceda, no hay que meterse al mar.

Uno debe ponerse a hacer snorkel para ver la cantidad de coral que hay a la vista, o las plantas marinas que asumen formas moviles con la correntada submarina, hay unas que son como vasijas de barro cortadas al medio y agujeros como la superficie de la luna, tambien pude de el pez flauta (largo uniforme e indistintamente, amarillo todo él como una flauta amarilla), el pez sargento (de unos diez centimetros rayado amarillo y negro) bajar unos cuatro metros y que el agua helada marque el fin de la profundidad permitida por la presion de los oidos, salir a flote y ver que a unos 400 metros de la costa la gente es pequeña y esto esta todo azul por donde se lo mire. Taganga es un encanto en la noche con sus puestecitos de comida al paso, tan al paso que cierran de un dia al otro para volver a abrir o volver a cerrar. Vienen los calamares al ajillo y esto es un festival, no el que esperabamos, pero tanto mas me da.  

2 feb 2012

Crónica desde Isla Barú


Por Nacho Fittipaldi (desde Playa Blanca, Isla Barú, Colombia)
El cielo esta azul y el mar esta azulisimo. La lancha viaja rauda, van 30 minutos de viaje y el Mar Caribe aca esta calmo, mas allá no se ve mas que azul y azul. Cartagena de esto parece no estar al tanto. Dios parece haber gastado mas tinta aqui que en el cielo mismo. Barú esta a 40 minutos de Cartagena, es la isla mas grande de Colombia y pese a ello sólo viven aqui 6 mil personas, en su mayoria nativos. Al llegar a Playa Blanca hay que arrojarse de la lancha al agua porque no hay muelle, la temperatura del agua es ideal, para no querer salir de ahi, las palmeras y otros arboles sobre la playa dan una sombra que redefinen la idea de playa que cualquier argentino tiene. Estar en la playa con sombra es asombroso. Aqui hay luz sólo de noche, no hay agua y nosotros dormiremos en una carpa que alquilamos y para la que no hemos traido ni bolsa de dormir, ni sabana, ni almohada. ¿Creen que eso es una mala idea o un problema? En Playa Blanca no lo es. La temperatura apenas si baja un poco en la noche, no hemos usado abrigo en todo el viaje y dormir a siete metros del mar bajo una pamlera es algo que ni VISA puede pagar. Menos aún, si ademas te atienden Cándido y su mujer, Melvis, dos nativos que nos han cocinado un Lebreche con arroz y patacon (platano aplastado y frito). El pescado entra entero en una olla con aceite que se calienta en un fogon a leña, aqui tampoco hay gas y todo lo calientan en el fuego, al borde de un pantanal que se alimenta del mar que ocasionalmente desborda la altura de la playa sobre la que ahora esta nuestra carpa. Su alegría es contagiosa, su idioma es de compleja interpretación pero finalmente uno se acostumbra y va comprendiendo qué es lo que dicen de manera tan veloz e imbrincada. Asi como tambien hemos comprendido y aceptado comer el Boca chica (boga que importan de Arg insolitamente), la mojarra (cinco veces el tamaño de nuestras mojarritas), ceviche de camaron, calamar al ajillo, arepas de huevo (muy ricas) y de queso (no tanto), bueñuelos de harina de maiz, etc. La gente de aqui vive en casas construidas con restos de madera que van juntando de los arboles que las van dejando caer, la impresion es que todo es de una humildad pavorosa, al ir al baño compruebo lo que suponia. No hay baño, son cuatro pedasos de tela azul abiertos a cielo abierto, no hay ollo don de embocar el chorro del pis ni cadena por tirar, hay una alfombra de moscas y curiosamente menos olor que en el baño de una escuela.  La impresion me impacta, hago seis pasos y el Caribe vuelve a mostrarme la relatividad de las cosas. Entro a nadar. Mi cuerpo es mas liviano aqui, hay mas flotabilidad por la mayor salinidad del agua, meto la mano adelante de mi cabeza y la saco por detras, a la altura de mi rodilla, mi otra mano ingresa al agua y puedo seguir ese recorrido por completo, el agua ademas de calida es transparente, nadar aqui no tiene desperdicio, el mar es calmo y no hay riesgos aparentes. El Mar Caribe es mas salado que el Pacifico y muchisimo mas salado que el Atlantico, tragar un poco de agua es equivalente a tener o ponerse un manojo de sal gruesa en la boca.
Por la noche se arma una conversacion entre Cándido, Melvis, Jairo y dos chicos que durante el dia antienden un puesto de frutas en la playa, parece que no comparten su mirada sobre Pablo Escobar, yo los he llevado ahi, porque me interesa el tema. Escobar ha muerto hace 15 años, pero ellos repiten el esquema de violencia que El Patron ha perjeñado. Luego inician una ronda de chistes, su idioma se torna incomprensible. Ellos tambien nos hacen preguntas, no comprenden la idea de volar en avion durante nueve horas para llegar hasta alli, le temen. Excepto Melvis, no conocen mas alla de Cartagena y viven el dia a dia, cuentan que hace unos meses atras se han quedado aislados en la isla, el mar crecido no permitia el acceso de lanchas y por tierra tampoco se podia acceder. Hay un punto entre el continente y la isla que los distancia solo por 100 metros a traves de un rio que luego cruzaremos en bote. La percepcion de futuro se habrá esfumado de estos nativos, sus relatos son del pasado y del presente, nunca enuncian ninguna frase que haga referencia a ese tiempo sobre el que tanto conjeturamos nosotros.

Por la tarde nos ponemos a tomar mate, Pao me deja solo un momento y yo quedo mirando el infinito mar otra vez complejo y abstraido de todo cuanto percibo, los pelicano se tiran de cabeza al mar con una violencia inusitada. Pasan caminando tres personas que miran como tomo mate, los tres me miran, dos son mujeres, el otro un hombre. Una de las mujeres es bonita, la otra no. Una de ellas pasa y luego regresa, me pregunta si le convido un mate, yo digo que sí. Es una mujer normal que por dos o tres cuestiones se transforma en fea rapidamente. Que de dónde sos, que de dónde venis, que qué locura este mar, bueno gorda por qué no te vas yendo. Le doy el mate, se lo toma y se queda ahi, le doy otro y se queda. Pao llega y le cebo un mate, se arma un triangulo sin que haya tres angulos. De la nada ella sola arma una conversacion que no ira a ninguna parte.
- Hoy me mande una!! -pasa su mano por la cabeza alizandose el cabello y se muerde el labio inferior de la boca- iba caminando por la playa y  me encontre un fruto al pie de un arbol. Y no se por qué, yo nunca hago esas cosas, me lo comí. Y empece a sentirme mal, me empezo a arder toda la garganta y se me hinchó la boca.
- Noooo, que cagada -digo yo; ya va como el octavo mate, y pienso que es una boluda, Pao tambien lo piensa; esta mina acaba de confesarse docente y esta a cargo de un curso, cómo puede ser que en medio de una isla de un pais tropical se coma un fruto sin pensar que se podia morir, de hecho ese fruto produce la muerte, en la isla nadie comprende cómo es que no tuvieron que llevarla a Bogotá de urgencia. Esto lo sabemos porque se lo hemos consultado risueñamente a Cándido quien, al enterarse de lo sucedido agregará, "Si no fuera venenoso ya lo hubiéamos cogido y comido nosotros."
- Sí -dice ella sonriente como si hubiera sacado una torta calentita del horno, y agrega para embarrarla- y me agarró cagadera, empecé a eliminar todo, viste -yo estoy sentado y le cebo un mate a ella, al pasarcelo veo que su bronceado a la altura de la entrepierna se corta abruptamente por un hilo blanco que se sale del lugar de donde deberia estar, bajo la parte de la malla que cubre el pubis, La docente tiene parte de la vagina afuera (Pao dirá: "un pliegue de un rollo", para mi era la concha) y yo absorto le pregunto.
- ¿Y..., conociste el eje cajetero? -en vez de preguntar por el Eje Cafetero, asi se llama a las ciudades productoras de cafe, organizadas tursiticamente al rededor de ello.  Para rematarla, en medio de un silencio grande que Pao y yo diseñamos en señal de que ya queriamos ir cerrando el cónclave que ha durado un termo entero de mate, La docente arremeterá:
- Y Uds no tienen chicos?
- No -dice Pao, otro silencio se inicia.
-Bueno me voy a ir yendo -dice La docente- ¿Cómo son sus nombres?
- Paola -dice Pao-
- Nicolás -digo yo, gorda y la puta que te parió, y se va.

Al fin nosotros quedamos contemplando el atardecer que como todos estos dias, ocurre tras esa hoja alisada que este mar es, los pelicanos siguen con ese vertigo de ritual, ese de arrojarse y sumergir los buches y capturar agua y pescados, y si ahora el agua parece mas caliente que durante el dia no les mentiría, el sol aqui se pone a las 18 hs y ya son las 19.30, yo estoy adentro, jugando con el cielo a que soy un pedacito de felicidad corpórea, corcoveando entre los mortales. 

30 ene 2012

Cronica de Cartagenas


Por Nacho Fittipaldi
(desde Cartagena de Indias, Colombia)
 Al llegar se abre la puerta, un aire caliente envuelve al avión de Avianca que ha arribado a las 10 Hs de Colombia, dos horas menos que Argentina. El aeropuerto está en medio de un descampado, el sol pega fuerte y la sensación es la de meter el cuerpo dentro de una olla con puchero. Avianca ha extraviado nuestras mochilas, no sabemos si en El Dorado, Bogotá; o en el aeropuerto Garulos, San Pablo donde hemos hecho escala. El empleado de Avianca dice que nos resolverán el problema y que todo va ir bien, que vayamos al hotel, que ellos nos enviaran las mochilas. Dice que la gente de Garulos no trabaja de manera prolija, que la gente de Garulos no ha informado del
 sobrante de dos mochilas en sus vuelos con destino a Bogotá. En medio de la zozobra Pao cree que Garulos es el nombre de un empleado de Avianca que trabaja en el aeropuerto de San Pablo, luego dirá, con razón, que el nombre de un aeropuerto que se precie de tal, es Ministro Pistarini por ejemplo, y no Garulos. Las mochilas han llegado en la misma noche del viernes, hemos estado nuestro primer día en Cartagena con algo de angustia, estando en zapatillas, jeans y remera negra, es como si al puchero le hubieran agregado un kilo y cuarto de ají puta parió.

Cartagena es una ciudad con contrastes. Para aquel que crea, como nosotros creíamos, que es una ciudad chica, les cuento que aquí viven un millón de personas. Sucede que lo que conocemos de Cartagena es la ciudad amurallada, pero según dicen, allí no viven ni siquiera cinco mil personas. Esa parte de la ciudad es de lo más bello que haya visto. Las casas antiguas con siglos encima, los portones de ancha hoja de madera semicirculares o rectangulares, las casonas  con sus los balcones  y sus flores blancas, naranjas y amarillas o con sus santa rita colgando y engalanando todo, sus calles empedradas con una prolijidad japonesa, sus iglesias enormes y esa brisa de mar que entra por lo callejones que apuñalan la muralla y que conectan con el mar hacen que en la sombra de Cartagena, se esté tan a gusto. ¿Cartagena es más linda que Cuzco? Esta pregunta la propone Pao. A mí se me hace que Cuzco es tan pequeña y tan antigua que no permite ningún atisbo de modernidad. Cartagena ha explotado hace tiempo y aquí se pueden ver casas de ropa de marcas internacionales en una casona del siglo XVII. Benetton en Cartagena es un contraste. Los paredones de los edificios más antiguos y enormes están hechos de piedra de coral, la muralla también. Entonces las paredes son rugosas y con pequeños orificios por donde antes se filtraba el agua y ahora las manos de los que acariciamos la piedra tratando de encontrar explicaciones a una belleza superadora. 
La Cartagena amurallada está minada de puestos de comida ambulantes, aquí se come mucha fritura, buñuelos de queso costero, suerte de goma de mascar salada sin gusto a nada o “con gusto a pedo” como diría Julia, mi hermana negra, o mulata, que por aquí en nada llamaría la atención. Aquí está lleno de negras y mulatas hermosas con un cuerpo parecido al de Julia, pero eso ya vendrá. Comen arepas de queso que no son fritas, pero que a las que le ponen manteca a rabiar, comen butifarra y salchichas a la parrilla con lima y huevo duro, comen pescado frito, toman jugo helado de lima y naranja que sirve para paliar el calor cuando la brisa marina no logra perforar la muralla. El jugo vale unos 1500 pesos colombianos lo que serían $2, 50 argentinos.

Cartagena tiene una muralla que zigzaguea y así hay dos divisiones, la parte más rica y la de segundo estrato. Nosotros estamos en el segundo estrato, un barrio popular que se llama Getsemaní. Aquí Cartagena es un hervidero, las motos se han apoderado del mundo y están todos locos, los taxis pululan infames por las callecitas manejando como si fueran bicicletas, todos usan las bocinas hasta el cansancio. Si van a cruzar mal, tocan bocina, si vos estas cruzando mal te tocan bocina, si cruzan en rojo tocan bocina, si tienen hambre y hace calor tocan bocina, si tienen hambre pero no hace calor tocan bocina, y si su hijo ingresa al jardín este año o a Nadal le cobran mal una pelota en un momento clave del partido te tocan bocina. Tocar bocina es un divertimento en sí mismo. Cartagena es puro ruido porque los colombianos gritan todo el tiempo, es como si se retaran pero en verdad aquí parece no haber razones para el enojo. Getsemaní estalla de noche y no crean que es porque es el mejor momento. Getsemaní estalla de noche porque arde de día. Durante la noche los vecinos abren los portones de esos caserones antiguos y entonces se dejan ver los patios internos que todas las casonas antiguas tienen. La música sube el volumen hasta el límite de lo tolerable, los ancianos resisten y miran televisión y es curioso ver la cantidad de mecedoras que hay en cada una de las casas, o mejor dicho, en cada casa hay una mecedora y alguien meciéndose. Eso se ve desde la vereda. En la calle un niño juega con una mula, la monta de manera cómica y la mula algo desorientada responde a sus gritos, aclaro que ver una mula en Getsemaní es como ver un camello en Diagonal Norte y 9 de Julio. Y gritan, siempre gritan. Sin embargo Cartagena no ha logrado desde su fundación y construcción de la muralla, romper con ese límite físico que evitaba la invasión de piratas y que hoy demarca una línea social muy clara y contundente.
Las mujeres colombianas
A parte de todo, un capítulo aparte merecen las colombianas. Shakira aquí no vale un peso, aquí todas son Shakiras, tienen unos cuerpos voluminosos, pechos muy grandes y parados, los muestran sin pudor, pero si los pechos son voluminosos qué decir  de sus culos. Son curvas abiertas que van redondeándose desde las pantorrillas hasta la cintura, digamos que no son flacas, digamos que a las colombianas se les rozan las can-can en la entrepierna y así y todo las colombianas no tienen ningún empacho en mostrarse sin pudores, independientemente de su edad y sus kilos. Tienen aires de divismo. Eso me parece algo grandioso. Aquí cada uno anda con el cuerpo que tiene sin pudor a dejarse ver tal cual es. Caminar por las callejuelas de aquí, y encontrarse con un símil de Serena Williams  es lo más normal del mundo. Lo anormal es que una mujer pueda jugar al tenis con ese cuerpo!! Además de todo son bellas, tienen una piel increíble y por lo general son de una expresión interesante en el rostro, aclaro que de ninguna manera forman parte del patrón de belleza argentino, creo que si muchos de Uds. vinieran aquí no dirían lo mismo que yo. Además, algo interesante es que la belleza de la que hablo es horizontal  a las clases sociales, lógicamente que cuanto mayor poder adquistivo mayor es la producción, mejor vestidas están, aunque esto también es una imposición cultural. Las mujeres de Cartagena no andan por la calle; la calle es de los hombres, las mujeres a lo sumo hacen vereda.
Los hombres son mucho más respetuosos, son los que salen a trabajar y los que te persiguen para que les compres lo que sea, siempre con una sonrisa, siempre con un buen verso. En la playa se nos acercó un vendedor de relojes truchos, entonces me dice:
-    Un relojito señor?
-    No gracias, no uso –dijo yo con u reloj en la muñeca, le muestro el reloj que es una cagada y aclaro que es sólo para saber la hora, aclarando que no es un objeto que me interese.
-    Dele, son ideales para ir a "basilar" (hacer gala del objeto) –dice mientras hace el gesto de cuando uno le pasa el brazo al rededor de la cintura a la mujer mientras está bailando, y el reloj queda justo ante la mirada de los otros; y el vendedor se tienta inmediatamente.
-    ¿Por qué se ríe? –le pregunto yo con respeto.
-    Es que son las siete de la tarde y no he vendido ni unito en todo el día.
Así son los hombre de por aquí, sinceros hasta el equívoco. Jamás se dirigen a Pao si estoy yo, el vínculo es de hombre a hombre y hasta ahora no hemos tenido un solo gesto de mala educación por parte de ellos. Las mujeres que andan por la calle sí son rudas y hasta un poco cabronas.
Cartagena tiene extravagancias, por ejemplo los micros llevan nombres, entonces cada chofer le pone un nombre propio a su unidad, “De pirata” o “El inquieto”, son algunos de los que ahora recuerdo. Otra cosa curiosa es que algunas unidades tienen molinete para subir en la puerta de adelante, entonces uno pasa y después paga lo cual lo hace tan absurdo como ineficiente. Lo lindo es cuando sube un niño que por su edad esta exento de pagar, entonces el pibe se tiene que tirar al piso y pasar por abajo del molinete dado que el molinete está muy alto para las madres que desde la calle quisieran hacerlo pasar por arriba. Otra curiosidad es que los cañones de la ciudad amurallada que antes apuntaban al mar ahora apuntan a edificios, le han ganado terreno al mar y han construido sobre él. Los cañones de Cartagena apuntan al corazón del capitalismo colombiano.

Basurto

Cartagena tiene un mercado, el mercado de Basurto. Un mercado donde encontramos el mayor contraste de todos, el de las dos Cartagenas, el de la ciudad donde la belleza ha quedado amurallada para unos pocos y esa otra ciudad que Pao y yo hemos decidido ir a buscar porque aquí todo te lo esconden. En Basurto hemos visto, tal vez, algunas de las imágenes más potentes que pueda llevarme conmigo, una imagen del pueblo en su territorio, una imagen del rostro y la actitud de los puesteros que, como dice una canción de Lila Down, es “El que da aunque nada tenga.” Son una miríada de puestos ofertando pescado, plátanos, coco, mango, guayaba, tomates, carne de res, carne de cerdo. Todo largando un olor nauseabundo y los vagabundos comiendo las sobras de lo que aquí es el mejor precio de la ciudad. Ese contraste donde el olor es punzante y en donde el olor te anticipa la calamidad de lo que estas por ver, y lo que ves te estremece y lo que oles te marea, aquí estamos nosotros, queriendo vivir esto en su totalidad y de un  lado de la polaridad que el contraste implica o propone, donde las bellezas son exuberantes pero nunca llegan a tapar lo que hemos visto. Creemos que algo hemos descubierto. En principio el taconeo de los caballos en carruaje en la noche tranquila de Cartagena, cruzando esas esquinas como sombras de personajes antiguos, son pura caricia al alma, un bálsamo, un pasaje de los que transportan a un pasado que se va, como nosotros que recién estamos llegando.

22 ene 2012

La tercera silla

Por Nacho Fittipaldi
El viernes por la noche habíamos decidido ir a comer con Pao al restaurante peruano que una enfermera peruana del Hospital San Martín, donde ella trabaja, le había recomendado. La verdad es que se come fenómeno y para todos los que quieran ir les paso la dirección, queda en calle 58 entre 7 y 8.
Pao tiene una amiga que es un personaje a la que le ocurren cosas inverosímiles y a la sazón, psicóloga. Ella tenía que devolvernos la carpa que le habíamos prestado y como además coincidimos en el destino elegido para veranear, Colombia, la invitamos a cenar pensando en intercambiar alguna información sobre nuestro inmediato viaje. Vale recordar que la última vez que cenamos los tres juntos, hace dos meses atrás, en una parrilla cerca de casa, la cosa termino mal. En medio de la noche un grupo de pibes no-chorros, destruyó el local a fuerza de botellazos, meta desmesura, puro bardeo, tirando platos al piso como un casamiento griego, y la heladera cargada de bebidas tambien al suelo, en aquella noche que, como la del viernes pasado, era  caliente, con todo el asfalto y su reserva térmica contenida durante todo el día, asumiendo los 37° de la tarde inmediata.
Después de tomar unas cervezas que acompañaron dos ceviches, de pescado y de mariscos, y una Jalea Real, luego de charlar y que de manera algo insólita, la cerveza se acabara en el restaurante peruano J´Jireh, decidimos ir por otras cervezas en algún bar de esa zona que no es muy concurrida durante la noche. Más que nada porque allí florecen los bares que trabajan en horario de oficinas públicas. Así llegamos caminando hasta la esquina de calle 7 y 56 en donde por curiosidad, o destino, hay un bar que se llama Oporto. Elegimos una mesa de las de afuera por dos razones muy concretas; estaba fresco y además porque adentro transcurría un show de dudosa factura. Desde afuera se escuchaban canciones cantadas por un pibe que como no podía ser de otra manera vestía camisa negra, jeans azul, zapatillas blancas y claritos en el pelo. De su boca salían temas de las autorías más variadas: Marco Antonio Solís, Los Fabulosos Cadillacs, Franco De Vita, Franco Davin, y el hoy por hoy ineludible Michel Teló y su pegadizo Ai se eu te pego.
Afuera la noche estaba tranquila, los Tilos se meneaban con la brisa del viento, nosotros íbamos y veníamos sobre temas tan serios como intrascendentes sin que nada pareciera identificar con claridad, unos y otros. En uno de esos momentos nuestra amiga cuenta el relato de su participación en un cumpleaños de quince organizado con mucho esfuerzo económico y otro tanto de imaginación, por una familia pobre de Lanus. Ella trabaja como psicóloga en una de las unidades sanitarias de esa ciudad, en un barrio pobre, o como dicen los periodistas de ahora, “un barrio con necesidades.”  La madre de la nena, enfermera en la unidad sanitaria, la ha invitado y es codigo de buena gente no desplantar a la familia con una ingrata ausencia.
Por la vereda, de frente a mí y con cara de estar por cruzar a pie la General Paz a las 18 Hs de un viernes cualquiera, veo llegar tres personas hasta el bar Oporto. Un hombre de unos 55 años de edad, su mujer y su hija (o hijastra) con cara de ser virgen y vivir aún con sus padres. Aunque su rostro decreta 38 años clavados de edad. Tienen pinta de ser gente de campo y pedirán una pizza, dos gaseosas y una cerveza Quilmes, lo cual es evidencia suficiente para demostrar que son de campo. Cruzan calle 56 con cara de <<me gané el Quini 6 y perdí el comprobante de la jugada ganadora.>> Se sientan en una mesa lindera a la nuestra y pese a las diferencias que prejuzgo, ellos también eligen obviar el bochornoso espectáculo musical que hay adentro. Pero la mesa que escogen tiene dos sillas y ellos son tres. La moza sale en búsqueda de esas clásicas sillas de exteriores, esas de caño, plegables que tienen respaldo de lona y que llevan impresas una publicidad de cerveza y que por rutina acompañan mesas con patas también de caño con sombrilla y la misma publicidad de la misma cerveza, o gaseosa. Nuestra amiga cuenta que la quinceañera ha entrado en un carrito de rulemanes, como si fuera un cajón de fruta vestido, tirado por una soga y remolcado por sus tres hermanos que trajeados de punta a punta, depositan la, digamos, carroza, en el centro del salón. De adentro de algo que simula una rosa, sale Daiana hecha una reina. Ahora es la adolescente más  feliz del mundo y su familia acompaña esa grandiosidad de la vida, los invitados se rompen las manos en aplausos y gritan palabras bellas. Su vestido también brilla.
El show ha llegado a un descanso, la voz del muchacho lo necesita y a nosotros no nos cae nada mal. Todos los fumadores de la sala salen a la vereda a fumar, ahora las voces en la calle le ganan poco a poco al silencio de la ciudad. Algunos parados, otros sentados en las mesas hasta recién desocupadas de la vereda, comentan el grandioso show que está dando su amigo. La tercera silla que traen no se abre fácilmente, parece que está trabada y la moza con sus brazos minúsculos no alcanza a desplegar aquel bollo de caños encriptados. El hombre de campo que ha permanecido de pie, le ofrece su ayuda ante la impotencia de la muchacha que finalmente se rinde, no sin antes intentar juntos desplegar la silla. Ambos hacen fuerza con un mismo objetivo. El resto de los hombres observan incrédulos la mecánica de lo movimientos. Cuando la silla comienza a ceder, los caños dejan de ser arrumbados, obsoletos minerales y la forma de la silla va ganando claridad. De pronto un grito se escucha despacio, como queriendo gritar un canto reprimido pero urgido.
-          ¡¡Para, para!! Me agarraste el dedo.
La silla está abierta en el aire, la moza ha quedado de frente al hombre de campo y la silla se interpone entre ellos dos que, hasta recién, cinchaban para el mismo lado. La mujer y su hija virgen se paran y se ponen al costado de la silla. Hay que cerrar la silla para destrabar el dedo, o sea hay que volver a plegar la silla para que aquel pequeño incidente pase a ser una mala anécdota urbana.
-          Pierdo el dedo, pierdo el dedo -grita preocupadísimo el hombre de campo.
Entonces todos los fumadores se agolpan junto al hombre de campo para ayudarlo, ahora son trece personas, trece voluntades dedicadas a la solidaridad más absurda. Yo inmutable. La moza debe sostener la silla en alto, si la bajara, el hombre de campo estaría obligado a ponerse en cuclillas pues su verticalidad ahora tiene a la silla como parte integrante de aquella.
-          Pierdo el dedo, pierdo el dedo -insiste.
El bar Oporto no está lleno, ni mucho menos, pero ahora todos miramos la escena independientemente de nuestro vínculo con el cantante, con el hombre de campo, su mujer, la hija virgen, la moza y la silla. Los fumadores tensan la silla en vez de plegarla, acaso para entorpecer todo aun mas y para refutar aquello de que cuatro ojos ven más que veinte y siete.
-          No, no, así pierdo el dedo –rebuzna el hombre de campo que bastante tenía con la sequía de estos días.
 Entonces los fumadores comprenden que la mecánica necesaria es la inversa, ahora pliegan la silla y al fin el dedo queda liberado de entre los caños, no del dolor. La moza no sabe cómo pedir perdón, el hombre de campo repite por si no lo hubiéramos escuchado que él creía perder el dedo. La moza apoya la silla en la vereda, él sujeta la mano con su otra mano mientras el dedo amorcillado cuelga del aire.
El show esta continuando,  el hombre de campo se dedica (con un dejo irritado en su rostro) a comer la pizza de mozzarela, mientras nuestra amiga relata sus desventuras con la natación.