2 ago 2011

Salon 111 o las viejas de sesenta


Por Nacho Fittipaldi
Por esas cosas de la vida hoy, 2-08-11, volví al Ministerio de Seguridad pero en representación de mi otro trabajo, el de educación. Con motivo de una reunión interministerial, llegué hasta allí con la sensacion de conocer cada recoveco de aquel aciago edificio. ¿Esta demás aclarar que yo iba sólo a escuchar? Por las dudas aclaro, yo iba sólo a escuchar. La reunión estaba pautada para unas impuntuales 14 Hs.
En la sala de reuniones, ese lugar que yo conocía de ver sentados allí a la azulísima cúpula policial, decidiendo en general cuestiones que afectaban a gran cantidad de personas sin que se resolvieran los problemas de nadie, ahora esa misma sala estaba completa de mujeres que en general pisaban mas los cincuenta o sesenta años, que los cuarenta que aun estoy lejos de alcanzar.
Me presenté junto a mi compañero Pablo y tomamos asiento en las mismas sillas que años atrás. Seguíamos esperando que aquel “Salón 111” como se lo llama, se completara con los otros miembros de la comisión que aún se desconocen entre sí. Hola. Hola que tal. Mi nombre es Ignacio. El mío Silvia. Yo me llamo Pablo. El mío Turquesa. Yo soy de Desarrollo Social. Hola. Hola que tal. Por esas cosas de la vida yo quedo de espaldas a la puerta de ingreso, mi compañero algo más cerca, junto a él una muchacha  que quizás se llame Cristal, queda exactamente a un metro de la doble puerta de acceso al Salón 111. Mientras la reunión se iniciaba por un camino de presentaciones formales yo veía por el rabillo de mi ojo, llegar a un hombre con mucha dificultad al caminar. Digamos que parecía más un discapacitado que un hombre con capacidades diferentes. Morocho él, llega acompañado de un muchachin que lo ayuda a abrir la puerta y a dar el primer paso para quedar adentro del Salón 111, veo que lo abandona allí mismo, nada ha sucedido de extraño y Silvia, que dirige la reunión, continua protocolarmente hasta que el morocho se desploma en lo que debería haber sido el segundo paso dentro del salón 111; en un segundo se fue a pique (pique corto por lo demás porque el hombre es bajito) como si el pastel de papas que tal vez ha almorzado se le hubiera transformado en cien kilos de cemento, todos depositados en sus piernas. Se cae redondo al piso y yo no atino a nada como ya es costumbre en mí, ante cualquier emergencia. Mi principio sería: Ante todo, abstenerse. Alguien grita, “No lo toquen, no lo toquen”, como si el pobre hombre fuera epiléptico y no discapacitado motriz. Yo aprovecho un poco la confusión y me alejo del caído  ya que mi compañero, la mujer que estaba junto a él y un gordito pipón que se apeó de la silla, están junto al morochazo, están recogiendo al hombre del suelo que ninguna energía tiene en el tren inferior. El hombre llega a decir, “Qué manera de empezar eh, cómo me presenté, la pucha”. Nadie ríe. Ha sido triste la caída y nos ha puesto a todos al desnudo, yo permanezco de pie como para que quede claro que mi vocación de socorro es  linealmente opuesta a mi desenvolvimiento efectivo como socorrista. Como se puede la reunión se reencauza.
Cinco minutos más tarde, cuando yo ya sé que nada aportaré a esa reunión, llega otra vieja del club de los sesenta, somos cuatro hombres y dieciseis mujeres, saluda en voz alta, supongo que es alguien conocida, escoge una silla al azar y de repente el mismo ruido que cinco minutos antes al entrar (por decirlo de algún modo) el morochazo. Brrrrrruuuuuummmmmm, ¡zambomba!, la gorda esta en el piso. Se ha caído de culo aunque su brazo intenta dejarla colgando de la mesa ridículamente, muy lejos de la elegancia de los escaladores que logran sujetar todo su cuerpo al montón de dedos aferrados como una esperanza sensata, en algún pliego extraño de la piedra en la montaña. Ahora hay algo de risas, alguien dice algún comentario perdido, el absurdo ha ganado la sala y todos nos distendemos un poco. La gorda se ha levantado sola y ello muestra que la discapacidad es un gran afluente de lastima.
Diez minutos más tarde entra otra vieja, quedan pocas sillas, alguien le dice, “Ojo que las sillas están flojas eh”, la señora desoye el consejo con una autosuficiencia envidiable y simula que muy interesada sigue el hilo de lo que Silvia está diciendo. Eso es imposible, esta señora ha llegado media hora más tarde que las 14 Hs iniciales y diez minutos más tarde que quien ha tomado la palabra inicial. La señora es alta y da la impresión de ser fumadora, su color de pelo es algo rojizo y además la vieja da la impresión de ser de esas señoras que usan un fósforo y lo guardan quemado dentro de la cajita y que sacan cera de sus orejas con el dedo para luego olérselos con toda la impunidad del mundo. Escoge una silla al azar, azar pequeño dado que quedan sólo tres sillas, continúa en ese intento de simular que escucha atenta y brrrrrruuuuuummmmmm, ¡zambomba!, la vieja presumida está en el piso, alguien le dice, “Te dije, cuidado con las sillas”. Todos ríen, nadie amaga a ayudarla, está muy lejos de mi posición en la mesa, lo cual tan tranquilo me deja, reímos todos, todos sentados, ella en el piso, intenta ponerse de pie, el discapacitado ríe también y por una vez en la vida el Ministerio de Seguridad es el lugar más igualitario del mundo.

7 jul 2011

Tensar la Cuerda

Por Nacho Fittipaldi
Al cabo del cierre de listas la lista de heridos es larga. Los hay de muerte y otros sólo sangran. El Neoperonismo encabezado curiosamente, no por peronistas sino por periodistas (Eduardo Feinmann, Luisito Majul, Joaquín Morales Solá, Julio Blank, Magda Ruiz Guiñazú y Alfredo Leuco, sólo por nombrar algunos) dice que el destrato y el mal pago a ciertos dirigentes del PJ “tradicional” es inaceptable y no tiene parangón. Es curioso que ellos estén tan preocupados por las prácticas metodológicas de un partido al que no están afiliados y al que en verdad aborrecen.
De este lado del rio, cabe decir que algunas cuestiones mencionadas por el Neoperonismo generan entusiasmos y algo de preocupación. Empecemos por lo segundo.
Riesgos. Tal cual lo sucedido durante la discusión de la Resolución 125, la manera en que se confeccionaron las listas como el dispositivo por el que los interesados se enteraron que estaban afuera (y afuera es, afuera de todo o en un lugar de la lista poco convincente, según la representación de sí mismo que cada dirigente tenga sobre sí, Julio Piumato por ejemplo no aceptó el lugar que le habían asignado) genera cierto alineamiento hijo de la tirria, entre actores políticos que no necesariamente están alineados y que el cierre de listas podría aglutinar. En 2008 fueron la Sociedad Rural, CRA, Federación Agraria y CONINAGRO conformando la Mesa de Enlace, hoy podrían ser los heridos de la CGT y otros dirigentes “tradicionales” del PJ que pululan amenazantes y refunfuñando como Goc y Mc Goc, aquellos enanos gruñones de Marechal en El Banquete de Severo Arcánjelo, jugando a ver quién llora mas. La coyuntura no es la misma, pero hay una lógica que esta presente ayer y hoy.
De aceptar ese hipotético escenario, o alguno semejante, la pregunta que cabría hacerse es si Cristina y Zannini son lo suficientemente torpes como para dejar tanta gente de garpe y, en tal caso, si era necesaria la confrontación. La respuesta podría ser: depende de lo que se quisiera hacer a partir del 11de diciembre de 2011. Esta respuesta abre la segunda cuestión, la del optimismo.
Me rindo ante el dialogo que extraigo de la novela de Jorge Asís, Los Reventados (1974). Este diálogo ocurre en Ezeiza el día que Perón vuelve a la Argentina:
-          ¿Así que hay tiros por el lado del palco? -preguntó Cristóbal.
-          Dicen que sí -Rocamora.
-          ¿Quiénes son?
-          Entre ellos -Rocamora-, los giles que se pelean por la Patria Peronista o por la Patria Socialista. Una discusión de putas, hay que dejarlos, con el que gane me prendo.
Este diálogo ordena hacia adentro de este gran movimiento que es el peronismo dentro del cual el kirchnerismo es una expresión (inicialmente) coyuntural de alcances insospechados y que justamente por ello, y no pese a ello, toma cautela sobre una regla de oro del peronismo: la dirigencia va con el que más probabilidades tiene de ganar y no necesariamente con el que mejor lo representa ideológicamente. Cristina parece haber confeccionado las listas teniendo en cuenta lo segundo más que lo primero. ¿Quién podría cuestionarla por ello? 
Optimismo. Sí hay razones para ilusionarse ellas provienen de creer que este modelo debe ser profundizado y que con un sentido estratégico estas listas han sido pensadas en tal sentido. Uno supone que ha habido un punteo, nombre por nombre, de qué diputados y senadores entrarían y cuales se están yendo bajo el gran paraguas de una rotunda victoria el 23 de octubre próximo. Una suma y resta de cómo quedaría conformado el Congreso de la Nación y cómo se alcanzaría el número para el quórum propio en ambas cámaras. Si ello es así, no es sólo porque Cristina no quiere repetir episodios como el que protagonizaron Carlos Kunkel y Felipe Solá, y no tanto por el vocabulario soez de Kunkel si no por lo que su insulto venia a desnudar: la traición. Traición y travestismo que al gobierno nacional lo ha castigado particularmente y con la precisión de la alevosía. Tensar la cuerda en este punto implica asumir el costo del paso dado. Tensar la cuerda es ubicar a cada uno en su lugar porque, una cosa son los aliados y otra cosa es la tropa propia. Quizás por eso va Mariotto a la Pcia. de Bs.As., por eso el petiso Ottavis y también Santiago Carreras. Ellos funcionarían como el reaseguro del kirchnerismo puro en el equilibrio inestable de la siempre pendular legislatura bonaerense. Colaboraran en la búsqueda del tan mentado trasvasamiento generacional. Todo esto implica otro gran riesgo en sí mismo. De un lado, la posibilidad de quemar las naves antes de tiempo; del otro, que se obture el proceso de incorporación, conformación y consolidación política de cuadros. Incluyo en el análisis la llegada de La Cámpora al Congreso de la Nación. El desafío es corroborar qué tanto puede articular esa juventud, no tan joven, en relación a la enorme expectativa generada. No obstante lo cual, el optimismo es alto.
Si en algo han sido grandes Néstor y Cristina ha sido en marcar el trazo grueso, esa la línea de costura por donde la política terminó, luego de 2001,  abrevando nuevamente en el pueblo. Si algo debemos asumir es que lo que queda por hacer para profundizar el modelo se va a hacer si, en ese tensar la cuerda, todos los actores políticos de fuste que han acompañado hasta aquí, deciden seguir haciéndolo en el lugar y desde el lugar que Cristina les ha asignado. Dentro o fuera de las listas. Esa disposición de fichas es riesgosa e implica asumir un costo que sólo es compensable si, como hasta ahora, Cristina decide gobernar para el pueblo, comunicándose directamente con él sin intermediarios y dándole vigencia diaria a ese sentimiento que sólo ella genera y que va de la admiración a la devoción, del llanto más sentido al afecto más cotidiano.

17 jun 2011

Planes que se van cayendo (Goya)

Por Nacho Fittipaldi
Fin de semana largo. Todo arrancó con la idea, ya vieja idea, de ir a Goya (Pcia. de Corrientes; lo aclaro Lucre porque no sé si todos saben dónde está tu pueblo) a pasar un fin de semana largo con Bruno y Lucre, en busca de Surubíes desmesurados, Dorados amarillentos y mates junto al río-charlado. Mili Barbieri me tantea para que vayamos con Pao rumbo a Maipú (Pcia. de BsAs; lo aclaro Gerva porque no sé si todos saben dónde está tu pueblo) yo le digo que no porque vamos a Goya. Mi primo Diego se encuentra en calle 6 y 48 con Pao, así yo me entero que él está trabajando en ARBA y Pao que el Lunes al medio día nos juntábamos a comer el cochinillo que yo tengo en el freezer. El Plan-Goya se cae por una muy mala noticia (ojala que todo salga bien Bruno). Pao le dice a Diego que nosotros no podemos porque el sábado a la noche nos vamos a Maipú, aceptamos la Propuesta Barbieri, toca Aristimuño y vamos a eso y a bancar a nuestro amigo que va como candidato a intendente y a su mujer que se caga de angustia en el pago que quizás le toque gobernar a su hombre. ¿Mili sería la Esther Goris de Bozzano? El Domingo nos vamos a Tandil a pasar el día del Padre con el Padre de Pao: Alfonso Cano, radical. Él dice que no va a votar a Ricardito porque se pasó de paja con el arreglo al que llegó con De Narváez, anti-kirchnerista y todo como es, va a votar a Cristina. Yo le digo “votá a Binner, Alfonso” (así dispersan los votos) y él me dice que va a votar a CFK, lo mismo le da y agrega que éste fin de semana, el día del padre, se van de viaje a Merlo y de ahí, en una conexión extrañísima, a Termas de Río Hondo. En el medio Ana Manzo me propone que nos vayamos a Merlo este fin de semana, hay unas cabañas hermosas en un pueblito llamado Carpintería y estaría bueno que vayamos con Pao, yo lo rechazo. Le pregunto a Alfonso si hay rutas para hacer ese recorrido extrañísimo y novedoso, él vuelve con lo de Ricardito (al que podríamos apodar Pucherito Alfonsín, esta siempre llorisqueando y dando lástima, es un león de la política que se alimenta a puchero) está dolido el hombre, y  que no van a estar para el día del padre, yo pienso: “por qué no se van a la puta que los re-parió, radicales de mierda.” Se cayó Goya, se cae Tandil. Entonces el sábado al medio día, después del bautismo de mi sobrina, nos subimos al auto y nos vamos a Maipú, el domingo volvemos a La Plata y el Lunes hacemos el cochinillo en la casa de un amigo que no va a votar a Vicky Donda, pero se le iría al cuello como cancho pa´el maizal. Mi amigo está a favor de la minería a cielo abierto y muy en contra de la explosión a cielo abierto de los volcanes Puyehues. La culpa es de Gioja.  El candidato a intendente de Maipú, me escribe ayer y me pregunta si nosotros iríamos igual aunque Aristimuño no fuera a tocar, tiene anginas. Sé que está probando mi amistad, yo lo consulto con Pao y decido defraudarlo. Mi amistad es endeble. Preferimos que Mili y Gerva tengan un buen fin de semana a solas, excepto que Martín esté con ellos, otra vez, ya sin saber a ciencia cierta si Maipú es La Plata o si Belén es Maipú, todo lo cual es altamente probable en él. Se cayó Maipú. Queda sólo el Plan Cochinillo, el horno de barro, mis primos, sus mujeres y mi hermano sin mujer, Pao y yo, un sinfín de propuestas a concretar en el futuro urgente que me ronda…

8 jun 2011

Labores incordiosas

Por Nacho Fittipaldi
Hay trabajos y trabajos. Para quien lo ejerce, todo trabajo es odioso. Sin embargo, aquel que asume que su trabajo es odioso, podrá ver que hay otros muy peores al propio. Quien trabaja en una panadería protesta porque los feriados caen siempre los días lunes, pero será sensato al evaluar que peor que eso es trabajar en un camión atmosférico o ser controlador aéreo. Los ejemplos abundan: guardia de seguridad privada en Irak, lavador de vajilla de un restaurante de 500 cubiertos (o sea 500 platos, 500 cuchillos, 500 tenedores, 500 cucharas, 500 copas), masturbador de ganado, operador de manejo de desechos médicos, operador de motosierras en el Chaco, buzo de la Policía Federal en la División Bomberos de La Boca, minero en Chile y los ejemplos podrían alargar esta larga lista.
Trabajar en la fotocopiadora de la facultad de humanidades de la UNLP, es uno de los trabajos más rutinarios que pueda haber y un generador de angustias infinitas. Fabio encuentra un descanso en medio de la jornada ajetreada, son las 15.45 Hs de un miércoles cualquiera y sabe que en quince minutos coincidirán todos los cursos en el recreo de las 16 Hs. Es una horda de jóvenes que estudian compulsivamente, salen a encargar los textos que sus profesores les han exigido para la próxima clase, como si de ello dependiera muchísimo, el destino de la patria. En las universidades argentinas las bibliotecas son poco frecuentadas, aquí trabaja con fotocopias. Es un delito, todos lo saben pero no hay tantas bibliotecas como para atender la demanda de tantos lectores, y peor que eso sería poner el precio de los libros al alcance de los estudiantes. En general encargan textos de Güattari, Deleuze y Derrida o cualquier autor europeo que jamás ha sabido qué carajo es la Argentina pero que aun así, los profesores se empecinan en enseñar obstinadamente. Los estudiantes universitarios finalmente, se gradúan expertos en categorías inapropiadas y temas que no pasan ni de cerca por estas latitudes. De un momento a otro Fabio debe fotocopiar doscientos treinta y tres textos de Güattari, lidiar con la carpeta de la materia que tienen textos en francés, la mayoría de los alumnos no lee francés pero los profesores obligan a que fotocopien de igual modo esos textos, aunque jamás los lean. Las fotocopiadoras van levantando temperatura a medida que las hojas se acumulan, como si los aparatos detectaran la maniobra delictiva y la expresaran en ese agregar grados centígrados al pequeño espacio en donde cinco personas atienden las demandas de estos futuros profesionales de la abstracción. En cuestión de minutos la fotocopiadora de humanidades se convierte en un inmejorable sitio para poner a levar una masa para pizza, el calor es agobiante. Alguien le ofrece un mate amargo, él no está familiarizado con ese sabor astringente y con esa costumbre poco higiénica, no ha aprendido a decir que no, Fabio acepta el mate que le ha ofrecido la muchacha de la chalina y el morral, mientras sigue haciendo copias ilegales. Se siente un delincuente pero sigue mecánicamente, una vez que la fotocopiadora se ha puesto en marcha nadie puede detenerla, este país no se compara con nada piensa Fabio, que debe juntar algo de dinero para viajar por las otras provincias que, le han anticipado, son tan maravillosas.  
Fabio trabaja extrañado, piensa que es muy raro que en todas las carreras de la facultad de humanidades no haya textos de Perón, se sorprende. ¿Acaso  no ha sido el personaje que ha transformado la historia de la argentina durante el siglo XX, no ha escrito una veintena de libros sobre filosofía y ciencia política? Fabio es español y en los siete meses de estadía que lleva en este país, ha comprendido ese tipo de cosas. De inmediato se fuga en otro pensamiento, se alivia de saber que este trabajo es sólo pasajero y que su destino es viajar, pero hay algo que lo inquieta, la fotocopiadora dicta el pulso de su reflexión, sigue, una voz desde la  multitud le encarga un texto de Jürgen Habermas, y él piensa en cuántos llamados recibirá por día el presidente de los EE.UU. Hoy ha muerto un operario de ferrocarriles en Seattle y es noticia en todo el mundo.

22 may 2011

La juventud que pisa el parquet


Yo he de volver como el día
para que el amor no muera
con Perón en mi bandera
con el pueblo en mi alegría.
¿Qué pasó en la tierra mía
desgarrada de aflicciones?
¿Por qué están las ilusiones
quebradas de mis hermanos?
Cuando se junten sus manos
volveré y seré millones. (Eva Peron)







Por Nacho Fittipaldi
Desde atrás del escenario las cosas se ven distintas, de entre los paneles que separan el escenario del público y las estructuras metálicas que sostienen casi todo lo colgante, los ojos de los militantes brillan más que cuando se está del otro lado junto a ellos. El micro estadio de Ferro esta atestado de compañeros, este estadio que ha sufrido la debacle del club probablemente no se llene así más que una vez al año. Permanecen inalteradas las impecables instalaciones, el piso de parquet de la cancha de básquet donde se realiza el acto engalana el lanzamiento de la Corriente Nacional Peronista, a la vez que ese estilo de piso remite, por razones obvias, al peronismo del ´40.
Desde aquí las banderas se ven distintas, están de frente, abiertas. Ese flamear compulsivo de trapos tiritantes de la JP Descamisados da ganas de avisarle a quienes las flamean, de decirle, “hermano aflojale un rato a la bandera porque te vas a esguinzar la muñeca”. La potencia de la juventud es misterio pero no trampa, estan criados con la idea de memoria, reconstruida. Así, las juventudes y las murgas vienen poblando los actos, las marchas, los encuentros, con demandas y protestas que también enarbolan los dirigentes que desde el escenario orientan los discursos hacia ellos, esta empatía es novedosa. En Ferro se podían ver las banderas de los compañeros de Jujuy, San Juan o Misiones, un trapo cualquiera dice “Con la Patria al Hombro,” no es diferente a lo que el género murguero (oriundo de Cádiz pero mixturado con música negra) reclama desde sus inicios: libertad. Mientras se proclama (o se festeja) con la patria al hombro, los compañeros que ahora pisan el parquet, parábola que emula y remite a la recuperación de derechos igualitarios, no lo usan para el fuego del asado señora, lo pisan sí, lo ensucian, saltan sobre el pero no lo prenden fuego, como reza la anécdota simia. Los procesos sociales se han complejizado, sabe; son cada vez más densos y consistentes. Mientras el acto avanza se observa que lo que los discursos expresan, está emparentado ideológicamente con las convicciones enunciadas en las banderas que no han cesado de mecerse en toda la tarde, o en la decena de canciones que se entonan sistemáticamente, como si las cuerdas vocales no reconocieran límites aparentes y como si no hubiera margen para el chamuyo entre militancia y dirigencia. Entonces la letra que se entona dice que a pesar de las bombas, de los fusilamientos, los compañeros muertos, los desaparecidos, no nos han vencido. ¿Entienden eso los necios, tomaron nota? Las canciones cargadas de simbologías y de potentes figuras retoricas son utilizadas por compañeros de 16, 24, 45 o 64 años, indistintamente. En los trapos de los pibes, en los cantitos, en ese pisar el parquet esta la política de la unidad popular. En la dirigencia política la vocación de cambiar lo que aun no se ha hecho y reafirmar lo conquistado, en la murga La Gloriosa de Boedo o en los dibujos de Miguel Rep la expresión artística de ello. En la juventud que colmó Ferro el reaseguro de que el kirchnerismo es síntesis, la convicción de que lo que sucedió un 20 de mayo de 2011 es un punto de quiebre histórico, porque en un país en donde Hebe de Bonafini comparte la mesa central de invitados con la Ministra de Seguridad de la Nación, qué puede decirse luego de la potencia de semejante reencuentro simbólico.  Desde hace un tiempo a esta parte que no se ve tal confluencia de espacios, tanta sintonía y coherencia ideológica.
Pibes gritando con la mano en “ve” por la reelección de un proyecto que reasegure la profundización de un modelo que devolvió la vida política a un país que, primero había resuelto el desendeudamiento, al tiempo que juzgaba y encarcelaba a los genocidas dictadores. Luego de ello, esa misma noche, escucharon en voz bien alta la frase más reflexiva de Hebe en los últimos tiempos. Primero no dudo en decir que la política no era más esa concepción que sus hijos desaparecidos habían tenido, ya no las armas, ahora la revolución se hace de la manera en la que Néstor y Cristina nos mostraron en los últimos ocho años, “la revolución es lo que ustedes están viviendo.” Pero como si los aplausos y la efervescencia de los militantes significaran radicalización de declaraciones, Hebe avanza una vez más hacia un camino de grandeza de donde difícilmente regrese, no volverá, y suelta su ancha lengua mientras las arrugas le surcan la vida y le entibian el añejado pañuelo blanco, rostro sufrido de expoliaciones macabras, se sincera al fin y rompe corazones, “Las madres preferimos ver a un pibe feliz, con educación, con salud, con la asignación universal, bien alimentado, que ver a un milico preso”  Entonces el silencio invade sólo nuestras almas mientras que el estadio se cae en aplausos y a un costado una piba  de unos 22 años deja caer esa lagrima que venía conteniendo inútilmente. Es más sensata que este cronista que se contiene vanamente, sin saber qué merito persigue. Metros más allá también se encuentra llorando dese hace cinco minutos una vieja de 70 años; todos los pibes estallan en gritos de aliento, aplauden rabiosos como si pudieran con eso abrazar a las Madres de Plaza de Mayo y devolverle lo que los milicos les han sisado.  
La noche cayó terca sobre Caballito, Ferro ha sido un ejemplo de unidad popular de cara al futuro político. Usar carbón o leña para hacer asado, parece ser todo el aprendizaje histórico que otros nos endilgarán. Esos mismos parecen no comprender de qué va la cosa, nuestra juventud camina el parquet con plena conciencia del proceso sociopolítico del que son protagonistas mientras desde una grada perdida, allá arriba en lo alto cerquita de Néstor, el Rey Momo guiña un ojo y cobija ahora a la murga que se va.


















16 abr 2011

Crónica de un día agitado con Hernan Brienza





Por Nacho Fittipaldi
Esta historia es la historia de un tipo enorme, ancho, muy alto, debe medir como un metro ochenta y cinco u ochenta y ocho, parece ser poca altura para distribuir los ciento treinta kilos que ostenta. Pese a ello el tipo no se mueve con parsimonia ni lentitud sino que impone un ritmo que su vida le dicta; sin margen aparente para otra cosa. Hernán Brienza se levanta 05 AM todos los días, hace su programa de radio en Radio América, termina su programa, sale para Radio Nacionl para hacer su columna con Héctor Larrea, levanta las llamadas y los mil mensajes de texto que le han ido dejando durante la jornada <<Estoy hasta las manos>> dirá cada vez que algo que había asumido como realizable pasa al campo de lo suspendible. Es convocado por la producción de 6-7-8, por Tristán Bauer para filmar una película sobre Manuel Dorrego, él ha escrito El Loco Dorrego, libro muy comentado por Chávez y Cristina en Twitter, y por nosotros para que de una charla en Ayacucho el 15 de abril por la noche y en un mínimo pueblo llamado Labardén (Partido de Gral. Guido) el sábado a la tarde. Labardén es tan chico que me da miedo que Hernán no entre, que toda su inmensidad no quepa allí. Es enorme. Va y viene con una camisa verde agua que alguien dejo de usar en los ochenta, sus pantalones son más anchos arriba, a la altura de la cadera, que sus propios hombros, es un triángulo invertido fatídicamente. El tipo habla como si no trabajara de eso, es enorme y tan inteligente. Pensándolo, creo que es muy inteligente pero empiezo a sospechar que lo que me impacta   de la inteligencia humana es esa veta de la inteligencia que es lucidez y la originalidad de pensamiento.
Habíamos acordado que yo pasaba por su departamento de villa crespo a las 15 horas. La charla estaba pautada a las 19.30 Hs con lo cual imaginaba un viaje tranquilo por la ruta 29, tomando mate escuchando buena música, un Cd de Bruno Arias que siempre me acompaña, con un sol que apenas si calentaba la chapa negra del auto. Fiel  a mis miedos, 14.30 Hs yo estaba debajo del departamento con una ansiedad que partía mi cerebro en mil partes de arroz. Estacioné el C3 y me puse escuchar a Tenembaum para corroborar con qué sandez se despachaba hoy. Apagué el auto y escucharlo solamente me causó gracia; ¿cómo llegaron Bonelli y   Tenembaum a hacer radio si son dicciones que complejizan la comprensión del habla? Por alguna razón olvidada intenté encender el auto pero fallé; intento otra vez y fracaso nuevamente. Con el pulso cardíaco algo acelerado busco razones para explicar la imperfección mecánica. El auto no arranca pero tiene batería, Tenembaum sigue allí. Son 14.55 Hs. Realizado el correspondiente llamado de asistencia técnica, aparece él, trajinando la avenida Dorrego, es curioso que viva en una calle que llevaba el nombre de un personaje sobre el que ha escrito. ¿Qué pasó Nacho, esto a los radicales no les pasa? Me dice alegre, sonriendo, como si ya estuviéramos en Ayacucho y no tuviéramos tres horas de viaje por delante o que acabamos de abortar si el auto no enciende. <<Che yo tengo una reunión ahora, voy y vengo, ¿me esperas?>> Son las 15.15 Hs y parece que ha olvidado todo lo arreglado. <<Y dale boludo a dónde voy a ir si no me puedo mover>> Según dice, la reunión es muy cerca de allí y que es un toque, lo ha llamado un funcionario de primera linea nacional y es urgente.  Es una consulta. <<Apurate y preguntale si va a ser el vice de Cristina>> digo yo tratando de que mi pavor no se vea en mis ojos. Brienza aparece a las 16.30 Hs y efectivamente yo estoy al borde de tener un ACV, pienso que es un hijo de puta o que nada le calienta o que Ayacucho ha sido movido del planeta tierra como consecuencia del Tsunami en Japón y ahora queda acá no mas, del otro lado  de la General Paz y no en el culo del mundo, estamos en Córdoba al 5000.
<<Se te murió la batería, pibe>> dice el del servicio mecánico que se ha tomado su tiempo para llegar hasta allí. ¿Estará entongado con Brienza, será mecánico o será el tipo con el que se reunió recién disfrazado de mecánico? Hay que tirarla –agrega displicente- como si el auto pudiera funcionar sin ella. Ponele otra -digo yo siguiéndolo, como si todos tuviéran una batería nueva en el baúl de una Fiorino-. El tipo acepta de buena gana, la coloca en cinco minutos, y en seis me cobra 550$  y salimos a los santos pedos para Ayacucho. Son las 17 Hs cuando finalmente podemos subir a la autopista. A las 18.15 Brienza me dice en plena ruta 29 <<Que linda que es La Pampa>>,  media hora más tarde la chomba color durazno que lleva puesta luce manchones verdosos del mate que se ha derramado sobre sí. Detengo el auto y ambos notamos la diferencia de temperatura, estamos en mangas cortas y él descubre que el frio lo va tratar con crueldad al llegar. Vemos que allí mismo hay un monolito en conmemoración de un pibe de 22 años que se mató ahi al ser embestido por un auto, era ciclista y el monolito es un pedazo de pared alta con la parte delantera de la bicicleta incrustada sobre ella, incluida la rueda. Hernán y yo meamos contra un bosquecito de álamos y ambos pensamos: pobre pibe...
A las 20 Hs estamos en Ayacucho, la charla avanza, Hernán sostiene que Dorrego es el primer dirigente politico que inscribe en la historia de las ideas politicas argentina la noción del campo nacional y popular. Todo bien con Dorrego; sale todo mejor de lo pensado, el mérito es muy de él. Luego la cena, su celular sigue sonando, a las 23 Hs me anuncia que está muerto de sueño, tiene ojeras y está muerto de sueño; a las 23.55 Hs suena su celular y él dice <<Tengo una entrevista con Radio Universidad, permiso>> Sale del restaurante y el frio exterior lo recibe con esa crueldad y la vacua soledad de los pueblos nocturnos. Afuera, él habla por teléfono sobre el Perón que volvió en los ´70, afirma que ese era el mas juicioso y lúcido (polémico) Cuando regresa a la mesa seguimos esa conversación que él ha iniciado por teléfono. La noche lo embiste, avanza y nos vamos a dormir porque a la mañana siguiente debe escribir la columna para el diario Tiempo Argentino.
Todo el frio de ayer se ha ido a algún lugar complejo, ese mismo  donde quizás esta la muerte del ciclista; hoy el sol ha salido pleno y se ha llevado lo de ayer. Un asadito nos espera y según nos han dicho Labardén no está precisamente a la vuelta de la esquina.

6 abr 2011

Incidentes en el estadio Juan Domingo Perón


Por Nacho Fittipaldi

El domingo 3 de abril de 1997 el oficial de policía Darío Estesbarato realizaba tareas adicionales en el estadio Juan Domingo Perón donde el Racing Club de Avellaneda hacia las veces de local. Era tarde tranquila pero la cosa se iba a empiojar.
A los 43 minutos del segundo tiempo Racing perdía tres a dos; curiosamente el equipo visitante había arrancado perdiendo ese partido, y al término del primer tiempo se encontraba perdiendo dos a cero. El Mariscal Perfumo decía que el peor resultado para un equipo era ir ganando dos a uno; y tenía razón. Lo peor estaba por venir. Ese domingo la cancha de Racing rebalsaba de gente, nosotros habíamos ido con la barra del barrio un par de horas antes, almorzamos en la pizzería de Antonio, tomamos un par de cervezas y el Canuto se comió un flan con crema que lo tuvo a mal traer toda la jornada. Nosotros éramos pibes y ya nuestros viejos nos llevaban a morfar pizza a lo del Tony y de ahí a la cancha de Racing, desde chicos repetíamos esa rutina, después las entradas se fueron a la mierda y empezamos a ir de manera más esporádica;  ahora marchábamos segundos en el torneo y la visita no estaba realizando un gran torneo pero de sumar los puntos finales que restaban hasta la terminación del mismo, podría clasificar a la Copa Libertadores de América que, por aquel entonces, no llevaba (aún) ningún nombre de empresa privada.
Darío Estesbarato estaba juntado (o como diría el Tony) amontonado  con Silvia Petrufini, ella tenía dos nenas de un matrimonio anterior y en cambio no tenía ninguno con   Estesbarato, quien había quedado estéril luego de un crudo enfrentamiento con la barra de Chacarita. Allí había recibido la patada de un caballo del cuerpo de caballería de la policía bonaerense en el medio de los huevos, mientras las piedras de los de Chaca llovían sobre los azules como hielos sobre melones plantados; inmóviles e indefensos.
Mientras Racing iba ganando la cosa pintaba con el folclore típico de los ganadores, cantitos, bombos, de vez en vez un toqueteo propio de otros equipos con tradición de eso y no como nosotros que tenemos historia de partidos imposibles de perder, perdidos de una manera imprecisa e imperdible. Racing difícilmente da vuelta un partido que va perdiendo tres a cero, en cambio es muy posible que nos den vuelta a nosotros ese mismo resultado parcial; incluso tanteadores más abultados. También es cierto que, esto hay que decirlo, los referís nunca suelen ser favorables con La Acade, como lo son con Boquita o con los Millonarios, en general nos pasan para el cuarto, y cuando no lo hacen los referís (o los líneas)  lo hacen los jugadores nuestros que suelen ser malísimos. Esta vez era el árbitro y los jugadores del otro equipo quienes nos estaban dando un soberano pesto, similar al que le diera La Juve a River en aquella inolvidable final del mundo en Tokio de 1996. Por alguna razón cuando íbamos dos cero arriba, el toqueteo no fue eficaz y las pelotas nuestras que hasta ese momento habían entrado o pegaban en el poste o requerían una atajada infernal del arquero, ahora empezaban a irse más cerca del palito del córner que de los tres postes del arco. Los laterales que hasta ese momento iban y venían dejaban de volver y parecían quedarse conversando con el lateral contrario hasta que este decidía proyectarse y dañarnos, nos empezaron a comer las espaldas y los pequeños crack que nos habían hecho delirar de ilusiones  y quedar sin adjetivos en el primer tiempo pasaban repentinamente a ser los mayores hijos de puta de la historia del club. Y la puteada sin chiflido es como una molleja sin limón, una carencia de la cultura popular, el insulto de la cancha además de agresivo suele ser original y largo; y las puteadas empezaron a derramarse sobre el primer equipo de Racing que ya estaba dos uno; el empate no tardaría en llegar. El Colo que estaba al lado mío y que era un desubicado total, como buen carnicero que era, empezó puteando al cuatro nuestro, siguió con la hermana y más tarde la remato puteando al hijo del defensor sin ningún tipo de clemencia ni misericordia; en un momento de sinceridad con la moral misma de la sociedad y algo de agotamiento le dije, << ¿Che Colo te parece meterte con el hijo del lateral, tiene cuatro años, qué culpa tiene el hijo de que el padre sea un hijo de re mil puta?>>. También es cierto que el Colo tenía en comparación con Chicho un merito enorme; el Colo era un tipo muy coherente y puteaba todo el partido, todos los partidos. Del lado de adentro del campo de juego se encontraba trabajando el oficial Dario Estesbarato, dirigió una mirada sobre el Colo, estaba agotado de escucharlo putear segundo tras segundo, todo el primer tiempo, todo el segundo y decir las guasadas más aberrantes que se podían escuchar; y hay que impresionar a un cana con puteadas eh. Tengo esa imagen guardada en mi cabeza como un recuerdo desagradable, como un gusto amargo queda debajo de la lengua. El vigilante lo mira, se acomoda la gorra, mete un poco la barriga para adentro y dice, <<Che pibe, por qué no cerras el hoyo en vez de ser tan boludo de putear a un jugador de tu propio equipo>>. El Colo se quedó helado, no podíamos creer lo que no s acababa de pasar, nosotros llevábamos años yendo a la cancha y nos habíamos cagado a piedrazos mil veces con la yuta y ellos como siempre nos habían metido palo y algún balazo de goma también nos había pasado cerca. Pero esto era más que todo, era absurdo, básicamente absurdo. Entonces vino el empate de ellos producto de la expulsión de nuestro arquero luego de haberle pegado una patada al delantero que intentaba dejarlo tirado en el suelo como consecuencia de una mortal gambeta. Y ahí la cosa ya tomó otro color. La gente estaba muy nerviosa, las familias empezaron a retirarse faltando veinte minutos para terminar el encuentro, los cachos de ladrillos empezaron a volar y hasta pudimos ver a la familia de Guillermo Andino arrojar una butaca de la platea que cayó al lado del banco de suplente visitante. El referí paro el partido, tomo el balón, se lo llevó debajo de las axila, como hacía el Ñoño cuando le mostraba al Chavo quién era el dueño de la pelota, hizo señas a la parcialidad racinguista como diciendo que si tiraban un solo objeto más al campo de juego, el partido se suspendía. La respuesta fue inmediata. Un grupo de hinchas que venían de afuera de la cancha comenzaron a repartir repollos morados entre los más efusivos asistentes, luego de eso ingresaron un par de cajones de verdulería repletos con zapallos anco y de manera muy armónica toda, absolutamente toda la verdura, fue repartida con la mayor ecuanimidad posible, o al menos la posible en ese momento de efervescencia social, y a parar de manera apresurada al campo de juego que para entonces ya parecía un territorio de festividad extraña. El Colo buscó entre los muchachos de la barra alguna verdura para revolearle al referí que ahora expulsaba a nuestro más reconocido goleador, Máximo Fartata, que contaba en su historial con 9 expulsiones en 123 partidos y el inigualable historial de 7 goles en la misma cantidad de encuentros. Fartata era más efectivo en concretar expulsiones que en marcar tantos. Con el dos a dos el cilindro de Avellaneda era un caldero, el Colo ya no tenía ninguna imaginación para articular ningún insulto y ahora mechaba una puteada para el equipo, otro para el referí y dos para el oficial Darío Estesbarato que a esa altura ya había recibido once mil escupitajos, cuatro zapatillazos de distintos pares de zapatillas que curiosamente eran todos números impares, 43, 41, 45 y una pila Eveready doble AA, en la nuca. Cuando el colorado encontró lo que había ido a buscar volvió con los ojos iluminados y el rostro con la frescura del tres cero inicial; ahora perdíamos tres a dos y la nuca del cana estaba regalada para las intenciones que el Colo se traía que, a propósito puteaba para llamar la atención del oficial de la infantería. Cuando el Colo le gritó,<< ¡Tu mujer está cogiendo con un bombero voluntario, gordo cornudo!>>, los siete kilos de costillar ya estaban en la nuca del oficial Estesbarato que ahora se disponía a colocar la escopeta en dirección a la tribuna y disparar las balas de goma que en la cabeza del Colorado fueron como plomo. De puro culo, el Colorado tenía otro costillar entre los brazos que no había llegado a arrojar, lo uso como escudo vacuno y vivió recaliente con La Bonaerense el resto de su vida.